El mercado de las sustancias en Uruguay. Magela Misurraco

22.05.2026

En Uruguay con respecto al consumo de sustancias no hay un problema en las sustancias que se cree. Hay una contradicción entre lo que se cree versus lo que se consume,

 

En el país se habla mucho de drogas, pero casi siempre desde un lugar emocional: la pasta base como símbolo del desastre, la cocaína como amenaza invisible, el alcohol como algo "normal" y el tabaco como un mal hábito viejo. Sin embargo, cuando se miran los números, el mapa se ordena de otra manera.

Según la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas (2023-2024), el 71,4% de los uruguayos consumió alcohol en el último año, y el 27,8% tabaco. Muy por debajo aparecen la marihuana (12,3%) y recién después la cocaína (1,6%). La pasta base casi no aparece en el consumo general: 0,3% de la población. Pero ahí empieza la trampa de la lectura superficial: no todo consumo pesa igual.

El tamaño del problema no es el mismo que su impacto. El alcohol domina por volumen, pero no por visibilidad social del problema. Entre quienes consumen, alrededor de 3 de cada 10 presentan uso problemático, lo que lo convierte en la sustancia con mayor carga sanitaria y social del país simplemente por extensión masiva. El tabaco sigue siendo un problema estructural, con alta dependencia y consumo sostenido, aunque en descenso. La cocaína, en cambio, tiene un perfil distinto: poca prevalencia, pero una proporción alta de uso problemático. Aproximadamente 35% de quienes consumen cocaína presentan criterios de consumo problemático o dependencia.

Y la pasta base funciona como el extremo del sistema: no es frecuente, 3 de cada mil, pero cuando aparece, el impacto es brutal. Su consumo es bajo en la población general, pero su nivel de dependencia es extremadamente alto, con más de la mitad de los usuarios en situación problemática según registros del Observatorio. El punto clave es la distorsión social, no se consume más lo que más de la preocupación que causa. 

La pasta base ocupa un lugar desproporcionado en el imaginario social en relación con su prevalencia real. El alcohol, en cambio, siendo la sustancia más consumida por lejos, rara vez se piensa como "droga dura" en términos culturales. La sustancia más normalizada es la que genera mayor carga total de daño.

En resumen
Alcohol: altísimo consumo (71%), alto impacto por volumen
Tabaco: consumo extendido (28%), dependencia sostenida
Marihuana: consumo intermedio (12%), impacto clínico bajo a moderado
Cocaína: bajo consumo (1,6%), alto porcentaje problemático (35%)
Pasta base: consumo marginal (0,3%), altísima dependencia

Estas cifras evidencian que la percepción del problema es mayor de lo que sucede en la realidad.

Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.

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2026-05-22T04:17:00

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