El escudo de las Américas. El comando sur y la política. Jorge Jouroff
18.08.2026
El General Francis Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, anunció a principios de agosto la activación de la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental, como "brazo operativo del Comando Sur, sosteniendo que, "a través de ella se ejercerá una presión sistémica total sobre las redes que amenazan nuestra patria y nuestros socios en esta región compartida"
A pesar de su importancia, la medida sólo fué difundida por medios especializados, generalmente militares, y alguna agencia europea. Para comprender su importancia, hay que comenzar por el Comando Sur y las relaciones de éste con las políticas del gobierno norteamericano, en especial las últimas enunciadas por el presidente Trump, y la guerra contra las drogas.
Los Comandos
El Comando Sur es uno de los siete comandos territoriales (o geográficos) con que Estados Unidos divide operativamente el globo terráqueo y coordina las operaciones de América del Sur y Central, desde la frontera de México hasta Tierra del Fuego. Para comprender la importancia del sistema, los otros comandos son el Comando Norte (Canadá, México y las Bahamas), Comando de Africa, de Oriente Medio y Asia Central, el Comando Europeo, el Comando del Indo -Pacífico y el Comando Espacial, que coordina las operaciones en el espacio exterior. También cuenta con cuatro comandos funcionales, que no dependen de una zona geográfica determinada sino que operan a nivel global. Ellos son el Comando Cibernético, el Comando de Operaciones Especiales, el Comando de Transporte y el Comando Estratégico, que dispone de las armas nucleares.
El Comando Sur
El comando es un mando conjunto integrado por alrededor de mil doscientos hombres, civiles y militares, que representan a las Fuerzas armadas (ejército, marina y aviación) pero también a la Guardia Costera y varias agencias federales, sobre todo de inteligencia, como la CIA y la DEA, por ejemplo. Es decir, que no sólo es un mando conjunto (porque comprende varias fuerzas) sino también interagencial (por comprender distintas agencias, civiles o no, incluyendo por supuesto inteligencia). Operativamente, esto es, las fuerzas que dispone, incluyen un componente de operaciones especiales conjuntas y lo que denominan Fuerzas de Tareas, es decir, fuerzas que reúnen varias unidades que se complementan creadas para determinado fin. De éstas últimas, nos enteramos que el Comandante activó la Task Force Conjunta, definida justamente como "brazo operativo del Comando Sur-" La misión de esta Fuerza de Tarea será "sincronizar capacidades militares y aplicar una presión sostenida contra las redes que amenazan nuestra seguridad colectiva", según afirmó el jefe del Comando Sur.
La instrumentación de la política
La estructura de los comandos regionales permite a Estados Unidos intervenir en cualquier lugar del globo que estime se están obstaculizando sus planes o intereses, que están determinados por la política definida por el poder político, y en particular por el presidente. Existe una continuidad entre las políticas enunciadas por los organismos directores y el gobierno y la construcción de los instrumentos, de las estructuras (entre ellas los comandos) que hacen posible la aplicación de esas mismas políticas. En el caso que nos ocupa, la publicación de la Doctrina de seguridad nacional, y posteriormente la Doctrina militar de seguridad nacional, plasmaron claramente la política del gobierno que, una vez definida China como la principal amenaza, consiste en negarle el acceso a lo que consideran su territorio, o como suele decir el Presidente Trump, "nuestro hemisferio", del cual América Latina es parte, pero no todo.
La política, la doctrina y lo operacional
Existe por tanto una línea roja que une las declaraciones políticas, los documentos del gobierno y su instrumentación operacional, claramente demostrada. Hace ya años, que la comandante Laura Richardson expresó que, entre las prioridades del Comando Sur figuraba negarle a China el acceso al continente. Con una gran franqueza expresaba que el continente "era nuestro" y por lo tanto le preocupaban las intromisiones de China en el sur de Argentina, y, sobre todo, el avance en la construcción de infraestructura en nuestros países con tecnología y capital chinos. También aventuraba la hipótesis de un conflicto, en cuyo caso bregaba por negarle a China el acceso a la hidrovía, al comercio cerealero y a los metales raros, sobre todo el litio. Con la asunción de Trump se continuó en esta línea y, con la publicación de la doctrina de seguridad nacional, se explicitó también la necesidad de construir una alternativa política de derechas para el continente. Se trataba de reunir los gobiernos latinoamericanos en una nueva iniciativa, no institucional, voluntaria pero con invitación, que Trump llamó "escudo de las Américas". En el fondo, es una coordinación de líderes de derecha, pro Trump, ahora en los gobiernos. Tan así, que a esa reunión fundadora no fueron invitados ni los gobiernos de Brasil y Méjico, ni tampoco el nuestro, por más que lo quisiese. Además, y posteriormente en julio, se efectuó la reunión de ministros de defensa, donde se "instó a los países de la región para que incrementen de manera significativa sus inversiones en defensa". El subsecretario de defensa de Estados Unidos, Elbridge Colby, declaró que "es fundamental que se invierta más en defensa", recordando que "hay países que "sólo invierten el 1 o 1,2% en defensa", calificándolo como "una afrenta al sentido común". Por ello invitó a seguir el camino de Europa, que, bajo presión, elevó su gasto militar básico al tres y medio por ciento del PBI, más un uno y medio adicional para seguridad.
La amenaza narco terrorista
Pero tanto o más importante que lo anterior, fue definir como la principal amenaza "el narcoterrorismo" y pretender combatirla con la fuerza militar. El narco, se ha dicho hasta el hartazgo, es ante todo un negocio. Una empresa ilegal con enormes márgenes de ganancia, que necesita una gran y compleja estructura para funcionar. Desde las plantaciones, su procesamiento, la distribución y sobre todo, la etapa en la cual el dinero vuelve al circuito financiero legal, la etapa del lavado, que necesita de toda la estructura financiera mundial. Como se ve fácilmente, lo que se necesita ante todo es inteligencia. Es difícil sostener que fuerzas militares puedan acometer esa tarea y que con represión se solucione el problema. Es más, si de algo hay ejemplo en la historia, es del fracaso de esa opción, y para prueba basta ver el desarrollo de la "guerra a las drogas" y el plan Colombia, que contó con todos los medios militares, incluida la intervención norteamericana.
Hoy vemos sin embargo el anuncio por parte del secretario de defensa norteamericano, Pete Hegseth anunciar que la reciente coalición antidrogas se fijo el objetivo de "degradar, desmantelar y destruir las redes narcoterroristas" y pidió a los países latinoamericanos que "intensifiquen su lucha y se unan a las fuerzas armada estadounidenses en operaciones antidrogas", lucha que se daría en territorio latinoamericano, dando por sentada la intervención. Hace un año, el Presidente de Ecuador Daniel Noboa aseguró que aceptaría "con mucho gusto" la ayuda de Washington para librar su "guerra" contra las organizaciones criminales transnacionales, recibiendo a la Comandante Richardson y un equipo de asesoramiento. Y ahora, hace unos días, el nuevo presidente de Colombia proclamó unirse a la cruzada.
Vistas así las cosas, la política de defensa, el "escudo de las Américas", la creación de la task force, no son más que eslabones de la misma política que los latinoamericanos ya conocen, y que terminó en intervención, sangre y dictaduras sin solucionar ninguno de los problemas que se proponía solucionar. Más bien al contrario, terminaron creando problemas mayores que los ya existentes. Y siempre comenzaron así, con la política, la definición de amenazas, y, sobre todo, disciplinando la tropa.
Jorge Jouroff