Diálogo y sinceramiento. Danilo Arbilla
28.08.2026
"Diálogo: plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos"; es ésta, quizás, la mejor definición de "diálogo" aunque hoy cualquier parecido con la realidad sea una mera coincidencia.
El diálogo tal cual es convocado por estos días se acerca más a artilugio, ardid, engaño; una versión politizada del cuento del tío. Una trampa, una zancadilla.
Maduro, el exdictador hoy en NY, fue un maestro en usar el diálogo como trampa para ganar tiempo: años y años para dolor de los venezolanos. Cierto que con la ayuda del "ex" de España Rodríguez Zapatero, de Lula y del Papa Francisco. Sin "esas manitos" lo de Venezuela habría terminado mucho antes y mucho mejor.
En Uruguay "zancadilla" parece lo más certero.Te descuidas y ¡zas! "Mira pa'allá" y te la encajan en la nuca. Por eso es que muchos de la oposición están resabiados y ariscos a los "pajaritos, florcitas" y llamados al diálogo del Presidente. El caso, de entrada nomás, de las "dos embajadoras" (¡lo que nos deben salir!), y ni que decir del "show de las patrulleras". La "intención" fue clara, nadie "se traga" lo de los intereses del país. Si hubiera sido eso, qué mejor oportunidad para llamar a colegas del gobierno anterior y decirles: "mirá che lo que encontramos, el gallego nos quiere joder, vamos a ver qué hacemos". Cuántos casilleros habría adelantado Orsi y su gobierno. Tal cómo lo hicieron, es para negarles el saludo.
El mandatario habla de diálogo y su gente sale a la caza de Lacalle Pou (algunos aburren, son unos pobres tipos con "carguitos" haciendo el mandado). Así no. Si le tienen miedo para las próximas y quieren "cagarlo" desde ya, díganlo. Sean sinceros. Igual la gente les va a dar "poca bola". A los uruguayos les preocupan los asesinatos y robos y el crimen organizado cada vez con más territorio, y el empleo y cierre de empresas en segundo lugar. Deberían dedicarse esos asuntos; todos y dejarse de joder con diálogos y zancadillas. Angustia el futuro de niños y viejos a su vez. Urge el tema infantil. Y los viejos, por su parte tiemblan por su más corto futuro ante un horizonte de hambre tipo kirchnerista (progresismo puro).
¿La Rendición?, la gente no se ocupa ni entiende, salvo que se sea más sincero. Como lo fue en un Comité de Base el ministro de T y SS , el comunista Juan Castillo; dijo, sin pelos en la lengua, "conseguir dos votos ahora (para aprobar la Rendición) te va costando embajadas, directorios y vaya a saber cuántas cosas que no se ven...". Bien por él. Aplauso para el ministro Castillo. Las cosas por su nombre.
No hay mejor propaganda que la verdad, que el sinceramiento, esto es "la acción de revelar la verdad o de adoptar medidas para corregir y transparentar una situación que se mantenía oculta, distorsionada o fuera de regla".
Dicen que en el seno del gobierno, sobre el tema de los votos, algún jerarca pidió la bolada: "déjenmelo a mi que a ese barato lo arreglo con dos carguitos". Orsi dijo que no; quizás debería haber llamado a la oposición para pedirle los votos necesarios para algo mucho más importante: desnudar y acabar con ese tipo de cosas. Todos hubieran ganado. El presidente igual lo resolvió bien llamando al jefe de CA, como correspondía por respeto al sistema y a la institucionalidad.
Sinceramiento equivale a honestidad. No es tan difícil y hay mucho por hacer.
Y a no preocuparse tanto por las elecciones: se sube y se baja y faltan 3 años todavía.
Danilo Arbilla
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias