El Apocalipsis de Silicio: Bienvenidos a la era de la obsolescencia humana. Stefano Casini
17.08.2026
El "Homo Sapiens", desde siempre, padeció un complejo de Dios bastante ridículo. Hace milenios que estamos obsesionados con la idea de crear vida a nuestra imagen y semejanza, como los monoteismos, convencidos que el punto cumbre de la evolución tecnológica, es crear un pedazo de metal, parecido a nosotros, que camine en dos patas.
Hace más de medio siglo que, la robótica humanoide, salió de las películas de ciencia ficción, para instalarse en los balances financieros de las corporaciones poderosas. Nos venden esto como el amanecer de una era dorada de comodidad y liberación, pero alcanza con sacar el mito de las relaciones públicas, para darnos cuenta del olor a podrido de una crisis existencial global.
El chiste de la era moderna, es que estamos diseñando, financiando y perfeccionando a nuestros propios sustitutos biológicos. Lo embarazoso, por no decir profundamente cínico de este fenómeno, es cómo logramos segmentar nuestras primitivas obsesiones, en tres frentes mecánicos perfectos.
Para la paranoia geopolítica y el control, estamos creando el "soldado universal o el Robocop" perfecto que mate sin remordimientos. Para la pereza de todos los días, entrenamos mayordomos ideales que barren las migajas de nuestra mediocridad. Y para nuestra profunda incapacidad de combatir la frustración afectiva, perfeccionamos máquinas amantes siliconadas, para que validen el ego y administren lo poco de testosterona que nos queda, que se puedan enchufar y recargar. Hasta inventaron las que te hablan al oido con voces cautivantes!!!
Bienvenidos a la era del androide: el mercado donde el ser humano, voluntariamente y pagando (en cuotas), está firmando su jubilación placentera y solitaria. Todo empezó con los robots industriales de las fábricas. Pasamos a los robots "máquinas de guerra", diseñados para eliminar lo mejor posible, luego robots que ayudan a los médicos sin fallar en el pase de un bisturí, robots para cuidarnos, hacernos compañía cuando viejos, copias exactas de nuestros adonis o nuestras siliconadas humanas, pasando por los robots educadores en serio de nuestros hijos (China y Japón empezaron hace casi un año). hasta los primeros robots psíquiatras o sicólogos.
En el sector didáctico, un debe universal. Hay máquinas programadas con psicología y reconocimiento de emociones (inteligencia artificial afectiva). Si un robot puede copiar empatía a la perfección, ¿qué pasa con los vínculos humanos? ¿Estamos prontos para delegar el afecto a la tecnología?
Pasemos a las Web numeradas. La Web1 era para "leer" portales; la actual Web2 nos permite "escribir" y subir videos, pero le regaló nuestras vidas a tres o cuatro gigantes tecnológicos. La Web3 vino a patear el tablero, porque, traduce conceptos que asustan, como blockchain (bloques de información inmutables) o descentralización. La 3, busca también una internet, donde el usuario es el verdadero dueño de su identidad, su contenido y su dinero, sin intermediarios. Quien quiere vivir de lo ajeno, se vuelve facilmente un hacker de tus ahorros. A esta altura tengo muchas preguntas. ¿Estamos frente a la verdadera libertad digital o frente a una utopía informática? ¿Será posible democratizar la red o corremos el riesgo que surjan nuevos monopolios invisibles?. ¿Estamos frente al comienzo de la verdadera libertad digital o de una utopía informática? ¿Y donde queda el pensamiento crítico?.......si hasta este se volvió una ficha de casino!!!
Plataformas como Atlas (de Boston Dynamics) y Optimus (de Tesla), que nacieron para fines civiles/industriales, demuestran la agilidad táctica que buscan las FFAA. Son compañías de defensa que prueban "perros robóticos" armados (Q-UGVS) en escenarios reales y no les va tan mal. El mayor problema no es tanto su fuerza física, sino la Letalidad Autónoma. La IA le permite a estas máquinas identificar y eliminar objetivos sin intervención humana, planteando dilemas éticos y legales en la ONU.
En el frente doméstico aparecen los mayordomos parlantes y el fin de las tareas del hogar. A pesar que, por ahora, los usuarios son contados, me animo a mirar este sector con optimismo, por un cambio que viviremos en el día a día. Hubo un gran salto de los robots domésticos actuales (como Figure 01 o Ameca). Integran modelos de lenguaje (como OpenAI), entienden, razonan y te hablan naturalmente mientras limpian. Las aspiradoras mágicas que pasean por tu casa sobre pisos adecuados, ya no son novedad. Un Figure 01 dobla la ropa, lava platos, ordena objetos y cocina mediante aprendizaje por imitación, o sea, observan un tutorial humano y replican el movimiento.
Donde reaparecen los "dilemas ético-religiosos", es en el sector de los robots sexuales, dado que, el termómetro más honesto del progreso humano siempre estuvo y estará, en la industria del sexo. Mientras los ingenieros militares sufren para que un androide camine por el lodo, la robótica de adultos descifró cómo recrear la intimidad humana con gran precisión. ¿Qué tan cerca estamos de la piel humana? Ya hay pieles casi humanas (Biomimética). Se usa silicona de grado médico, combinada con "elastómeros" avanzados, para tratar de copiar la elasticidad, suavidad y textura de la piel humana. Empresas como Realbotix, integran calentadores internos para que el cuerpo androide, pueda mantener al tacto, la temperatura humana de 36°C. Todavía está en fase experimental la Sudoración artificial, porque no hay un mercado masivo de robots que tengan que sudar por placer, pero hay laboratorios de robótica blanda (soft robotics) que desarrollaron texturas acompañadas de fluidos para autoregular la temperatura, exactamente igual a los humanos, generando lubricación automatizada.
En algo sexualmente atractivo, para un hombre o una mujer, no podían faltar olores y perfumes. Para eso se creó la Tecnología de microencapsulación. Se usan fragancias sintéticas integradas químicamente dentro de la textura de la silicona, para que el robot tenga olores florales, perfumes o feromonas sintéticas, para estimular la atracción sexual directa, que no se pierde con lavados.
En esta compleja rama productiva, el verdadero salto actual, va más allá de lo físico. Los usuarios más entusiasmados, buscan robots conversadores, preferentemente, con voces elegidas por ellos, que puedan recordar gustos, conversar, simular empatía con expresiones faciales sincronizadas con su voz.
Volviendo al peligroso mundo militar, mientras Silicon Valley nos vende robots humanoides bailarines con tiernas coreografías y muñecos sexuales, los presupuestos militares financian, silenciosamente, versiones que, de tierno no tienen nada. El peligro no es un "Terminator" consciente, sino programadores haraganes, que no se preocupan si el terminator, confunde una mochila escolar con un lanzacohetes. Es como que pasamos de entrenar soldados humanos para parecer máquinas, a construir máquinas para que actúen como verdugos independientes.
Por años, nos vendieron el cuento de los robots humanoides. bombardeándonos con videos virales de androides haciendo piruetas o sirviendo tímidamente, una taza de té. Todo bien en "humanizar" una máquina para abrirle la puerta de casa, pero, atrás de estos movimientos de la propaganda del progreso tecnológico, se esconde una fría realidad.
Los mismos avances en equilibrio, fuerza y procesamiento, que permiten a un robot levantar una caja en un almacén, son los que financian los laboratorios de defensa, que no buscan un mayordomo, sino el soldado perfecto. El peligro no se esconde detrás de una atrapante Alien o el Capitán Kirk de Rumbo a las Estrellas. Esto es peligro real, mundano, burocrático y terrorífico: el criterio humano se vuelve obsoleto. ¿Cuántos de estos "cuerpos metálicos" son fabricados con IA autónoma incorporada?, ¿para identificar, clasificar y eliminar objetivos sin una orden humana?
Estamos frente a una especie de Letalidad Autónoma, donde la decisión de terminar una vida humana la toma un algoritmo sin remordimientos y sin capacidad de comprender el contexto, la rendición o la piedad. Un error de código o una mala etiqueta en la base de datos convertiría una mochila escolar en una amenaza inminente a los ojos de Robocop.
Vamos hacia un cinismo histórico. Por milenios, las civilizaciones basaron el progreso en el esfuerzo, el sacrificio, los valores, la libertad y LOS LÍMITES, pero las redes empezaron a deshumanizar los soldados de carne y hueso, mostrándolos como máquinas que no cuestionan órdenes, con tal de soportar el horror de una guerra con muertos reales.
Cuando la tecnología lo permite, decidimos que el camino más corto es construir máquinas para que actúen como verdugos autónomos. Todos sabemos que el deporte político más popular es el de "lavarse las manos y la culpa la tiene el que estaba antes", pero, nadie habla que estamos delegando la responsabilidad moral de la violencia, a la tecnología, para lavarnos las manos.
Ya entramos en una era, donde USA sigue siendo el país más adelantado tecnológicamente, donde las guerras no se ganan por el heroísmo o la estrategia militar, sino por tener el software de combate con la actualización más reciente y el procesador más rápido del mercado.
Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.
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