El fin de la mayoría silenciosa. Magela Misurraco
18.04.2026
Durante décadas, la política habló en nombre de un sujeto anónimo que interpretaba a la gente común: la “mayoría silenciosa”. Una masa difusa, moderada, supuestamente sensata, que no gritaba, pero decidía. No estaba en la calle, no militaba, ni polemizaba: votaba. Redes mediante, la realidad cambió.
La "mayoría silenciosa" era una figura útil que cumplía varias funciones a la vez. Ordenaba el discurso, legitimaba posiciones, hacía suponer ("esto es lo que la gente quiere"), sobre todo, introducía una idea tranquilizadora: más allá del ruido, había una masa estable, moderada que no hacía ruido, pero que ordenaba el sistema con su voto. Sostenía la idea de que más allá del conflicto visible había un consenso implícito.
El problema es que esa masa dejó de existir. O, al menos, dejó de comportarse como tal. Hoy casi nadie está en silencio.
No porque todos participen políticamente en el sentido clásico, sino porque todos reaccionan. Opinan en redes, comentan, comparten, adhieren o rechazan en tiempo real. La conversación pública ya no tiene zonas mudas. En cuestión de horas, un detalle político, adquiere una resonancia insospechada que permite operar como termómetro del estado de opinión.
Eso cambia algo más profundo de lo que parece.
Primero, porque la visibilidad reemplazó a la representatividad. Antes, quien lograba interpretar ese "silencio" acumulaba poder. Hoy, quien logra volverse visible -aunque sea para una minoría intensa- condiciona la agenda. La política deja de buscar mayorías estables y pasa a gestionar (cada vez más débilmente) minorías activas.
Segundo, porque el ruido se volvió dato. Lo que antes podía descartarse como marginal hoy se mide, se segmenta y se amplifica. No importa tanto cuántos son, sino cuánto inciden. La intensidad empieza a competir con la cantidad.
Antes, un error político podía quedar encapsulado en una conferencia de prensa o en un recorte de diario. Hoy se hace viral y se replica ene veces. Pero la gente también reacciona cuando se cambia un logo o cuando se hace una encuesta online. La minoría es cada vez más mayoría o, al menos, es más ruidosa. Incide más en la opinión entre pares.
En tercer lugar, sin silencio desaparece la ilusión de consenso. Todo está dicho, todo está expuesto, todo tiene respuesta inmediata. Eso vuelve más difícil construir acuerdos amplios y, también, más difícil sostener pretensiones de unanimidad.
Cuando alguien apela a la "mayoría silenciosa" en realidad está hablando de un electorado que ya no logra leer con claridad. La política todavía actúa como si hubiera un fondo quieto que, en algún momento, se va a expresar. Cuando lo que hay es un ruido constante, fragmentado, a veces contradictorio, que no se deja ordenar fácilmente.
Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias