El giro uruguayo más peligroso. Esteban Valenti

28.09.2026

"Uruguay gira a la derecha: la brecha de 8 puntos con la izquierda es récord, según Equipos", titulaba UYPRESS la semana pasada. Este retroceso histórico es mucho más grave que los resultados sobre la gestión de gobierno; es la confirmación de la derrota cultural de la izquierda y el serio compromiso para el futuro.

"Equipos Consultores, en un análisis conjunto con el Centro de Estudios para el Desarrollo, detectó ocho puntos de ventaja de la derecha sobre la izquierda, la mayor diferencia del siglo XXI, que no se registraba con esa magnitud desde fines de los años 90".

"El mapa ideológico de los uruguayos comienza a mostrar un cambio significativo. Las mediciones de Equipos Consultores correspondientes a 2026 indican un desplazamiento hacia la derecha, que por primera vez en más de dos décadas vuelve a abrir una ventaja clara sobre la izquierda", según consigna el diario El País.

La derecha y los blancos saltando de alegría y un silencio sepulcral en la izquierda. Sería de esperar que los dirigentes de la izquierda, de los partidos, del propio Frente Amplio, opinaran, a menos que la ideología ya no les interese más.

O como algunos, que le echan la culpa a las encuestadoras: el camino más fácil y más equivocado. Esta nueva realidad la deben haber "escuchado", si tienen el oído atento, en sus giras gubernamentales o políticas por el Uruguay, a menos que hayan perdido totalmente la sensibilidad del oído izquierdo.

Esta nota no es una más: para mí es el mayor retroceso de la izquierda ante la derecha en todo el siglo XXI, es la peor noticia que he recibido en muchos años y, aunque varias veces escribí sobre este tema de la derrota en la batalla cultural-los que me soportan lo saben-, esta es la más clara confirmación.

Donde se nota con más evidencia esta derrota es en el tema de la moral. Que el gobierno del expresidente Lacalle Pou haya sido el más corrupto de la historia y mantenga altos niveles de apoyo en la opinión pública es un grito desgarrador de esta derrota nacional, que no afecta solo a la izquierda, sino que afecta al país, transformando la inmoralidad en algo totalmente aceptable.

Nunca en la historia del país se produjo un fenómeno de estas características. Otro gobierno con un alto índice de corrupción y escándalos fue el del presidente Luis Lacalle Herrera. Las elecciones por el fin de su mandato fueron en 1994, y el resultado fue su derrota frente a Julio María Sanguinetti. El Partido Nacional en 1989 ganó las elecciones con 765.990 votos (lo que representó el 37,25% del total de sufragios del país) y los votos a Luis Alberto Lacalle fueron 444.389.

En 1999, con la reforma constitucional, Lacalle y el Partido Nacional obtuvieron en las elecciones nacionales previas al balotaje 472.238 votos. Comparando los votos del Partido Nacional que eligió a Lacalle Herrera (en el período del escándalo del Banco Pan de Azúcar y otros), la pérdida total de votos del Partido Nacional fue de 293.752. Hay que considerar un elemento de fondo: en ambos casos participó el Frente Amplio con un crecimiento sostenido que le restó votos a ambos partidos tradicionales.

En síntesis, un gobierno salpicado de escándalos perdió 293.752 votos con el mismo candidato, Luis Lacalle Herrera, a la presidencia. El Partido Nacional en su votación resultó penalizado de forma importante y perdió las elecciones con el Partido Colorado.

La cultura de la impunidad ante la inmoralidad a nivel del partido y su principal candidato en 1989 y en 1999 fue duramente penalizada, como lo había sido en las elecciones de 1994, cuando quien resultó electo fue un candidato colorado (Sanguinetti) y en la interna blanca triunfó Alberto Volonté (Movimiento Nacional de Rocha), quien derrotó a Juan Andrés Ramírez (candidato del Herrerismo, el movimiento de Lacalle) en medio de duras acusaciones de corrupción de parte de Ramírez, exministro del Interior, contra Lacalle.

Esto es un ensopado, pero está más que demostrado que Lacalle perdió con Sanguinetti las elecciones nacionales y su candidato perdió con Volonté por acusaciones de inmoralidades del propio Lacalle, lanzadas por su ministro del Interior.

Hoy estamos a 19 meses del fin del gobierno de Lacalle Pou, que superó ampliamente la cantidad y la importancia de los escándalos de su padre, y sin embargo lidera todas las encuestas de opinión de votos. Es cierto que faltan muchos meses, pero nunca hubo encuestas en que un presidente acusado de actos de corrupción liderara los sondeos y tuviera una imagen positiva, en tanto el presidente Yamandú Orsi, de centroizquierda, tuviera un saldo negativo de -23 puntos según la última encuesta de Equipos Consultores.

Nadie discute de esto, parece ser lo más natural del mundo; obviamente el debate no lo promueven ni blancos ni colorados, pero debería hacerlo muy en serio el Frente Amplio, tanto desde el punto de vista político como ideológico. Lo debería promover la academia: es un cambio que, en cuanto a la tendencia negativa para la izquierda, no se producía desde el año 1971, cuando se fundó el Frente Amplio.

De la hegemonía de la izquierda al equilibrio

La serie histórica de Equipos muestra distintos ciclos ideológicos desde el retorno democrático. Entre 1989 y 1999, la derecha y la centroderecha ocupaban una posición predominante dentro del electorado uruguayo.

La crisis económica y política que tuvo su punto máximo en 2002 produjo posteriormente una modificación profunda. A partir de entonces comenzó una etapa prolongada en la que la izquierda superó a la derecha, proceso que acompañó el crecimiento electoral del Frente Amplio y sus tres gobiernos consecutivos entre 2005 y 2020.

Ese predominio se mantuvo, con distintas intensidades, hasta aproximadamente 2018. Desde 2019, en cambio, la estructura ideológica ingresó en una etapa de equilibrio. Durante varios años, izquierda y derecha oscilaron en torno al 30% del electorado, mientras el centro y quienes no se identificaban claramente con ninguno de los dos polos representaban cerca del 40%. Esa estabilidad atravesó incluso dos elecciones nacionales sin modificaciones sustanciales.

"En 2025 todavía había equilibrio

Los datos del año pasado permiten dimensionar mejor el cambio. Según el informe de Equipos basado en cuatro mediciones realizadas entre febrero y agosto de 2025, el 28% de los uruguayos se identificaba con la izquierda o centroizquierda, mientras el 31% se ubicaba en la derecha o centroderecha. Otro 41% se situaba en el centro o no expresaba una identificación ideológica definida.

Es decir, la diferencia era apenas de tres puntos. Equipos definía entonces el escenario como una fase de "equilibrio estable entre bloques", iniciada en 2019. La novedad de 2026 es que esa distancia se amplió hasta los ocho puntos, lo que empieza a configurar un escenario diferente.

La derecha recupera terreno

Para Zuasnábar, el movimiento merece atención porque rompe con una tendencia de largo plazo. Durante buena parte de las primeras dos décadas del siglo, Uruguay había mostrado una inclinación ideológica hacia la izquierda o, posteriormente, una situación de equilibrio.

La nueva medición sugiere que la derecha vuelve a ocupar una posición predominante en la autoidentificación ideológica de los votantes. El fenómeno no implica necesariamente que todos esos electores voten automáticamente por partidos de derecha, prosigue la nota de UYPRESS con las declaraciones de Zuasnábar".

La última afirmación del director de Equipos es correcta, pero es parcial; es notorio y no hay que ser un politólogo para señalar que en diversas ocasiones electores que se autoproclamaban de derecha votaban al Frente Amplio. Sin embargo, cualquiera comprende que el crecimiento de la izquierda en el plano ideológico -es decir, del número de ciudadanos que se autoproclaman de izquierda- fue la base sobre la que creció la votación del Frente Amplio.

Ahora estamos ante la perspectiva de que comencemos a caer en la votación del Frente Amplio, con un cambio de tendencia, no solo como en el año 2019 cuando perdimos las elecciones, sino de que por primera vez perdamos el gobierno por un período indeterminado de años. ¿Es eso un cambio radical en la política uruguaya?

Algunos dirán que se trata de alarmismo; yo me baso en el análisis de los datos sobre los que emito mis opiniones. Esto requiere urgente un análisis serio y profundo y, sobre todo, medidas en el plano de gobierno, político e ideológico, y de encarar la batalla cultural de una manera mucho más profunda.

«La conquista del poder cultural es previa a la del poder político, y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos», afirmaba Gramsci en los Cuadernos de la cárcel, donde explicaba que en las sociedades occidentales complejas el Estado es solo una "trinchera avanzada", detrás de la cual se encuentra una sólida cadena de fortalezas y terraplenes constituida por la sociedad civil (la cultura, la escuela, la iglesia, los medios), por lo que ningún cambio político profundo es viable sin transformar previamente ese sentido común compartido.

Aquí estamos en la situación inversa: nosotros tenemos el gobierno, el poder político, y estamos perdiendo la batalla cultural. Eso sí, "las fortalezas y las trincheras avanzadas" se ven muy poco por cierto en el Estado que nosotros gobernamos.

La derecha festeja. La izquierda podría invertir esta fuerte tendencia negativa, todo es cuestión de inteligencia, una línea política adecuada y una profunda batalla ideológica y cultural.

Esteban Valenti
2026-09-28T06:40:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)