Decadencia y derrumbes de casi todo en Cuba. Jorge Ángel Pérez

21.05.2026

El derrumbe de dos emblemáticas escuelas vinculadas a la cultura cubana —el ISDI y la escuela de Ballet de Prado— expone el deterioro de un país donde incluso los símbolos que durante décadas sirvieron de vitrina al régimen terminan cediendo ante la desidia, el abandono y la ruina.

 

Hoy me decidí, como tantas otras veces, por un título prestado. Esta vez robé el distintivo a Will Cuppy, autor de Decadencia y caída de casi todo el mundo. Si escogí ese título, y no otro, fue porque me parecía mucho más prudente, incluso más preciso. Ninguno de los otros era tan exacto. Ese título, su recuerdo, llegó a mi cabeza en el mismo instante en que se fue la luz eléctrica, en ese momento en el que me nacieron unas ganas enormes de gritar, y me complací.

Yo grité alto, grité altísimo, porque quería desahogarme, porque también precisaba que otros me escucharan muy bien, que me acompañaran. Me complací con ese galillo que, al menos eso creo, no había reconocido antes en mí. Me complací gritando para que me escucharan bien, para que me escucharan muy bien. Y luego, al día siguiente, llegaría otra noticia a través del teléfono, y fue peor aún, todo un desastre.

La mala nueva advertía que la escuela de Ballet que se levanta sobre la calle Prado, en La Habana Vieja, se había venido abajo y sin remedio, como mismo cayó también, y de manera rotunda, el Instituto Superior de Diseño Industrial, ese al que la gran mayoría conoce por sus siglas, ese al que todos llaman ISDI. Dos importantes instituciones educacionales habían sido vencidas por la fuerza de la gravedad, pero más que por la fuerza de gravedad se vinieron abajo por la desidia de un poder que siempre tuvo como su "caballito de batalla" a la educación y la cultura.

El ISDI, el Instituto Superior de Diseño, se vino abajo hace muy poco tiempo, apenas unos meses, quizá un poco más. Dos importantes instituciones educacionales relacionadas con la cultura respondieron sin recato a las fuerzas de la inercia, pero sobre todo a la fuerza que también tiene la pereza, la flojedad de un poder que se supone muy macho en el país de la desidia, de la inercia y la apatía. Dos instituciones educacionales cayeron sin remedio en un país que alardea de sus índices de escolaridad, eso que propone como una de sus bonanzas, de sus logros más relevantes.

Todavía recuerdo aquel enjambre de muchachos que salía de la institución y caminaba por Carlos III y por la calle Reina, muchachos jóvenes que soñaban con el diseño industrial, con el diseño informacional. Todo un aparataje de diseño creado para defender los presupuestos de una revolución arcaica y vencida, marchita, decadente. Una escuela que podría también ser el aparato informacional de la revolución comunista.

Y ahora también se ha venido abajo esa institución que fundaran Fernando Alonso y Alicia Alonso. Se vino abajo otro de los caballos de batalla de eso que llaman revolución. Hoy los Castro traicionaron a Alicia y a Fernando. Ahora la danza clásica ha perdido una de sus más entrañables escuelas, la escuela de Prado, esa que ya no tiene techo porque se vino abajo, como también se vino abajo, desde hace mucho tiempo, la justicia que prometieron y jamás cumplieron.

Y yo supongo lo que ahora mismo dirían Alicia y Fernando Alonso, aquellos fundadores del Ballet Clásico en Cuba. Y yo quisiera saber qué dirían Loipa Araújo y Josefina Méndez, y también lo que sentirían Mirta Plá y Aurora Bosch, y cada uno de los bailarines de la compañía. En lo adelante, en los años que están por llegar, se hará muy difícil disfrutar de un plié, de un tendu y de un arabesque. En unos años quizá tengamos que viajar a Europa o a los Estados Unidos para ver una representación de Giselle, y quizá aún la escuela de Prado no esté levantada. Quizá la decadencia sea todavía mayor y la Isla un páramo, un desierto.

Publicado en Cubanet, el 20 de mayo de 2026

Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.

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2026-05-21T04:50:00

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