El "Mayor Acuerdo Petrolero de la Historia". Stefano Casini

03.09.2026

Entender cómo se pudo sellar el mayor acuerdo petrolero de la historia entre USA y Venezuela, debe ser analizado con mucha seriedad, datos concretos, posibles "engaños", posible connivencia, posibles escándalos y los costos globales de cada país.

 

El 28 de agosto pasado, el gobierno de Donald Trump y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que asumió el cargo después la captura de Maduro en enero 2026 por cargos de narcoterrorismo, anunciaron un acuerdo energético que le da a EE. UU. el control sobre mas de 65.000 millones de barriles de reservas probadas, el 20% de las reservas totales venezolanas. La operación sería a través de un consorcio privado llamado North American Blue Energy Partners (NABEP), del cual, el Pentágono tiene un 35%. El Departamento de Estado se reserva el derecho de comprar el 20% de la producción al costo de extracción. Las ventajas son mutuas, sin embargo, las formas y las posibles consecuencias geopolíticas, son imprevisibles.

VENTAJAS PARA USA - Se asegura el abastecimiento energético por "tiempo indeterminado"  y la aplicación exitosa de la Doctrima Monroe de Control Geopolítico para el siglo XXI. USA duplicaría las reservas probadas territoriales, reabastecería su reserva estratégica "in eternum" (que hoy está en sus mínimos histróricos), acabaría con la influencia en el hemisferio occidental de competidores "enemigos" y mantendría el negocio  bajo su control y jurisdicción, permitiendo reabasteciendo el planeta "casi" a su antojo.

VENTAJAS PARA VENEZUELA - Se abriría una inyección de capital, asegurando la supervivencia financiera en los mercados y habría una fuerte reactivación económica, dado que, este acuerdo, se firma asegurando ingresos fiscales de 209.000 millones de dólares y regalías por los primeros 25 años para Venezuela. También un efecto dinamizador en empleos, comercio y servicios, sostén financiero para el plan de reconstrucción después de casi 3 décadas de retroceso y 1 década de colapso. A cambio de "ceder parte de soberanía operativa del crudo", aseguraría un mínimo de 1 siglo de estabilidad económica y, un gobierno elegido democráticamente, podría ser el arma ideal para otra etapa de "eternización", pero, esta vez, al estilo Bukele, dependiendo de la aparición de un político tan carismático y efectivo como él. 

Los $100.000 millones de dólares citados por el Secretario de Estado Rubio, es el estimado total de inversión privada, necesaria para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana. Para endulzar las inminentes elecciones, la Casa Blanca asegura que el acuerdo se estructuró a "costo cero para el contribuyente estadounidense". El capital proviene de empresas petroleras privadas aliadas bajo el paraguas del joint-venture de NABEP y corporaciones con baja tolerancia al riesgo, como Chevron que ya opera en Venezuela. 

El diseño del acuerdo se hizo para eliminar competidores no alineados, como China, Rusia o aliados del viejo chavismo, pero, la escala de una inversión estratosférica como esta, obligará la intervención de capitales internacionales occidentales y fondos de inversión globales. De todos modos, el Pentágono, tiene poder de veto en la junta directiva y puede aprobar o no socios. A nivel planetario, existe un fuerte debate sobre la legitimidad de la actual "gobernanza" en Venezuela. 

La narrativa oficial de la Casa Blanca, muestra que, después de la Operación Justicia Absoluta que derrocó a Maduro, la transición liderada por Delcy es un gran esfuerzo de estabilización y reconciliación nacional, (también se liberaron más de 130 presos políticos) para devolver el país al libre mercado. No todas son rosas, dado que, intelectuales como Ricardo Hausmann y sectores demócratas norteamericanos, dicen que este acuerdo es "cronyism colonial" (amiguismo colonial)  y no es nada constitucional. Según ellos, el gobierno interino, no tiene una facultad legítima para comprometer los activos del país por un siglo. También acusan a Trump de haber usado poder militar y judicial en enero, para perpetrar un robo de recursos energéticos con fines electorales. 

Por otra parte, la dramática baja del respaldo popular al fracaso del proyecto chavista, llegó a mínimos históricos, con un 87.6% de venezolanos que exigen un cambio radical de gobierno. Hoy, el núcleo duro chavista, no supera el 16.3% de aprobación. Las prioridades del ciudadano común, no son ideológicas, sino de supervivencia, con un proceso, inclusive, más rápido que el cubano. El 85% de la población quiere frenar la hiperinflación y conseguir empleo, por encima de cualquier otra cosa. El 60% de los venezolanos confía más en empresas petroleras extranjeras y figuras políticas externas, que en PEDEVESA y sus propios lideres.

En la primera mitad de este año, el propio Trump se plantó, en redes sociales y medios, con su extravagante idea de convertir a Venezuela en el "Estado 51" de USA. Su argumento es la riqueza petrolera venezolana que, mezclada con el sufrimiento de su gente, justificaría medidas así. La opinión pública real se asocia al sufrimiento de tantos años de crisis humanitaria que empujó a buena parte de la población a desear cualquier salida que garantice estabilidad, dolarización total y el fin de la pobreza extrema. De todas maneras, la idea de anexión formal a USA, no tiene apoyo mayoritario viable. El pueblo venezolano tiene, en su ADN, como la mayoría de las naciones, una pasión visceral por la Independencia, soberanía y sus procesos. Se planteó también un debate sobre un hipotético referéndum consultivo, que se enfrió enseguida. Constitucionalistas top de USA y Venezuela, declaran esta posibilidad jurídica e histórica, prácticamente imposible o muy remota. 

Los mismos yankees se oponen a anexar, por los costos de bienestar social para 29 millones de nuevos ciudadanos, mientras que en Venezuela esto se ve, por todas las facciones políticas, como la destrucción de la autodeterminación de los pueblos. Después de analizar los hechos reales y comprobados, nos queda opinar sobre el acuerdo. A mi entender, hay razones lógicas en las 2 partes. USA es un imperio conocido, que, en los últimos 200 años, mantiene una hegemonía basada, como todo imperio, en la fuerza económica y militar. A diferencia de otros países que se auto-consideran imperios, como Rusia, China o Irán y considerando que el siglo XXI, no tiene nada que ver con el pasado, Trump trata de defender esa hegemonía con la rigidez de los imperios más antiguos, pero sabiendo que no puede ser un dictador. Conoce sus límites políticos y sabe que, en su país democrático, no podría eternizarse como Putin, Maduro, Ortega, Chavez, Kim Jung, Xi Jinping, o, en el pasado, como el Imperio Romano, el otomano, el británico, Genghis Kan, Napoleón, Hitler o Pinochet. 

Con este acuerdo, USA podría asegurarse un par de siglos más de seguridad hegemónica. Por otra parte, Venezuela, un país riquísimo que vivió GRATIS del petróleo hasta 1999, está en un dilema existencial, por tener un pueblo sumiso que se dejó controlar por sangrientos esbirros por 27 años sin saber o poder reaccionar. Este acuerdo, le daría al que tome el timón, oxígeno demás, sea un títere o un político venezolano, para que no tenga problemas serios de hambre, desesperación o emigración en masa. Para mí, acá no hay "malos de película", simplemente la ley de la selva que rige en la Tierra desde que existe el Homo Sapiens: el pez grande siempre se come al pez chico.

Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal  de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.

 

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2026-09-03T04:13:00

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