El eslabón más fuerte. Federico Rodríguez Aguiar

10.09.2026

Hablar del campo uruguayo es referirse a la producción, al trabajo, al esfuerzo y a una forma de vida profundamente ligada a nuestra identidad. Pero también es necesario reconocer a quienes son parte esencial de todas esas historias.

En cada establecimiento, junto a  cada producción y dentro de cada comunidad rural, hay historias de mujeres que han sabido sostener, transformar y hacer crecer el trabajo del campo. Mujeres que muchas veces aprendieron desde pequeñas el valor de la tierra y  del esfuerzo, y que hoy continúan aportando con la misma dedicación, aunque en un escenario que exige cada vez más conocimiento, innovación y capacidad de adaptación.

La mujer rural uruguaya es productora, emprendedora, empresaria, trabajadora y generadora de valor. Su participación está presente en todos los sectores de la actividad agropecuaria: la ganadería, la agricultura, la lechería, la producción ovina, la horticultura, la avicultura, la forestación y también en pequeñas producciones que encuentran en la transformación y la comercialización una oportunidad para crecer.

Su trabajo está hecho muchas veces de jornadas largas, decisiones difíciles y una enorme capacidad para adaptarse a los cambios. Es un trabajo que requiere conocimiento, compromiso y perseverancia, pero también una profunda conexión con la tierra y con aquello que se construye pensando en las próximas generaciones.

Su aporte no termina en la producción primaria. Agregan valor a lo que produce el campo mediante la elaboración de quesos, conservas, dulces, alimentos artesanales, tejidos y otros productos que llegan al consumidor con una identidad propia. También participan en la administración de establecimientos, en la comercialización, en la incorporación de tecnología y en la búsqueda de nuevos mercados.

Hay además una dimensión que no siempre se ve: la capacidad de transmitir conocimientos, valores y formas de hacer que pasan de una generación a otra. En muchas familias rurales, las mujeres han sido protagonistas de esa transmisión, manteniendo vivos saberes, historias y tradiciones que forman parte de la identidad de nuestro país.

Cumplen, además, un papel fundamental en el arraigo. En muchas localidades y comunidades del interior, su participación contribuye a mantener actividades productivas, organizaciones sociales, emprendimientos y tradiciones que forman parte de la identidad de nuestros pueblos. Porque arraigar también es elegir quedarse, apostar por el lugar donde se nació o donde se construyó una familia, y encontrar allí oportunidades para seguir creciendo. En ese desafío, muchas mujeres han sido verdaderos motores de sus comunidades.

Reconocer esta realidad implica también hablar de las dificultades que todavía existen. El acceso a la tierra, al financiamiento, a los recursos productivos, a la capacitación y a los espacios de decisión continúa siendo un desafío para muchas mujeres vinculadas al agro. Superar esas barreras es también una forma de fortalecer el desarrollo del medio rural y aprovechar todo el potencial que existe en nuestras comunidades.

Visibilizar su trabajo es valorar una parte fundamental de lo que somos como país.

 

Federico Rodríguez Aguiar. Analista en Marketing, egresado de la Universidad ORT-Uruguay, con sólida formación en estrategias comerciales y desarrollo económico. Su trayectoria académica está complementada por diversas certificaciones y cursos internacionales en áreas clave como la gestión pública, cooperación internacional, y liderazgo.

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2026-09-10T12:41:00

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