El control de las mentes. Marcelo Marchese

12.05.2026

Así como Farmashop se come a las farmacias barriales, las transnacionales del libro se comen a las empresas nacionales. Es un movimiento económico y político.

En Farmashop no ofrecen yuyos u homeopatías, sino lo que ofrece la industria farmacéutica, cuya función es aliviar síntomas cronificando enfermedades. Esa industria regula la salud así como la industria editorial regula las ideas, y si la población permite que se haga esto es porque se le ha impuesto una ideología.

Existen variadas herramientas para imponer ideologías, como el cine, la radio, la televisión y los libros, y por eso existe una industria del cine, de la música y de la literatura que promocionan el arte que necesita el poder.

 

LA DINÁMICA DE LAS EDITORIALES TRANSNACIONALES

Desde fines del siglo pasado asistimos a la financiarización de la industria editorial marcada por fusiones y por la concentración oligopólica. Las grandes editoriales forman parte de conglomerados multimedia, financieros, tecnológicos y del entretenimiento.

Esto implica que sea cual fuere el capital accionario de la editorial, incluso si no cotiza en bolsa, igualmente estará regida por la lógica del sistema, pues precisa de créditos, mercados, publicidad, distribución, plataformas digitales y redes empresariales globales.

No hay forma de salirse del sistema y si en un acto de audacia imposible, una editorial soñara con la libertad, tendrá dificultades con los créditos y con la publicidad de sus libros, se le cerrarán mercados y las plataformas digitales aplicarán sus oscuros y efectivos recursos para invisibilizarla.

La linea editorial determinará que ciertos temas no se publiquen, ciertos autores no se publiquen y ciertos abordajes no se publiquen. Es la abierta violación de la ley de la oferta y la demanda. Aquí no funciona la mano invisible del mercado, sino otro tipo de mano invisible.

La editorial tiene correctores instruidos que le hacen sugerencias al autor previamente seleccionado y que llevan a una sintaxis edulcorada, lavada, asexuada, y si el autor utiliza alguna palabra grosera, le propondrán un término más suave, por lo que toda radicalidad debe ser excluida, de igual forma que la industria de los alimentos excluye treinta de los treinta y dos elementos que contiene la sal. El mismo criterio de los correctores se aplica a los traductores, como cualquier persona que entiende inglés puede comprobar en cualquier film subtitulado al castellano.

Cuando la transnacional edita textos escolares, hace una elección de autores que lleva a decir cosas tales como que el fenómeno del imperialismo a fines del XIX se debió a razones ideológicas, o que las guerras mundiales obedecieron a los nacionalismos. En el Uruguay tenemos un caso elocuente, cuando una transnacional modificó un texto de estudio para cuarto año de secundaria. En el capítulo de la creación de Israel, y a modo de ejemplo, el viejo texto decía que se trataba de "La búsqueda de un territorio". El nuevo texto, en cambio, dijo que se trataba de "La vuelta a la patria ancestral".

Las reediciones es otro aspecto a considerar. No siempre se le paga al autor un porcentaje del precio del libro vendido, sino que se le paga de una vez y para siempre y la editorial utiliza ese material todas las veces que quiera. Esto le permite hacer una segunda edición dónde se hacen modificaciones intrascendentes, pero que hacen obsoleta la edición anterior, pues el docente no pedirá que se estudie el capítulo "Revolución oriental", sino la página 9, que en la edición anterior era la página 10.

La ventaja de reeditar es evidente, ya que el primer año de un texto se vende cierta cifra que disminuirá año a año, pues los libros usados se pasan entre familiares o vuelven al mercado. Cuando se ha llegado a un número de ventas límite, se activa la reedición, con lo que la transnacional gana fortunas y la gente pierde fortunas.

Como el nivel cultural va disminuyendo, las reediciones contienen menos páginas, pero eso no disminuye el precio. Si disminuye el número de páginas, eso no ayuda en absoluto a la formación de ciudadanos, pero lo que menos ayuda a la formación de ciudadanos es que los textos sean hechos por transnacionales que imponen la ideología que le sirve a las transnacionales.

Así que el capital financiero que opera a través de las editoriales transnacionales, maneja qué se edita, qué se traduce y cómo se vende, pero no puede impedir que editoriales pequeñas e independientes editen lo que se les dé la gana, ni pueden impedir que las librerías ofrezcan el material editado desde que existen libros y sin embargo, todo problema tiene una solución.

 

OTRA VUELTA DE TUERCA

Los concursos literarios son cualquier cosa menos inocentes. Por un lado, imponen el canon, así que en parte determinan qué se escribe, y por el otro, determinan qué se edita, sobre todo si la institución estatal que maneja el concurso establece que los materiales ganadores deberán ser editados por editoriales independientes, lo que lleva a que si una editorial independiente quiere acceder a ese tipo de publicaciones, debe cuidar su línea editorial de tal manera de no enfrentar la línea política de la institución estatal. Con los periódicos sucede algo parecido: enfrentar al gobierno de turno significa perder publicidad estatal.

Pero aún queda algo por resolver, ya que en otra época había mayor libertad a la hora de publicar, y en una librería de viejo o en una librería de nuevo donde el propietario se empeñe en defender un perfil, se puede encontrar el material prohibido, así que se deben liquidar las librerías independientes.

Se trata entonces de dominar el último aspecto, la boca de venta de libros, así como se trata de liquidar a las almacenes barriales para que la gente compre en los grandes supermercados de las transnacionales.

El mecanismo es poner una buena carnada al anzuelo, algo que se hace de la manera siguiente: los bancos, a través de las tarjetas de crédito, ofrecen descuentos excepcionales a las grandes superficies que digitan las transnacionales. Esos descuentos al libro operarán hasta el preciso instante en que desaparezca la competencia, de igual manera que los descuentos ofrecidos por las tarjetas de débito desaparecerán apenas liquiden la venta en efectivo.

La propuesta de una ley del precio único del libro que impida esta trapisonda parece ingrata, pues parece perjudicar al lector que se beneficia con los descuentos extraordinarios, y sin embargo, beneficia al lector y a los libreros, pues primero, son las pequeñas empresas y no las transnacionales quienes generan trabajo, y segundo, los lectores y los libreros viven en la misma sociedad, una sociedad que precisa de la exuberancia de ideas. Si hay exuberancia, uno puede elegir, pero no se puede elegir cuando sólo hay una campana, de igual manera que no se puede elegir qué comer si uno vive en medio de un monocultivo.

La sociedades establecen leyes para asegurar la supervivencia. Si las reglas del mercado fueran una maravilla, no habría necesidad de crear leyes, ni de que hubiera legisladores, jueces y policías. Cuando un mecanismo económico amenaza la libertad, la sociedad, a través de su instrumento, el Estado, debe intervenir.

Negros nubarrones se ciernen sobre la libertad ¿Quién controla la internet? ¿Quién controla las redes sociales? ¿Quién controla la Inteligencia Artificial? Cuando todo sea digital lo será también la palabra escrita ¿Quién nos garantiza que cuando todo sea digital, el que controle el mundo digital no borre de un plumazo (de un deletazo) al Dante, a Shakespeare y a Baudelaire? Mientras el libro esté ahí como cosa física, podremos saber qué cosa en verdad dijo el poeta.

Vivimos la sustitución de la realidad: el azúcar que nos venden como azúcar no es azúcar; los escritores no escriben, transcriben; los pechos de la actrices no son de carne, sino de silicona; los centros de enseñanza no enseñan, adoctrinan; los informativos no informan, aterrorizan; los medicamentos no curan, atrapan; y los gobiernos no gobiernan, administran.

¿Si nosotros no gobernamos a través de nuestros gobiernos, quién en realidad gobierna y cómo debemos llamar al régimen político que vivimos?

 

 

Marcelo Marchese
2026-05-12T11:47:00

Marcelo Marchese

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