El fenómeno Vannacci sacude la UE. Stefano Casini

20.10.2026

La izquierda histórica, aquella de la que formé parte en mi juventud durante el Mayo del 68, el hippismo y la militancia orgánica, se caracterizaba por líderes sólidos. Los Seregni, Michelini, Batalla, Crottogini y hasta personajes sindicales como D'Elia, tenían una doctrina clara.

 

Defendían principios universales y conquistas sociales concretas. Separaban, por higiene intelectual, las reivindicaciones laborales de las concesiones identitarias. Hoy, en un giro cómico si no fuera trágico para sus intereses, la izquierda abrazó una doctrina que, bajo el paraguas de una "libertad religiosa absoluta", opuesta al dogmatismo soviético, termina priorizando y amparando dogmas religiosos aliándose con el Islam radical más rancio, por encima de los propios valores ilustrados y laicos de Occidente. 

Es la primera vez en la historia evolutiva de nuestra especie, que un grupo humano defiende activamente a corrientes que, en su matriz más ortodoxa, se oponen de forma frontal a las libertades individuales que ellos mismos dicen proteger. Esta "comprensión a ultranza, condimentada por una Justicia cómplice" normalizó espectáculos aberrantes. como manifestaciones violentas, ocupaciones ilegales de viviendas privadas tratando con guante de seda a los okupas. 

La Justicia de "puerta giratoria", permite el aumento de los lobos mercenarios-solitarios, mientras olvida enterrar a las víctimas de estos desmanes sociales y deja indefensas, hasta las Fuerzas del Orden. Para entender cómo la falta de principios destruye el capital político, solo hay que mirar Italia, el mejor laboratorio político  occidental. 

Es en Italia que, el desguace de la coherencia, dejó cadáveres políticos insólitos, desde Beppe Grillo a Renzi, desde Salvini a los hijos de Berlusconi. Tomemos a Matteo Salvini. En 2019, el líder de la Lega ostentaba un arrollador 34.3% de la intención de voto. Se paseaba en la playa, mojito en mano, como el dueño indiscutible del futuro italiano. 

Hoy, tras una colección de contradicciones y pataletas estratégicas, su partido representa un raquítico 5.4% del electorado. La caída fue tan profunda que la Lega fue devorada por un auténtico outsider, el ex general Roberto Vannacci y su movimiento Futuro Nazionale, que ya lo supera cómodamente rondando el 8% de los apoyos totales. Por el mismo barranco corre Giuseppe Conte y el Movimento 5 Stelle (M5S). ¿Que le queda hoy a esa fuerza que en 2018 logró el 32.7% de los votos bajo un espíritu transversal antisistema? Hoy es un partido que apenas flota sobre el 12% porque Conte, en un acto de desesperación zombi, decidió arrojar las siglas a los brazos de una extrema izquierda dogmática, traicionando el alma original de su electorado. 

La hoja de ruta política de Conte, es una obra de arte del camaleonismo político: un primer ministro que jamás fue elegido en las urnas por los ciudadanos, que gestionó de manera lamentable y caótica la pandemia y que, para mantenerse en el poder no dudó en gobernar en coalición consecutivamente con sus supuestos enemigos jurados, la Lega y Forza Italia. 

En este escenario de desamparo institucional donde emergen figuras como Donald Trump, Giorgia Meloni, Javier Milei, Nayib Bukele, Kast en Chile, Flavio Bolsonaro, De la Asprilla, Fujimori, Rodrigo Chaves, Mulino en Costa Rica, Nerenda Moudi en India, Robert Fico en Eslovaquia, Karol Nawrocky en Polonia (se me pudo escapar alguno)  el  General Vannacci se convierte en la aguja de la balanza en Italia, equiparándose a Forza Italia y obligando a la poderosa Giorgia Meloni, quien lidera cómodamente las intenciones de voto, con un 27.7% y su Fratelli d'Italia, a radicalizar su discurso para no perder votantes a manos del líder de ultra derecha que promete un accionar estilo Bukele. 

El electorado occidental no se  volvió ideológicamente fascista de la noche a la mañana, simplemente se volvió un electorado reaccionario en el sentido más estrictamente biológico de la palabra: reacciona con pánico ante el desorden y demanda un muro de contención ante el caos. 

Los nuevos líderes de la derecha radical no necesitan sofisticadas y costosas campañas electorales para sumar adhesiones; les sobra con señalar la realidad que la izquierda prefiere ignorar. 

No escribo estas líneas desde la vereda de la derecha tradicional, la justificación de la represión autoritaria, que siempre me pareció repugnante, o del lado de esta izquierda ciega. Lo hago desde la honestidad de quien conoció las utopías del siglo XX y hoy ve cómo la estupidez de una izquierda de salón, más atenta a las ideas de Gramsci pre revolución bolchevique (colega de Benito Mussolini en el Semanario Avanti del PSI),  que a la canasta básica o la seguridad pública, le pavimentó el camino al retorno de los nacionalismos más duros. 

Si la política actual sigue sustituyendo el sentido común por el dogma políticamente correcto y el postureo digital, el Homo Sapiens Sapiens pasará a la historia, no por su capacidad de razonar, sino por haber sido la única especie capaz de extinguirse por soberbia intelectual.

Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal  de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.


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2026-10-20T23:47:00

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