El 'Ejército de Lula' y André Janones. Carlos A. Gadea
03.11.2026
El día 31 de octubre se publicó por este medio una breve reflexión de José W. Legaspi, con un título muy sugestivo: "André Janones, 'el general' de Lula: cuando ganar amenaza con justificarlo todo". Se trata de un precipitado análisis del papel desempeñado por el diputado federal (por la "Red Sustentabilidad') André Janones en el triunfo del presidente Lula da Silva en las elecciones recientes en Brasil.
El análisis de Legaspi sobre Janones tiene algunas inexactitudes y una sutil animosidad que resulta importante destacar. No lo culpo, evidentemente, de poseer informaciones a medias, o de haber caído en medias verdades tan difundidas en los días de hoy. Tal vez haya sido hasta la propia lejanía en la comprensión de los recientes acontecimientos políticos en Brasil que le haya jugado una mala pasada. La política brasileña no se presenta tan simple de comprender en la actualidad.
La premisa del artículo es que Janones "plantea una contradicción para la izquierda: la eficacia electoral no puede sustituir la ética política". En parte, es una premisa fácilmente atribuible a cualquier comportamiento político y electoral; solo hace falta una buena dosis de etnocentrismo ético, y la fórmula se aplica a cualquier escenario político, mas allá de izquierda o derecha. ¿Qué se supone sobre ética política? Una serie de argumentos bastante frágiles, no sin incurrir en errores importantes, procuran buscar supuestas faltas al comportamiento de Janones y a la propia campaña electoral. Hay detalles que se pierden, y observarlos puede ayudar a no precipitar análisis y juicios.
Vayamos por parte:
-
Después del primer turno, con el triunfo de un poco más de 2 millones de votos de Flavio Bolsonaro, la candidatura de Lula da Silva sufre un importante 'balde de agua fría'. Para muchos, la culpa del relativo fracaso se debía a que el PT se comunicaba muy mal, sin contacto directo con las grandes masas. Se culpaba a la izquierda, en general, de cierto elitismo ideológico, incapaz de entender las demandas de las grandes mayorías, muchas veces 'cooptada' pelos discursos de la derecha. La crisis en la comunicación era un dato concreto de la realidad. En este contexto, jóvenes estudiantes de universidades federales comienzan a salir, progresivamente, a manifestarse por las calles de Río de Janeiro, São Paulo, Belo Horizonte, Porto Alegre, Florianópolis. Es así como, simultáneamente, las redes sociales ganan densidad en la comunicación, y como el diputado André Janones terminaría creando un canal de WhatsApp, el 'Ejército de Lula', con poco más de 10 millones de integrantes en el transcurso de 2 semanas. Interesante es que Legaspi, ante esto, afirma que "Janones se autodenominó general de ese ejército y reservó para Lula el grado de mariscal", lo que, sutilmente, se trata de una pequeña inexactitud, pasible de tener gran incidencia en la manera como el lector pueda recibir la información sobre el 'Ejército de Lula'. Importante saber que no fue Janones quien le asigna a Lula el grado de mariscal, sino el propio Lula que, como parte del juego, pide ingresar en el canal de WhatsApp con el grado de 'marechal' (mariscal). Por consecuencia, el juego de subvertir un supuesto orden jerárquico naturalizado en la campaña electoral terminaría participando como guiñada política recibida por todos con humor. Por otro lado, Lula no únicamente "aceptó el juego", sino que actuó activamente en sucesivas 'lives' durante horas con los participantes del canal.
-
En otro pasaje, Legaspi menciona que Janones había integrado el PT hasta el año 2012, cuando pide su salida por discrepancias políticas. Es verdad; como también es cierto que lo mismo ha sucedido con Marina Silva, quien integraría el Ministerio de Medio Ambiente en el actual gobierno Lula. No menos importante la lista de otras figuras políticas que en algún momento estuvieron en el PT, o fueron activa oposición, como la ministra de Planeamiento, Simone Tebet (que era candidata a presidente en la elección de 2022, y termina componiendo el actual gobierno Lula), o hasta el vicepresidente, Geraldo Alckmin, acérrimo opositor cuando integraba el PSDB, habiendo sido dos veces gobernador de São Paulo. No se trata de una particularidad de Janones haber dejado el PT y en la actualidad estar alineado con Lula da Silva, y sí una generalidad entre muchos integrantes del sistema político después de los años 2017-2018, años pautados por el ascenso del bolsonarismo en la política del país, generando nuevas adhesiones y configuraciones políticas. Parecería ser que esa información aislada sobre Janones más bien busque 'embarajar' la percepción del lector sobre el fenómeno.
-
Otro momento importante del argumento del artículo es cuando se hace eco de las denuncias presentadas por la candidatura de Flavio Bolsonaro ante el Tribunal Superior Electoral acerca de la supuesta "difusión de contenidos falsos" por parte del canal de WhatsApp. Se deduce que el episodio "puso de manifiesto un problema que trasciende la discusión jurídica: la posibilidad de organizar a millones de personas para reproducir contenidos de manera automática, incluso sin examinarlos críticamente". Lo que no menciona Legaspi es que esa denuncia fue presentada antes mismo de que el canal publicase cualquier contenido, en momentos anteriores, aquellos de organización de sus integrantes. Por eso el Tribunal, en dos ocasiones, no dio secuencia a las acusaciones, quedando el asunto en mera disputa jurídica sin materialidad concreta. En tal sentido, el lector del artículo podría haber sido conducido a conclusiones precipitadas, como las que el propio autor suelta: "La comunicación política necesita rapidez, creatividad y capacidad de disputar espacios dominados por los adversarios. Pero ninguna de esas necesidades debería justificar la renuncia a la responsabilidad sobre lo que se difunde". Importa aclarar que, en este caso, esta "renuncia a la responsabilidad" no se concretizó por parte del canal. El tenso juego político entre los candidatos puso de manifiesto el uso del Poder Judicial de manera indiscriminada, y por veces en absoluto condicente con los hechos. No hubo ninguna restricción al canal, ni sanciones, absolutamente nada. Legaspi parece haber caído en la trampa, aunque en estos casos puede tenerse dudas sobre una supuesta ingenuidad.
-
Para finalizar, la cereza de la torta. Se dice que: "Una izquierda que combate la desinformación no puede considerar aceptables prácticas cuestionables simplemente porque ahora favorezcan a sus candidatos". Por lo que se ha visto, concretamente en el caso del canal "Ejército de Lula", esta afirmación no procede. También se dice: "Tampoco puede transformar a los ciudadanos en soldados cuya principal virtud sea obedecer instrucciones". ¿Es posible que Legaspi haya comprendido este fenómeno político y de comunicación? Parece que no. Al final de la reflexión se dice: "El peligro es que la izquierda termine creyendo que necesita generales, soldados y mariscales para hacer política. Porque una izquierda que sustituye la conciencia por la obediencia, la organización por el seguimiento y la ética por la eficacia puede ganar una elección. Pero también puede comenzar a perder, precisamente en el momento de la victoria, aquello que históricamente justificó su existencia". ¡Claro que la izquierda, en este caso la brasileña, no ha creído que necesita de generales y soldados! ¿Legaspi cree que las personas que estaban en el canal no tenían conciencia de lo que hacían y solo obedecían? ¿Y es (sinceramente pregunto) posible que se pueda interpretar que no había organización y ética por tras de todo ese fenómeno? La lógica de las redes sociales puede ser de mimetismo, pero el caso en cuestión refleja más un mecanismo social o instrumento comunicacional coordinado al servicio de incidir en las 'bolhas' de electores (burbujas de información) al que no les llegaba ninguna información más allá de la que accedían cotidianamente, en especial, 'del otro lado' bolsonarista. La dinámica 'lúdica' por todos aceptada de ordenar y obedecer traducía más la necesaria, imperiosa y eficiente organización política para que se haga llegar a más electores las propuestas de Lula da Silva. Nadie en su sano juicio puede suponer que subyacería, en todo esto, una lógica autoritaria en sí, o una alteración de los principios que la izquierda guarda a siete llaves sobre democracia, participación y debate de ideas. El 'Ejército de Lula' es el formato digital de una acción política coordinada bajo la necesaria rapidez y eficiencia en momentos críticos de una campaña electoral adversa. En las redes sociales hubo 'cortes' con personas que simulaban ir a dormir mientras la voz de Janones ordenaba que nadie debía hacerlo, que era para estar 24h 'postando' el contenido indicado. Todos entraron en el juego de las redes sociales, mientras se convocaba a más manifestaciones en las calles, ahora coordinadas con mayor eficiencia.
El domingo 1 de noviembre, el programa 'Fantástico', de la red Globo, realizó un programa dedicado al 'fenómeno Janones' durante la campaña electoral. En un determinado momento de la entrevista Janones reconoce que las 'misiones' del 'Ejército de Lula', concentradas en su figura, no son un modelo que representa la democracia en su estado pleno. Afirma que es un "modelo transitorio" y necesario para poder vencer una elección, necesario para poder dar gobernabilidad al presidente Lula a partir de ahora. Tiene conciencia de que no es un modelo de democracia para el país, ya que la democracia, para él, es la que cada uno pueda postar lo que quiera, sin que nadie le indique lo que deba hacer. Sus palabras reflejan un sentido común entre los integrantes del canal, ni hacía falta su aclaración. Uno puede preguntarse, ¿por qué surge este 'temor' en artículos como estos sobre la democracia, la izquierda y las redes sociales? Las inexactitudes, las informaciones a medias y buscar contrastar ética política con una campaña electoral con los nuevos formatos virtuales parecieron apuntar más hacia fenómenos como el 'Ejército de Lula" y menos hacia otras prácticas hartamente conocidas de otros actores políticos. Hay un metarrelato en esto: relativizar la fuerza de las redes sociales para organizar y generar ambientes de actuación política concomitantemente a las calles y el debate político tradicional. No hay anulación de una cosa por la otra; y sí la incorporación de una dinámica de interacción que llega a los hogares y a los grupos desde el mundo digital. Solo puedo comprender el artículo de Legaspi desde la 'animosidad' o el mal humor.
Carlos A. Gadea. Doctor en Sociología. Profesor universitario uruguayo que reside en Brasil.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias