El gran pecado de la izquierda uruguaya actual. Esteban Valenti

16.03.2026

¿Es un pecado solo de la izquierda uruguaya? Analizar los pecados, los errores estructurales y sus consecuencias es un elemento clave para avanzar, para no entrar en una decadencia incontenible. Es el corazón de la autocrítica.

El gran pecado o error de la izquierda uruguaya, fue su incapacidad de renovar de manera adecuada, la cantidad y el nivel de sus cuadros políticas, al nivel del crecimiento del número de sus votantes y de sus responsabilidades a nivel del gobierno nacional y los departamentales.

Se perfectamente que es una afirmación muy dura y muy polémica, pero con esos temas hay que privilegiar el rigor y no la diplomacia. La responsabilidad no es de las nuevas generaciones, sino de nosotros, los de las generaciones anteriores. No supimos preverlo, hacerlo como parte natural del desarrollo, del enriquecimiento en calidad de la izquierda.

Hay que considerar que esta afirmación no tiene un contenido "técnico", "académico", sino profundamente político, en un mundo donde los cambios en las formas de gestión, la innovación tecnológica y científica tienen un ritmo nunca antes alcanzado por la humanidad.

Es precisamente este mundo de grandes cambios y grandes desordenes, que reclama más que nunca cuadros políticos de mayor nivel, de mayor capacidad y cultura teórica, de experiencia en la complicadísima relación entre la política y la gestión, pero también en los aspectos profesionales más amplios. Los abogados ya no son los principales políticos, como sucedía antes.

Esta tendría que ser una de las discusiones más profundas dentro de la política uruguaya actual y en especial dentro de la izquierda. Si comparamos la "vieja guardia" del Frente Amplio con la actual, se nota un cambio de paradigma: se ha ganado en eficiencia de gestión, pero se ha transformado (y para algunos, debilitado) la formación de cuadros políticos e incluso los aspectos morales, que son fundamentales en la identidad de la izquierda.

No se trata solo de temas relacionados con el manejo de fondos públicos, la falta de trabajo, de empeño, de "militar" y no cumplir funciones burocráticas, de anteponer las apetencias personales y los sillones a la irrenunciable obligación de servir a la gente, al cambio. No es una debilidad de formación, es algo mucho más grave y esa fue una de las causas por las que se cayó el socialismo real.

Históricamente, la izquierda uruguaya formaba cuadros en la resistencia, el sindicato y la academia teórica. Figuras como Liber Seregni, Tabaré Vázquez, Danilo Astori,  Rodney Arismendi, José D´Elía,  Zelmar Michelini, Juan Pablo Terra, José Pedro Cardoso, Héctor Rodriguez, incluso Hugo Batalla eran cuadros políticos con una formación humanista e ideológica integral. No quiero agregar otros muchos nombres, porque por mi historia cargaría las tintas en cuadros comunistas y sindicales. Una lista muy amplia y seguramente me estoy olvidando de unos cuántos.

Aún fuera del Frente Amplio, en el MLN cuadros como Raúl Sendic José Mujica, Eleuterio Fernandez Huidobro y la vida demostró que Lucía Topolansky, se ha transformado en un cuadro de mucha importancia para la izquierda. O cuadros como León Duarte, Gerardo Gatti y Hugo Cores que ingresó al FA.

Los sindicatos fueron una escuela invalorable de formación de cuadros y por eso recordamos a Wladimir Turiansky, Rosario Pietrarroia, Antonio Iglesias, Eduardo Platero, El Canario Díaz, Antonio Iglesias, Luis Iguini, Didasko Pérez, Carlos Gómez y además de los que mencioné como cuadros políticos, faltan muchos y pido perdón porque mi memoria es breve. La gran mayoría de ellos tuvieron largos años de cárcel durante la dictadura.

Quiero hacer referencia a un caso particular, los secretarios de finanzas del Partido Comunista, voy a recordar solo a dos que conocí: Eduardo Bleier y el "Chumbo" Lanza, uno desaparecido de la dictadura y el otro muchos años preso. Con un enorme valor político, intelectual y moral. ¿Tengo que hacer una referencia con nombre y apellido para que entiendan la diferencia con situaciones actuales en el Partido Comunista?

Y menciono nombres, algunos de esa enorme cantidad de cuadros que tenía la izquierda en el Uruguay, porque no se trata de teoría, de mover el aire, se trata de seres humanos. Por ello mismo debemos reconocer la baja proporción de mujeres en aquellos tiempos.

El cuadro político se validaba por su capacidad de análisis estratégico, oratoria y formación teórica y también por su compromiso y valentía, que lo demostraron por abrumadora mayoría en la clandestinidad, en la cárcel, en el exilio, obviamente en grados diferentes. Y en el regreso los que pudieron hacerlo.

Hay que tener siempre presente que en momento de mayor peso electoral la izquierda superó apenas el 18% de los votos en 1971 con el Frente Amplio y que en elecciones anteriores, todos sumados no llegábamos al 10%.

El éxito de los 15 años previos de gobierno (2005-2020) volcó la formación hacia la gestión pública. Hoy, un cuadro joven de izquierda suele ser un economista, un politólogo o un abogado con posgrados, experto en diseñar políticas públicas pero, a veces, con poca "espalda" para la disputa de relatos ideológicos profundos.

Tengo una percepción de que la izquierda ha "tercerizado" su pensamiento político en académicos y en técnicos, este factor es determinante en generar y mantener una épica o "mística" que conectaba con las bases. Al centrarse en los indicadores (PBI, déficit, Gini), el lenguaje de la izquierda se ha vuelto muy similar al de la gestión empresarial o de centro, lo que genera críticas internas de que se ha perdido la capacidad de formar líderes que cuestionen el sistema.

Anteriormente, los líderes eran generalistas: podían hablar de geopolítica, filosofía y economía con la misma solidez. Los ámbitos de formación han cambiado, antes eran el propio Frente Amplio, el partido, el comité de base, el sindicato. La clandestinidad, la cárcel e incluso el exilio fueron una escuela muy importante.

La izquierda uruguaya ha formado cuadros, pero son cuadros para el ejercicio del poder estatal, no necesariamente para la construcción de pensamiento político alternativo. Hay una sensación de que la "inteligencia" de la izquierda se mudó de los libros de teoría a las planillas de Excel.

Eso se ve particularmente en el discurso, en los relatos que producimos, en el choque de ideas con la derecha y con el centro, en particular por su nivel y su profundidad y en la producción de libros, de aportes teóricos y políticos a la cultura de la izquierda. Ni siquiera tenemos periodistas de izquierda militante, que hagan grandes aportes.

Una pregunta obligada para los cuadros y los partidos de izquierda: ¿Hemos avanzado en sus capacidades y en la profundidad de su pensamiento para esta nueva época, tan llena de contradicciones, de avances tecnológicos, de mecanismos de comunicación e información, de Inteligencia Artificial?

Hay otro aspecto muy delicado y complejo. Antes, el poder, los cargos, tanto a nivel nacional o departamental y local no jugaban el papel que hoy juegan. Un rol lleno de contradicciones, que desnuda las debilidades. No es un problema de maldad, sino de tono ideológico y cultural, disputar cargos, asegurarse posiciones pasó a ser un elemento prioritario. Desarrolló capacidades específicas y deformaciones.

Es cierto que la política, naturalmente y desde siempre incluyó la disputa de poder personal como parte inexorable del sistema, de su acción, incluso de su capacidad, el problema es cuando eso supero todo lo anterior y pasa a ser el factor determinante.

Hablar hoy de un cuadro de izquierda, es siempre asociarlo a que cargo ocupa y que cargo disputa, desde arriba hasta abajo. Lo vivimos todos los días los que nos ocupamos de la política, pero la gente común también lo ve. El que lo niegue vive en otro país.

¿Es malo? Sin ambiciones no hay cuadros políticos, el problema son las proporciones. Cuando los sillones, de los diferentes tamaños, pasan a ser la prioridad, aún con la mejor intención, la ideología - parte fundamental de la cultura de un cuadro - se empobrece y se va apagando.

Se confunde ser vivible, establecer buenas relaciones de poder, esquivar obstáculos y estar siempre a flote subidos o cerca de los sillones a militar, a luchar, a estudiar, a formarse para cambiar la sociedad, la más noble tarea de nuestra política de izquierda.

La prioridad del sillón, obtura totalmente o parcialmente lo fundamental, nuestra percepción, nuestra sensibilidad por la política desinteresada, generosa, que antepone los principios y los valores a todo. Al menos en su función política, porque eso no quiere decir ser fanáticos.

Cuando en el horizonte principal de nuestras vidas políticas, está la Presidencia o ser ministro, o subsecretario, o intendente, cualquiera de los cientos de cargos de confianza, embajadores y cientos de otros cargos que ni siquiera conozco, algo cambió para siempre.

La continuidad es estar muy activo en la escalera, asegurarse subir por ella y el premio menor es siempre tener un cargo en el Estado.

¿Podría existir una política donde esta no sea necesariamente la prioridad? ¿Fue esa la prioridad de los fundadores de la izquierda?

Esa nueva situación, donde el debate político en TODOS los partidos, y en el Frente, e incluso en los sindicatos, contiene muy poco de ideología y una gran dosis de atención por los cargos que se conquistan, no solo cada cinco años, sino todos los días, es un atentado a la formación de verdaderos cuadros de izquierda. Incluso gente que viene de afuera de la militancia, apenas los colocamos dentro del sistema del poder, debilitan su capacidad de elaboración y de formación política. No voy a utilizar ejemplos personales.

No ocupé nunca un cargo en el Estado o en el Frente, desde que se formó y en un partido, hasta el año 1991, en el PCU. Y no quiero ser ejemplo para nadie, la diferencia mía es de generación, no es otra. Si todos fueran como yo, estaríamos perdidos, no se puede hacer política sin gente que ocupe cargos, puestos y trabaje bien y estudie y se tome la militancia como una parte fundamental de su vida. En esto último no siento culpas.  

El problema es la prioridad, si puedo asegurar que estudio mucho y me apasiona, que escribo, que me interesa mucho la polémica ideológica y política. Y que mi poca o mucha formación política depende integralmente del privilegio de haber compartido mi vida política con cuadros excepcionales.

A ese clima político e intelectual le debo todo, no solo en política, sino incluso en la moral política y en la avidez por estudiar y formarme.

El actual equipo de gobierno de Yamandú Orsi, tiene un promedio de edad de 59 años, no podemos decir que sean unos imberbes, pero la inmensa mayoría se formaron en "escuelas" similares aunque con diferencias partidarias.

Once son totalmente nuevos en un gabinete ministerial (incluyendo el secretario y pro secretario), los otros cinco ocuparon cargos oficiales (no como ministros) en anteriores gobiernos. Nadie puede decir que no hubo renovación. No se repitió un solo ministro. Ese no es el problema.

Entre el 45% al 50% de los senadores del FA se renovaron en esta legislatura, a nivel de los diputados la renovación alcanzó el 60%, bastante mayor. Tampoco podemos decir que no hubo renovación, que es el fenómeno al que se le atribuyen todas las culpas.

No es por estos motivos que no formamos cuadros, es porque tenemos una vida política e ideológica, pero también cultural de bajo nivel. Y eso no se resuelve con escuelas, sino creando, obligándonos a crear un clima a todos los niveles de debate, de elaboración de valoración de la vida política, de la generación de ideas, de estudio y del rigor intelectual.

¿Lo estamos haciendo o nos devorará la máquina?

Esteban Valenti
2026-03-16T06:52:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)