El novillo de lata. Ramón Fonticiella

25.06.2026

Moisés , según estudiosos, debe considerarse figura muy importante para tres de las más difundidas religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

 

Es trascendente su rol no divino en las tres creencias. Los libros sagrados de todas ellas (Torá, Biblia y Corán) le asignan desempeño central en la consolidación del pensamiento y la legislación de esas religiones. Este barniz religioso pretende ubicar el objetivo central de esta nota: la idolatría vacía que confunde, entretiene y emboba a la sociedad mundial.

En su viaje de más de cuarenta años con el pueblo hebreo por el desierto, Moisés, personaje central de la construcción de la Ley judía (heredada por el cristianismo), se alejó algún tiempo del campamento del pueblo para recibir las Tablas de la Ley. Su ausencia molestó a la población que se enardeció. Hay autores que dicen que el pueblo exigió a  Aarón, hermano de Moisés, que hiciera un ídolo de oro, para adorarlo; otros más pragmáticos opinan a la inversa. Entienden que Aarón tuvo la idea de crear un becerro (novillo) de oro, para que la ingenuidad de la masa lo adoptara como divinidad; mientras la gente se entretenía adorando al ídolo, no reclamaba por la desaparición del líder indiscutido y calmaba sus impulsos.

Lo dicho hasta ahora, supone que la creación de ídolos para la adoración popular, ya existía hace más de tres mil años.

En el presente los "becerros" que se inventan no son de oro: apenas novillos de lata. Pero bastan para atrapar la atención de alguna (o mucha) ingenuidad popular. Entretenimientos, timbas, patrañas, son suficientes para instalar una cultura de dispersión de la atención de colectividades enteras y sacarlas de los verdaderos intereses colectivos. Tratando de interpretar humildemente el pensamiento de Antonio Gramsci, son formas de crear una cultura de las clases hegemónicas, destinada a quienes "deben" ser dominados para que permanezcan ajenos a sus verdaderas necesidades.

Esta idea del "novillo de lata" me ha surgido al escuchar y ver transmisiones de la Copa del Mundo. Millones y millones gastados por las clases dominantes, para promover la adoración de un novillo de lata, de una timba más: acertar los resultados deportivos. Nada más ajeno a las necesidades de  la masa popular, que tirar sus manguitos en apostar quién gana, quién empata, quién hace el gol...

Una timba alienante de los cerebros como cualquiera. Por más que algunos avisos digan en letra chica que no debe dejarse llevar por el juego...Más pernicioso que la vieja "quiniela clandestina" que se vendía en los barrios hace más de cincuenta años, en boletitas caseras, sin marca ni dirección. Por más personalidades que las promuevan (alguna muy querida), sigue siendo un novillo de lata, para distraer ingenuos, pero que corrompe la sociedad mundial...Y da ganancias a los dueños de los grandes capitales; sin poner un ladrillo, mejorar el ambiente, ni dar alimentos o medicinas a los necesitados.

Lo lamentable y peligroso es que los gobiernos de derecha y los progresistas lo permiten. 

No soy puritano. Tampoco le temo al fuego, pero si veo un incendio, aviso a los bomberos. No quiero ser omiso o cómplice.

Ramón Fonticiella es Maestro,  periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante

Columnistas
2026-06-25T03:53:00

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