El desafío del equilibrio: el rol del MPP, la gestión gubernamental y el futuro de la izquierda. Esteban Valenti
10.09.2026
Voy a dar un paso imprescindible de honestidad política, con todos los uruguayos y en especial con los votantes de izquierda y los frenteamplistas.
Voy a responder la pregunta del título. En las conversaciones particulares a todos los niveles del país la respuesta es muy clara: la responsabilidad de la muy mala situación política para el gobierno y para el Frente Amplio es del MPP.
No es ninguna pregunta especial, nos la formulamos todos los uruguayos que tenemos el menor, el más bajo interés en la política: ¿de quién es la responsabilidad?
Partamos de los hechos, que son siempre una fuente inexorable de información: el MPP obtuvo nada menos que el 41 % del total de los votos del FA en el 2024. Tiene la mayoría de los legisladores y cuenta con un gran número de ministros y de cargos en el gobierno. Es una injusticia atribuirle toda la responsabilidad al presidente Orsi, quien tiene sin duda la suya, no por la mala comunicación sino por razones más profundas, que hemos analizado en varias columnas y que seguiremos analizando con rigor.
Voy a tener que aportar mi propia versión personal sobre los ministros en su conjunto y los altos cargos de confianza. En esta oportunidad no voy a dar nombres; si fuera necesario y como es mi costumbre, política y no solo periodística, daré los nombres correspondientes.
No tengo una buena impresión -ni creo que la tenga la mayoría de los uruguayos, ni siquiera los frenteamplistas, y hasta podría decir que los propios votantes del MPP- sobre la gestión en la Torre Ejecutiva y en la inmensa mayoría de los ministerios ocupados por integrantes del MPP.
Sería bueno que siguiendo la costumbre que han abandonado todas las empresas encuestadoras evaluaran la opinión sobre la opinión pública en relación a cada uno de los ministros, en el electorado en general y en los votantes de Orsi en el balotaje y sin errores matemáticos.
De acuerdo a mi experiencia, se salvan dos o tres ministras y un ministro del MPP. No es una cifra al azar; estoy en proceso de observación aguda de la capacidad de estudio, de la aplicación de una política nacional y del cumplimiento de políticas realmente progresistas y de izquierda.
En este juicio no solo estoy analizando a los altos cargos del gobierno y de las empresas públicas, sino también a los que fueron designados por el presidente, incluso antes de asumir el cargo. También, oportunamente y con razones fundadas, opinaré sobre esos ministros.
En este momento opino en general sobre la responsabilidad del MPP y sus diversas componentes, que muchos sabemos que existen ocupando cargos de poder y de las que nadie dice una palabra.
Voy a tomar un ejemplo con nombre y apellido: el exsenador Charles Carrera, con quien en el gobierno se han cometido graves perjuicios en su disputa judicial y penal, al no proporcionarle las pruebas que estaban depositadas en el Ministerio del Interior. Toda esta situación apareció en varias oportunidades en la prensa. ¿Quién es el responsable o los responsables y a qué niveles, considerando que tuvo un comportamiento ejemplar al renunciar de inmediato al Senado, pero ocupa igualmente un cargo importante en el MPP e incluso es el representante del Movimiento en la Mesa Política del FA?
Estando los documentos en el Ministerio del Interior, ninguno de los tres jerarcas de esa cartera pertenece al MPP; por lo tanto, surge de inmediato una nueva pregunta: ¿Quién es capaz de imponer una sanción tan dura contra un compañero sin el aval de alguien de la dirección del MPP o de la Torre Ejecutiva?
Carrera viene ganando los diversos juicios en apelación, aunque le «tocaron» a nivel de fiscalía situaciones nada favorables; en Uruguay, a pesar de esta grave situación institucional, a nivel de los jueces todavía hay justicia. Este sería un tema para discutir seria y profundamente, sobre todo públicamente, donde la responsabilidad es de la Fiscalía, pero fundamentalmente de los tres partidos de la Coalición (blancos, colorados e independientes), que la han creado y la defienden a toda costa, incluso oponiéndose a los proyectos del diputado Álvaro Perrone, de Cabildo Abierto, quien propuso una ley para resolver la inamovilidad de la actual fiscal general de la Nación. Vamos a abordar como corresponde también este tema, sobre el cual hace demasiado tiempo que todos hablamos en los pasillos y callamos en los medios.
La primera reacción de los involucrados -el MPP y todas sus diversas componentes (y que las hay, las hay)-, de muchos sectores del FA y de sus máximas autoridades, será levantar la bandera de la defensa de la unidad del FA. Es falsa y equivocada.
Si se perpetúa esta mayoría del MPP dentro del Frente Amplio, con la carencia notoria de cuadros que tiene el movimiento y con esa sed desmedida de poder -incluyendo que la prioridad de algunos de sus integrantes es ser candidato a la presidencia de la república y que esa es su absoluta prioridad-, el MPP parece regirse por este orden de prioridades: primero la prioridad personal, segundo la del MPP, tercera la del FA... y muy lejos, en último lugar, la nacional. Esto no aplica a todos los integrantes ni a las bases del MPP; por eso observamos con asombro algunas contradicciones entre el presidente y alguno de sus ministros. En un país institucionalmente serio, esa situación no duraría un día; debería primar la opinión del presidente Orsi. Ese es otro de los motivos por los que la ciudadanía critica abiertamente al propio presidente y al estilo casi único de este gobierno.
Imaginen que durante los gobiernos de Tabaré Vázquez se hubieran producido esas contradicciones: en menos de 24 horas los ministros o el comandante en jefe del Ejército hubieran sido sustituidos. Digo mal, fueron sustituidos. No así durante el gobierno de Mujica.
Con el objetivo de respetar la verdad de los hechos, debemos recordar que cuando el ministro de Economía de ese momento, Danilo Astori, quedó enfrentado al presidente Vázquez en la discusión del presupuesto nacional del año 2005, primó la cordura y el interés nacional, y no la del director de la OPP, y Astori continuó en su cargo.
Debe preocuparnos profundamente si en el MPP los dos cuadros de primer nivel que han demostrado ser realmente frenteamplistas y con una clara prioridad por las políticas nacionales -como la exvicepresidenta y exsenadora Lucía Topolansky, y el exsenador y exministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ernesto Agazzi- han sido totalmente dejados de lado de los cargos de dirección y, sobre todo, no se les da la importancia que por su experiencia y sus posiciones políticas verdaderamente de izquierda deberían tener en el gobierno y, fundamentalmente, en el MPP. Esto es también, en el caso de Lucía Topolansky, una realidad conocida por la mayoría de los cuadros del MPP y de todo el Frente Amplio. Que alguien lo niegue. Argumentar que es por motivo de edad, es totalmente absurdo en anteriores gobiernos del FA tuvimos cuadros de la misma generación que Toplansky y Agazzi.
Si todavía el MPP mantiene una imagen positiva dentro del FA, a pesar de que sus principales cuadros es seguro que no la presentan, es por la vieja generación, en especial por José Mujica.
Lo peor que le puede suceder al FA para recuperar terreno ante la actual situación de muy malos resultados en las encuestas es que estos temas no se discutan, y sobre todo que el MPP siga siendo la fuerza dominante y aplastante dentro de la coalición de izquierdas.
Eso no solo es malo a nivel de la coyuntura política -que ya ha sido sancionada por los electores, quienes deberían interrogarse sobre su propia responsabilidad-, sino también para poder competir en las elecciones de 2029: de continuar la imagen y la realidad de una supremacía del MPP a estos niveles, se compromete el futuro resultado electoral. Esto debería ser asumido por el FA en su conjunto; es obvio que el MPP no está interesado en que este reequilibrio suceda -lo cual es comprensible-, pero el resto de las fuerzas políticas sí deberían preocuparse mucho y ver cómo volver a equilibrar el FA, de acuerdo a su tradición y su historia. Y terreno para eso se ve claramente conversando con los votantes del FA, actualmente la mayoría tiene enormes dudas sobre a quién votar, son indecisos.
La situación es mucho más grave si se considera que dirigentes del MPP de Cerro Largo pronunciaron una frase extremadamente peligrosa a nivel de los organismos del FA local -tema que ya tratamos en una columna anterior, y parece que esa columna no le gustó a la diputada de la 609 de ese departamento-: que «mandan los votos».
Lo vamos a repetir: con ese concepto político no hubiera nacido el Frente Amplio, ni hubiera subsistido a los diferentes momentos en que predominaron diversos sectores, en particular en el año 1989, cuando la lista 1001 (Partido Comunista, Fidel y otros grupos) obtuvo el 46 % de los votos del FA en las elecciones nacionales y tenía una amplia mayoría en el Congreso del FA.
No sucedió cuando la mayoría electoral fue de la 2121, ni del Partido Socialista, ni en ninguna oportunidad electoral anterior. Nadie pretendió imponer las mayorías electorales por encima del consenso y la búsqueda de la unidad. Ni con el PCU que a pesar de la división mantuvo un importante número de los delegados en los Congresos del FA.
Es un tema incómodo, pero necesario; cada vez que el FA ocultó sus situaciones para los ámbitos internos, perdimos todos, como por ejemplo en el caso de Raúl Sendic (h).
Veremos si alguien se atreve a responderme o también a dar sus opiniones sobre este tema. El país y el FA lo necesitan.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)