Un Diccionario de las voces utilizadas en el idioma nacional (Primera parte)
Daniel Vidart
18.10.2012
Nota de redacción: Publicaremos en sucesivas entregas el texto completo de la conferencia que, en nombre de la Academia Nacional de Letras, nuestro colaborador y compañero Daniel Vidart, miembro de dicha institución, pronunciara en el Teatro Solís el día 7 de octubre, dedicado a la celebración del Patrimonio Nacional.
Aprovechará este paréntesis para dar término al texto de un libro dedicado al estudio comparativo de la marihuana y la pasta base en el contexto de las sustancias psicotónicas, cuyo título futuro no adelantamos ahora porque el que ya anunciara en estas páginas hace meses, fue utilizado posteriormente por otro autor. Creemos de interés dar a conocer esta contribución intelectual del Académico Daniel Vidart pues hace luces acerca de temas que atañen a la lingüística, a la identidad nacional y a la presencia de voces indígenas en la toponimia del país y el habla de los uruguayos.
Los señores Miembros de Número de la Academia Nacional de Letras a quienes, dejando de lado el término solemne, casi atemorizante, y acriollando el empaque de la etiqueta, prefiero llamar compañeros de trabajo, han decidido que en este escenario emblemático de Montevideo, y en este día, consagrado a la celebración del Patrimonio Nacional, sea yo, un paisano con lecturas, como me autodenomino, el encargado de llevar a cabo dos exigentes tareas.
Ellas son, en primer lugar, la presentación del Diccionario del Español del Uruguay y, como complemento, la historia cultural de las voces indígenas regionales y americanas incorporadas al estuario lingüístico del español rioplatense.
Y me ha tocado hacerlo en un día de evocaciones y memorias como es el dedicado a la defensa e ilustración de nuestro patrimonio que, en la nominación del tema anualmente escogido, en este 2012 está dedicado al habla de nuestro país, una de las insignias culturales, y quizá la más diciente, de la identidad nacional. Y digo habla y no lenguaje porque el lenguaje es una facultad universal de la especie y el habla es el medio propio de un grupo social utilizado para la comunicación oral entre los integrantes del grupo humano que lo representan.
La misión encomendada entraña un desafío fuerte para un antropólogo que, si bien en su disciplina visita con frecuencia las arduas comarcas de la etnolingüística, debe, en esta ocasión, ennoblecer la terminología científica con los altos oficios del buen decir.
A mi juicio, quizá democráticamente ingenuo, si por algo existe la Academia de la Lengua Española con filial en nuestro país es para guardar, interpretar y explicar con palabras a todos accesibles la riqueza literaria que la cultura hispánica ha creado, codificado e incorporado a las transformaciones que experimenta nuestro idioma a medida que la vida social modifica el sistema de comunicación oral , que ,como se verá, difiere en mas de un aspecto de la escrita. Dicho sistema, al que se ha dado en llamar lengua por parte del maestro suizo Fernando de Saussure( Curso de lingüística general. 1945) , está , en parte, ceñido por el corsé de la gramática y, pari passu, condicionado por una serie de elementos que escapan al estricto dominio de esta convencional disciplina en sus distintos niveles: el fonético-fonológico, el léxico-semántico, el sintáctico morfológico - su motor activante- y el pragmático, tal vez el de menos peso normativo pero de mayor importancia social.
La gramática constituye un conjunto de principios, normas, preceptos y reglas que rigen la estructura de una lengua dada. Entre sus distintas orientaciones interesa el enfoque prescriptivo, que impone la adopción de las pautas consagradas por el aquí y ahora y no por un canon inmutable que viene desde el fondo de los tiempos. La lengua es una obediente hija de la cultura. A medida que esta cambia, cambian la estructura y las normas gramaticales. Cuando los puristas exigen el absoluto respeto por las estrictas reglas vigentes en el idioma español, yo me pregunto:¿Cuáles reglas?. ¿Las de los tiempos del Arcipreste de Hita, las de los de Lope de Vega, la de los de Mariano José de Larra, las de los de José Ortega y Gasset, las de los de Gabriel García Márquez? ¿ O las del habla popular del Mercado del Puerto o la de los planchas del Barrio Casabó?
Por su lado, el enfoque descriptivo de la gramática se refiere - sin juzgar, ni imponer- al uso de una lengua tal cual se da en la realidad cotidiana del pueblo, condicionada por lo que los alemanes denominan Zeitgeist, el espíritu del tiempo. Hay otras orientaciones de la gramática, -voz que proviene del griego gramma, letra, y grapho, yo escribo- que ahora no interesa detallar, como son la generacional, la formal y la funcional.
La gramática y la lengua, ese magma social que la engloba y a la vez la trasciende, son impuestas y explicadas por las autoridades del idioma, cuando las hay, pero en la calle, en la fiesta, en el mundo del trabajo, en el transcurrir de los conversaciones diarias, se incorporan palabras de otros idiomas, se inventan nuevas voces, se desestiman algunas de las antiguas o se les concede distinto sentido a las de uso corriente. De tal modo el pueblo, con ese talante repentinista y dicharachero que lo caracteriza, da vida a locuciones y refranes siempre expresivos y a menudo jocosos, y de tal modo va forjando un habla que no tiene en cuenta las estrictas reglas, ni por el lado del léxico ni por el de la sintaxis y demás sectores del correcto decir vigente en la época. Por su lado, los cambios en la sociedad y en la cultura, caras de una misma moneda, requieren nuevas formas de expresión, nuevas palabras, nuevos vocabularios, congruentes con las nacientes visiones del mundo y los nuevos sucesos de la historia. Y de tal modo, a regañadientes, los puristas deben aceptar las nuevas voces e incorporarlas a los diccionarios de la lengua..
. Lo que el pensamiento alto y profundo elabora para ser comprendido por una elite intelectual me remito, por ejemplo, a las escrituras de Góngora o de Jorge Luis Borges - y lo que por su parte el entendimiento popular trata de expresar y hacer inteligible, utilizando otras voces que modifican el significante original y acuñan otra concepción de la literatura, como lo hacían Bartolomé Hidalgo o José María Alonso y Trelles, el Viejo Pancho, constituyen, como los de Magdeburgo, los complementarios hemisferios del habla: el ilustrado y el de la gente del común. Y sin ambos no hay sociedad ni habla posibles, y esto en todos los grupos humanos, pues entre los mal llamados salvajes existen lenguas honoríficas y lenguas de la parla cotidiana. Ese es el caso de los polinesios, entre otras etnias.
No obstante, sean cuales fueren los niveles sociales y las subculturas correspondientes, se piensa con palabras y quien las crea, emite, recibe e interpreta es la sociedad humana toda, a partir de la universalidad del lenguaje, esa capacidad soberana propia del autodenominado Homo sapiens.
Como antes expresara, las tareas principales que voy a llevar a cabo en este día del Patrimonio, al que necesariamente habré de referirme, son, en primer lugar, la presentación del Diccionario del Español del Uruguay, cuyos antecedentes y proceso será preciso explicar con pedagógica pulcritud y, en segundo lugar, ofrecerles una breve semblanza de las voces indígenas que sobreviven en el idioma del pueblo uruguayo. Dicho idioma, el español rioplatense, es trasmitido por la endoculturación, la educación y la enseñanza, los tres interrelacionados eslabones de la formación y comunicación humanas que sustentan el traspaso y el aprendizaje de un legado cultural en evolución perpetua porque, como bien decía Heráclito, no nos bañamos dos veces en el agua del mismo río.
Vamos par partes. Antes de abrir las puertas a un asunto que a todos concierne y hoy nos convoca, como es esta festividad del patrimonio nacional, procuremos asomarnos a la ventana que nos muestra el paisaje por donde aquel transita.
El patrimonio no es una sumatoria de piezas sueltas sino un sistema coherente, cuya definición es a menudo imprecisa y cuya familia de palabras a veces sorprende y siempre instruye. Obligatoriamente me corresponde hacerlo, pues en esta fecha se celebra y se exhibe, se explora su origen, se rememora su pasado, se examina su presente y se intuye su porvenir. Desde hace algunos años estamos etiquetando con alusiones a personas y efemérides lo que antes era materia neutra y dispersa. En consecuencia, esta conmemoración ha sido dedicada al idioma que nos distingue, el español acriollado de nuestro Uruguay.
Como condición previa tengamos en cuenta que el patrimonio es un complejo universo y que la lengua, el habla y el idioma, trinidad inseparable, constituyen partes específicas de ese todo Es menester, pues, que tratemos de hacer luces sobre dichos asuntos.
Como podrá observarse no he mencionado el lenguaje en si, un tipo de comunicación oral - y reitero el término oral, como luego trataré de explicar- que no tiene patria, que desborda las culturas nacionales, que constituye un rasgo propio de la humanidad. El lenguaje de los uruguayos es un puente de ida y vuelta entre lo psíquico y lo somático, un edificio construido por los obreros del organismo y el ingeniero de la mente. No es un lenguaje específico, particular, privativo de una escasa porción de la humanidad rioplatense. Es lenguaje simple y puro, es una compartida característica de los seres humanos que, como opinan algunos especialistas, debe más a lo cultural que a lo somatopsíquico.
El español hablado en estas latitudes maleado, y a veces intensamente, por otras intrusiones lingüísticas, no difiere del idioma de los japoneses o de los aborígenes australianos en cuanto facultad propia de la especie. El lenguaje, lo repito una vez más, constituye un carácter privativo de la humanidad, o así lo creemos, porque la comunicación sonora entre las ballenas o los delfines, por ejemplo, constituye también otro medio de entendimiento mutuo entre seres del reino animal que todavía no hemos descifrado del todo.
Los que difiere son la lengua, el habla y el idioma propios de las naciones, etnias o países nombrados.
Otra herejía propia de mis limitadas facultades pero implacable lógica: yo no incluyo a la escritura en el lenguaje, como se hace comúnmente. Se trata de una diferencia que va más allá de la existente entre la generalidad del lenguaje y la especificidad de las lenguas, entre una facultad compartida y unas disímiles formas orales, fónicas y auditivas de emitirla y captarla, amén de códigos propios para entenderla.
Cuando un alemán, un francés o un inglés nombran a una ventana (voz española que proviene del latín ventus, viento), dichas palabras, distintas entre si, son el resultado de la compartida facultad del lenguaje. Los que cambian son los idiomas, ya que en cada uno de ellos se dice fenster, fenêtre y finestra, términos derivados del latín fenestra, voz de probable origen etrusco. Pero si la designa un inglés, dirá window (del gótico wind, viento). El objeto es el mismo y es también la misma humana facultad del lenguaje la que permite su nominación oral.
Con los ejemplos anteriores ha quedado bien entendido, supongo, que la facultad del lenguaje es un patrimonio propio de nuestro género y especie. Lo que difiere es el habla, que es la palabra en movimiento, y tras ella subyace la lengua, que constituye la estructura formativa, el cuerpo de los respectivos idiomas.
La que voy a exponer a continuación, repito, constituye una opinión que no es de general recibo aunque, a mi juicio, se sustenta, hegelianamente, por si y para si.
La voz lenguaje deriva de lengua, voz latina que nombra al órgano que sirve para hablar y para comer.
En efecto, lengua proviene de la raíz indoeuropea dhingw que el latín arcaico transformó en dingua, voz que a su vez se convierte en lIngua influida por la voz lingere, lamer. A mayor abundamiento advierto que lingula se le decía a la cuchara, lo que no deja de ser significativo. El término lengua, aplicado al órgano bucal que ayuda a comer y hablar a la vez, pasó a designar, por efecto de la metonimia, al sistema estructurante definido por de Saussure y tan mal utilizado en la mayoría de las veces, al confundirlo con habla y con idioma.
Del antepasado vocablo dhingw se originan el zunge alemán, el tongue inglés y, oh cosa extraña, el lingua galés, pero no cabe ahora explicar el por qué.
Un ejercicio semántico preliminar sobre la voz patrimonio, que viene al caso, nos permitirá comprender cómo los significantes originarios cambian de significado. En efecto, el idioma - cualquier idioma- es como una nube en el viento de la historia: lo permanente en él es el cambio; las culturas, al transformarse, exigen denominaciones nuevas para explicar lo nuevo; las cosmovisiones colectivas se modifican según las variables impuestas por las técnicas y las ideas, por los hechos sociales y las voces que los describen, por las invenciones y los sobrevinientes desamparos lexicográficos que, a efectos de reparar la invalidez nominativa, recurren a neologismos para designar a cosas o hechos antes desconocidos y dotar de inteligibilidad a las palabras que los nombran. Dicho ejercicio semántico será emprendido en el próximo capítulo, unido por un cordón umbilical al que acabo de escribir y entrego ya a los lectores.
Daniel Vidart. Antropólogo, docente, investigador, ensayista y poeta.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias