MONTE VI – Crónicas capitalinas: 17 metros

Daniel Feldman

04.12.2015

Intentaremos en esta nueva sección internarnos en diferentes aspectos, tradiciones, peculiaridades, sucesos e incluso ficciones de Montevideo.

 

Como principio tienen las cosas, según el dicho, y tratando de contextualizar, preguntémonos de dónde surge el nombre Montevideo. Básicamente, en mi memoria y ayudado por algunos materiales que consultamos, logramos identificar tres posibles orígenes.

Parecería que todos están de acuerdo en que la parte del nombre que dice "Monte" hace referencia al cerro que se aprecia ni bien ingresar en la bahía, hoy convertido además en una populosa y tradicional barriada, que supo albergar potentes industrias, fundamentalmente frigoríficos.

El problema o las discrepancias surgen cuando intentamos descubrir la etimología de "Video", y no vale hacerse el gracioso y sugerir que algún extraterrestre que sabía del posterior desarrollo tecnológico de la civilización incluyó en el nombre de nuestra capital el proceso de grabación, almacenamiento y procesamiento de secuencias de imágenes. Nada más alejado de la realidad.

Alguna de mis maestras de primaria lograron en ese entonces plasmar en mi registro mental la idea de que un marino que venía en la expedición de Hernando de Magallanes, al divisar el Cerro, habría gritado, en una suerte de portugués antiguo, "Monte vide eu", que significa "yo vi un monte". Ese origen espontáneo habría terminado dando nombre definitivo a nuestra ciudad capital. No está de más anotar que, en portugués, a nuestra ciudad se la llama, efectivamente, Montevideu.

Sin embargo, parecería que este posible origen ha sido descartado por los principales expertos en la materia, ya que la expresión requiere cierta mezcla dialectal no muy simple. Uno de quienes ha sido de los más contundentes argumentadores respecto al origen espontáneo de los nombres de las ciudades fue el franco-argentino Paul Groussac, formado en Toulouse y que por ciertos azares que no vienen al caso en esta nota terminara recalando en nuestra vecina Buenos Aires. Groussac, conocido por poseer un desarrollado sarcasmo, al igual que Borges ocupó hasta su muerte el cargo de director de la Biblioteca Nacional, y, también como el famoso literato, era ciego cuando desempeñó el cargo.

Pues bien: Groussac afirma que "es muy sabido que en los descubrimientos nunca se usó bautizar por el grito del vigía los puntos divisados: Puerto veo, Cabo veo, etc., lo que hubiera convertido la nomenclatura geográfica de las costas americanas en una letanía de monorrimas". "La etimología Monte-veo -agrega - merece juntarse con las no menos populares de Buenos Aires ('¡Qué buenos aires los de esta tierra!') y de Olinda ('¡O linda!', exclamación proferida por el donatario).

Si bien en el proceso fundacional de la ciudad Bruno Mauricio de Zabala siempre hizo referencia al nombre Montevideo, aparentemente no había acuerdo en cuanto a la denominación del cerro.

Pasemos entonces a otra de las teorías, basada en un origen documental: todo habría comenzado con la cita "monte vidi", atribuida al contramaestre Francisco de Albo, integrante de la ya citada expedición de Hernando de Magallanes. "Martes del dicho (mes de enero de 1520) estábamos en derecho del Cabo de Santa María (actual Punta del Este), de allí corre la costa leste (este) oeste i (y) la tierra es arenosa i (y) en derecho del cabo ai (sic) una montaña hecha como un sombrero al cual pusimos nombre Monte Vidi". Aparentemente sería el documento español más antiguo en que se menciona al cerro y se le asigna un nombre, en este caso en latín, que significa "yo vi un monte".

Otra teoría hace referencia al hoy conocido como Cerro de Montevideo, que se habría llamado originalmente Monte de Santo Ovidio -un santo portugués de origen siciliano, que fuera obispo de Braga sobre fines del siglo I-, que luego se habría simplificado en Monte Ovidio y "degenerado" en Montevideo.

Sin embargo, el posible origen del nombre de la ciudad que siempre me atrajo más -confieso que de forma totalmente irracional y sin ningún asidero histórico o documental- fue la que un día trató de demostrarme un compañero de clase allá por quinto año de escuela primaria.

-       ¿Sabés por qué la ciudad se llama Montevideo?, me inquirió con no poca ansiedad y aguardando una respuesta negativa de mí.

-       ¿Por qué? pregunté con curiosidad no exenta de cierta desconfianza y tomando distancia frente a la posibilidad de que se tratara de alguna broma acompañada del consabido golpe.

Fue ahí que mi compañero, munido de papel y lápiz, escribió: MONTE-VI-D-E-O. Me miró, y ante mi gesto que expresaba una gran interrogante, dijo, recalcando las palabras y señalando simultáneamente con el lápiz el texto escrito: MONTE SEXTO DE ESTE A OESTE (teníamos en ese entonces ya un rudimentario conocimiento de los números en latín).

La fascinación fue instantánea, y aún hoy, en mis cincuenta largos, me asombro cuando alguien manifiesta desconocer esa teoría, y, al igual que mi antiguo compañero, tomo papel y lápiz para disponerme a explicar.

Según ella, que mucho tiempo después me enteré que tiene un origen académico, los españoles que llegaban a nuestras costas habrían anotado la situación geográfica en un mapa o portulano (los mapas que hicieron posibles el uso de la brújula), ya que el Cerro de Montevideo es el sexto monte que se ve, navegando de este a oeste el Río de la Plata. Este posible origen ha logrado ubicarse en la historia y en el imaginario, a pesar que no se han hallado pruebas contundentes que la avalen ni se ha identificado con certeza cuáles eran los cinco montes precedentes.

Hoy existe un colegio con el nombre Monte VI, y unas tres décadas atrás supo caminar en el mercado editorial un proyecto dirigido por el fallecido Álvaro Barros-Lemez, también llamado Monte Sexto.

Pues bien, supongamos entonces que, aunque no tenemos certeza sobre el origen del nombre de nuestra ciudad, por lo menos sí existe alguna teoría tras la cual alinearnos.

Dicho lo precedente a manera de introducción, podemos ahora sí ingresar en el tema.

 

¿POR QUÉ HAY CALLES DENOMINADAS 17 METROS?


Me gusta caminar Montevideo. Por supuesto que, imagino que como todo ciudadano, tengo mis lugares preferidos, pero muchas veces me dejo llevar por la ciudad y recorro rincones y recovecos hasta el momento ignorados.

En más de uno de esos deambulares, me he topado con la calle 17 metros, que, por supuesto, no es la misma y no transcurre por toda la urbe.

Hay una por el Paso de la Arena, cerca de otras con definiciones arbóreas: Los Plátanos, Los Nogales, Los Cipreses, Los Robles, Las Rosas.

Otra nace en Camino Lecocq, a una cuadra de Aparicio Saravia y pasa por Camino Edison. Existe una 17 metros en el Asentamiento Maracaná, en las inmediaciones de Ruta 1 Camino Cibils, y según una aplicación de la Intendencia para conocer el origen de los nombres, se trata de una "denominación asignada por los vecinos de la zona, no oficial".

Incluso existe una 2ª de 17 metros, que es paralela a otra 1ª de 17 metros y que termina en una calle denominada 3ª de 16 metros.

Días atrás me topé con la 17 metros que ilustra esta nota, que sigue el trazo de Carlos Quijano y es paralela a Zelmar Michelini y Carlos Viana, y se extiende de Gonzalo Ramírez a José María Roo, en pleno Barrio Sur. Según la aplicación a la que hacíamos referencia, es una "denominación dada en el plano de fraccionamiento. Del antiguo cantón municipal" (SIC).

Siempre me intrigó ese tipo de denominación, que demuestra una impresionante dosis de imaginación para la asignación de nombres a las calles, parecido a esos comercios que se denominan "Dos hermanos", "Tres hermanos" y que sin ningún inconveniente podrían alcanzar el súmmum con "Mi cuñado" (tal vez porque fue el que puso el dinero) y si dejamos volar la imaginación, ¿por qué no "Un tío, una esposa y tres sobrinos"?).

Pero así como me intrigó esa denominación, no me convence la lacónica descripción "denominación dada por los vecinos". ¿Realmente a alguien se le ocurre que los vecinos de un barrio denominen "17 metros" a una calle en la que viven?

Hasta ahora nadie supo decirme con certeza de dónde surge el nombre. Tal vez no consulté a las personas adecuadas.

Una hipótesis de trabajo que me convenció bastante es la que atribuye el nombre al ancho de la calle, que sería de diecisiete metros. Lamentablemente, en mis deambulares por la ciudad no voy munido de la cinta métrica, y además, prefiero continuar con esa interrogante planteada, de forma tal de poder alimentar nuevas leyendas urbanas.

Haciendo un poco de historia, en las primeras épocas de la ciudad, se usaba mucho la vara, una medida de longitud correspondiente a dos codos, tres pies o cuatro palmos. Aquí nos estamos refiriendo a la "vara castellana", que tiene una longitud de 0,8359 metros. El trazado de Montevideo, correspondiente a la Ciudad Vieja, realizado por Domingo Petrarca y Pedro Millán, se hizo con manzanas de 100 varas de lado, a diferencia del primitivo trazado de nuestra vecina Buenos Aires, diseñado con manzanas de 140 varas de lado.

En 1829 se hace el encargo del trazado definitivo a José María Reyes, el que es dibujado en 1836 por Juan Manuel Besnes e Irigoyen, y cuyo primer ensanche del casco colonial corresponde, en líneas generales, al actual barrio Centro

El plano de Reyes toma como eje del trazado "la calle Real que va al Cordón" o "continuación de la calle San Carlos (Sarandí)", es decir, la actual Avenida 18 de Julio.

En este plano, la calle principal tiene 30 varas de ancho (25,08 metros), mientras que las calles longitudinales y transversales son de 20 varas (16,72 metros), con excepción de la calle Uruguay de 25 varas (20,90 metros). El primitivo trazado para las calles de la Ciudad Vieja era de 12 varas (10,03 metros).

De 16,72 a 17 metros la diferencia es de apenas 28 centímetros, y puede ser que al adoptarse el sistema métrico se hiciera más simple redondear y llevar a esa medida el ancho de las calles.

Capaz que en más de un plano aparecía señalado -como supongo que debe corresponder- el ancho de la calle a ser abierta donde antes no existía, y alguien comenzó a llamarla por ese metraje: calle de 17 metros.

¡Vaya uno a saber!

Dejemos entonces el origen en cierta nebulosa que nos permita seguir especulando y, ¿por qué no?, acogiendo nuevas teorías.

 

 

Daniel Feldman
2015-12-04T15:29:00

Daniel Feldman | Periodista