El fundamental papel de las clases medias en el mantenimiento del sistema capitalista. Carlos Pérez Pereira

22.07.2026

Algo que no previeron los ideólogos de los trabajadores, fue la capacidad de las clases dominantes de crear y reproducir condiciones para su propia sustentabilidad.

Cuentan que uno de los descendientes del más antiguo de los Rockefeller, en un ciclo de conferencias para jóvenes, respondió a la siguiente pregunta:

-Usted es un ejemplo para nosotros. ¿Cómo hizo su enorme fortuna personal?

-Me levantaba a las seis de la mañana y trabajaba durante 14 horas por día, durante los 365 días del año, sin descanso. Y además, uno de mis abuelos me dejó una herencia de 1000 millones de USD que bastante me ayudó.

Conclusión: no solo el esfuerzo personal permite concentrar fortunas, hay otros factores que ayudan. Y, a veces, son los únicos.  

Las clases dominantes necesitan de una clase media ideológicamente ambigua y políticamente oscilante, condicionada por su situación social. Los integrantes de los sectores medios aspiran a ascender en la escala social, o, por lo menos sacar buenas tajadas de la gran torta llamada PBI. Es una ilusión que es mantenida desde que son niños, mediante "ejemplos" como el de la anécdota.  Pero la realidad es que las posibilidades de movilidad social inter clases, es cada vez más difícil y llena de escollos. Más de bajada que de subida. Y por pocos que suben, hay millones que bajan o se mantienen a duras penas. Y es que la concentración de la riqueza de esos pocos, supone la pobreza de los muchos. Son términos que se oponen: es matemática, económica y socialmente imposible que proliferen millones de Rockefeller, pero es posible que, al surgimiento de algunos de estos, la pobreza se generalice.     

Si bien las riquezas se multiplican y se concentran en pocas cuentas bancarias, los acaparadores de los abundantes recursos terrenales, reproducidos por la industrialización, la ciencia y la tecnología, manejan márgenes de ganancias suficientes como para alimentar el individualismo y la ilusión de ascenso de los sectores medios. Además de la transmisión intergeneracional de sus valores, estructuran redes de contención para que no caigan del todo, los mantienen inmóviles, sedados, les administran anticuerpos para no ser atraídos por agentes de la envidia, del derrotismo, de las frustraciones, es decir del comunismo, del socialismo, del anarquismo y de otras lacras antisociales que engañan a los pueblos, según sus palabras.  

En el seno mismo esos sectores, se han construido una red de anticuerpos contra la solidaridad, el altruismo, el colectivismo, para fortalecer al mejor aliado del sistema. Un escollo en la aplicación de las doctrinas ortodoxas de cuño marxista, las que debieron adaptarse a nuevas realidades. A partir de la modernidad y avanzados los años post guerra fría, el sistema alteró los términos de la dialéctica patrón/obreros, pilar donde descansa la construcción de teoría economía marxista: la teoría del valor (valor de uso, valor de cambio). En países donde los trabajadores vinculados directamente a los medios de producción, son cada vez menos, con los marginados de todos los circuitos comerciales y culturales, aumentan los sectores medios, sin conciencia de clase, competitivos y cargados de ideas individualistas hegemónicas en el capitalismo. Ese magma social, es el caldo de cultivo propicio para el nacimiento y crecimiento de lo que la politología llama "el neofascismo corriente", de quienes besan las manos y aprueban las acciones de sus propios verdugos, o verdugos de otros, tan o más pobres y postergados como ellos. Se refrenda, con claridad, aquella afirmación atribuida a Carlos Marx: "la pequeño burguesía es la prostituta de la historia".

La lucha ideológica (hoy "lucha cultural") se dilucida a través de la repetición de conceptos, que calan en la mentalidad media, a través de mecanismos que van desde la educación, el dominio mediático, las entidades religiosas, hasta las redes informáticas que juegan un papel decisivo en la elección de las elites conductoras de la economía de los países.   

Los ricos elaboran otros sutiles mecanismos de contención a posibles descontentos con el sistema de opresión: y apelan a la caridad, a la filantropía y a "ayudas circunstanciales". Desechan subsidios o promesas de cambios sociales. Sostienen que los subsidios alimentan la vagancia y reproducen la misma pobreza que se quiere eliminar. Diluyen las consecuencias, con la caridad privada y la filantropía, métodos que alivian la conciencia y se constituyen en el mejor subterfugio para mantener pobres a quienes ya lo son. Es la mayor hipocresía de los poderosos, alentada por multimillonarios y base ideológica de religiones utilitarias, manipuladoras de conciencias para sustentar los sistemas capitalistas, de los que extraen sus beneficios.

Estos mecanismos seducen a millones. Los adeptos entregan, entre sonrisas de beatitud, todo lo que tienen a líderes carismáticos, tanto en esmirriados bienes como en votos, cuando éstos se largan como candidatos en elecciones locales o nacionales. Con la entrega parcial o total de sus bienes, enriquecen a manipuladores oportunistas y con los votos entregan la dignidad personal y las soberanías nacionales. Las masas adormecidas y subyugadas por esos líderes, tipo Milei, De la Spriella, Bolsonaro, Buquele, los siguen, porque representan a la corporación silenciosa de los "pequeños fascistas" que cada uno lleva en su interior. Luego, cuando se reviertan las medidas en contra de ellos (porque el "derrame" no llega) o sus familiares, se harán los sorprendidos y recurrirán a excusas tipo "yo no lo voté" o "me engañaron". Y quizás, desesperados, enojados, voten nuevamente a la izquierda, puesto que la oscilación ideológica es su modo de vida y de expresión política. Aunque a sus pies, y en gran parte por su culpa, el piso se derrumba, y tarde o temprano los arrastrará.

 

Carlos Pérez Pereira

Columnistas
2026-07-22T09:46:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias