El Escudo de las Américas de Míster Trump. Jorge Jouroff
08.04.2026
Luego de la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional, el Presidente de los Estados Unidos ha hecho toda una serie de propuestas referidas a "su" hemisferio. En primer lugar, la reunión de jefes de estado en el Trump National Doral de Miami, Florida. Luego la creación del "escudo hemisférico" y por último la idea de la Gran América del Norte, una "nueva" estrategia de seguridad que abarcaría a casi todo el hemisferio tal como lo concibe Trump.
En el documento "Doctrina de Seguridad Nacional", hay dos aspectos que adquieren particular interés en estos momentos. El primero es considerar al hemisferio occidental como el hemisferio de Estados Unidos. No América Latina, sino el hemisferio entero, desde Canadá y Groenlandia hasta Tierra del Fuego. El segundo, es la necesidad de la defensa militar (o la ocupación) de ese territorio, con los pactos militares que supone. Consecuentemente, el documento enuncia también la necesidad de un pacto político para sostener esos acuerdos militares, que Trump enuncia como un pacto de los presidentes afines a sus ideas, las de la derecha que hoy gobierna en Estados Unidos. La consecuencia fué la reunión en Florida, a la que no invitó a todos los presidentes, sino sólo a los que el consideraba afines al proyecto. En la cumbre participaron algunos de los aliados más firmes de Trump, como el presidente Javier Milei de Argentina y el presidente Nayib Bukele de El Salvador. También se hicieron presentes los dirigentes de Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago. (Bahamas, Belice, Guatemala, Jamaica y Perú, aunque forman parte de la coalición, no estuvieron representados en el acto). También asistieron varios personalidades del gobierno de Trump, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y Stephen Miller, jefe adjunto de personal para política y asesor de seguridad nacional. Brasil, México, Colombia y Uruguay no fueron invitados, demostrando que no era considerado un acto institucional, sino de adhesión política a los planes de Míster Trump y el Departamento de Guerra.
Posteriormente, presentaría su nueva estrategia de seguridad, la idea de una "Gran América del Norte" que, como explicó el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth recientemente, "el presidente Donald Trump ha trazado un nuevo mapa estratégico que abarca desde Groenlandia hasta el Golfo de México, incluyendo el canal de Panamá y los países circundantes." Y para que no queden dudas, se explayó: "esta visión es denominada dentro del Departamento de Guerra como la 'Gran América del Norte' y se incluyen "todas las naciones y territorios soberanos situados al norte del ecuador [...] que constituyen nuestro perímetro de seguridad en este gran vecindario." A renglón seguido señaló que "esta delimitación responde a factores geográficos, destacando que los territorios incluidos tienen acceso al Atlántico Norte o al Pacífico Norte y se ubican al norte de barreras naturales como el Amazonas y la cordillera de los Andes". Continuó diciendo que "este enfoque busca restablecer nuestras relaciones norte-sur mediante una mayor cooperación en materia de defensa entre EE.UU. y sus socios del hemisferio norte." Mientras Estados Unidos "reforzará" su presencia y, suponemos despliegue en el norte, en el sur del ecuador "promoverá un mayor reparto de responsabilidades en seguridad."
La máscara del narcotráfico
Con la locuacidad y grandilocuencia que lo caracteriza, el presidente pidió a los líderes presentes "que ayuden al ejército estadounidense a aplastar a los grupos de traficantes armados", proponiendo crear una nueva organización de países latinoamericanos y caribeños, a la que denominó Coalición Anticarteles de las Américas, y anunció que "emplearía la fuerza militar para erradicar a los grupos de narcotraficantes". Hasta donde sabemos, en los propios Estados Unidos esa es una tarea de las fuerzas policiales como la DEA o el FBI, dependientes del Ministerio de Justicia, y no de las Fuerzas Armadas ya que éstas no están facultadas para detener personas sino preparadas para una guerra. Este desprecio por la legalidad, del que ya hizo gala en innumerables ocasiones, desde el uso de medios navales en el Caribe hasta sus declaraciones actuales, nos hace preguntar cómo las fuerzas armadas van a combatir el narcotráfico. Para empezar, le pide a los países latinoamericanos que "ayuden" al ejército norteamericano a operar en sus propios países. Con qué derecho va el ejército americano a intervenir en Colombia o México, por ejemplo. Recientemente se firmaron una serie de acuerdos con Ecuador, país que entraría en la "Gran Norteamérica".
El narcotráfico, como hemos dicho hasta el hartazgo, es ante todo un negocio, sumamente rentable, justamente por ser ilegal. Requiere una gran organización para completar el ciclo, desde la producción de la materia básica, su procesamiento y transformación en droga, las redes de distribución, y, sobre todo, el lavado del dinero, operación muy compleja que se realiza en los grandes bancos. Requiere por tanto tareas netamente policiales y de inteligencia, y no fuerzas armadas. Es más, el gran aumento de la producción, a pesar de las incautaciones, demuestra que esta política ha fracasado, pese a todos los intentos para presentarla como exitosa. Nos preguntamos entonces para que se requiere la colaboración de las fuerzas armadas de América Latina.
China, el verdadero adversario.
Como se indicase en prensa europea, "la exclusión de países clave como Colombia y México plantea dudas sobre el propósito de esta alianza. Que potencias regionales como México, Brasil o Colombia no hayan sido invitadas refuerza la percepción de que el bloque responde a afinidades políticas o ideológicas entre gobiernos, más que a un enfoque estrictamente operativo contra el narcotráfico." Declaraciones del propio Trump en el encuentro lo confirman: "No permitiremos que influencias externas hostiles ganen terreno en este hemisferio y eso incluye al Canal de Panamá", en una no tan velada referencia a China.
Los análisis de Insight 21, el think tank de la Universidad Siglo 21 de Argentina, van en la misma dirección: "Está claro que Washington está intentando reafirmar su influencia en América Latina a través de este tipo de iniciativas, y contrarrestar el avance económico y estratégico de China en la región" Y continúa: "Creo que sería un error ver este proyecto únicamente como una iniciativa contra el narcotráfico. La iniciativa parece formar parte de un esfuerzo más amplio por reposicionar a Estados Unidos como socio estratégico central en América Latina. Esto implica fortalecer alianzas políticas, promover acuerdos comerciales favorables y limitar la influencia de otras potencias globales, especialmente China." Estados Unidos quiere desplazar a China pero no tiene una estrategia global clara para ello, y, a esta altura, tampoco los medios para hacerlo. Con la ruta de la seda, China ha desplegado una estrategia global que Estados Unidos no ha sabido o no ha podido enfrentar. En América Latina hoy está desplegando un gran proyecto, el puerto de Chanquai y el desarrollo de medios , sobre todo ferroviarios, para comunicar Brasil con el puerto y con líneas que conecten e integren a otros países también. Por ello, "China es un socio económico fundamental e irremplazable para muchos países latinoamericanos. Dada la centralidad que tiene para la región, si el Escudo se percibe como un instrumento que está muy explícitamente alineado con los intereses estratégicos norteamericanos, es muy posible que algunos países opten por no integrarse."
Las consecuencias de la falta de estrategia global son evidentes en la política exterior del Presidente Trump, como lo demuestra la guerra con Irán, que todavía no sabemos hacia donde conduce. Solamente con el apoyo explícito de Israel, comenzó las hostilidades contra Irán. Europa, su gran aliado de otrora, se negó a participar en la aventura. Los latinoamericanos debemos habituarnos a pensar en nuestros propios intereses, si no queremos vernos envueltos en guerras que no son las nuestras.
Jorge Jouroff