El discurso del presidente. Magela Misurraco

14.02.2026

El presidente tropieza al leer. Corrige sobre la marcha, pierde fluidez, deja la sensación de estar resolviendo el texto en lugar de dominarlo. Ante las críticas, redobla la apuesta y dice que no va a cambiar.

 

Un discurso presidencial no es una intervención más. Es un acto institucional. No expresa solo una posición política: representa al Estado. Por eso la forma no es un detalle secundario. La precisión, el ritmo y el control del lenguaje forman parte del ejercicio del poder.

Nadie gobierna improvisando cada palabra. Angela Merkel leía con sobriedad y exactitud; Barack Obama, incluso frente al teleprompter, modulaba pausas y construía énfasis con un ritmo trabajado. No se trata solo de carisma, sino de preparación.

Apelar a la autenticidad -"ser uno mismo"- puede ser un valor electoral. En el gobierno, en cambio, la exigencia es otra. Requiere profesionalización y conciencia de investidura.

El discurso presidencial no es confesional ni íntimo: fija agenda, ordena prioridades y envía señales hacia adentro y hacia afuera. Cuando falla la forma, no solo se debilita el mensaje; también se erosiona la autoridad que lo respalda.

Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.

Foto: Presidencia de la República

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2026-02-14T11:03:00

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