El semen de Trump. José Antonio Vera (desde Asunción)
05.04.2026
El Presidente de Estados Unidos, ese singular personaje que ensucia lo mejor de la historia de esa fuerza imperial, exhala una fertilidad política que, medida en lapsos comparativos, supera a las de Alfredo, Benito, la del Generealísimo "por orden de Dios", y de todas las crueles juntas militares que operaron en Latinoamérica en el asqueroso, criminal, ladrón y cobarde Operativo Cóndor.
En cuanto a crueldad, en esta hora justamente, Trump es sólo comparable al capo de Israel, el genocida Netanyahu, socios en la eliminación de cientos de miles de menores y la exterminación de mujeres, con el objetico de reducir la reproducción y eliminar pueblos enteros que ocupan territorios naturalmente ricos en tierras, agua dulce, y las diversas fuentes energéticas conocidas.
Lo más trágico de ese proceso es que su insania medioriental, se va concentrando en Latinoamérica y el Caribe, donde el semen político de Trump continúa procreando hijos. Véalo usted, si quiere, amigo lector. Sólo en los países hispanoparlantes, su fecundidad ha producido monstruos en Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, Panamá, El Salvador, Honduras, y algunos más que, por vacilantes, figuran menos.
Todos ellos, se identifican con la línea del Emperador, en una cruzada adulona que se arrodilla y entrega soberanía, hidalguía, y la consagrada historia de heroicidades por mantener o conquistar independencia, en el legítimo derecho a la libertad de los pueblos que dicen representar.
Ese condicionamiento, que es más por intereses angurrientos que por ideología, no les permite ver que el monarca está acusando males enfermizos graves que, todos los días, desequilibran su accionar, con peligrosos y devastadores efectos para la humanidad entera. Su vida, de magnate depravado, lo inhabilita para conducir un país, por más descomposición moral que exhiba esa sociedad electora.
Esa patología tiene muchos nombres que van desde Irán, Ormuz, OTAN, China, Rusia, Canadá, la Des-Unión Europea, Ukrania, y el agotamiento de los yacimientos en el territorio USA, de esos recursos caprichosos de petróleo, gas, agua dulce, y de las tierras raras, cada día más apreciadas, imprescindibles en el crecimiento de la revolución tecnológica.
En la sistemática imitación a la crueldad de Trump, en nuestro Cono Sur, destaca Argentina, al punto que su gobierno ofrece sumar soldados a las huestes de Trump en la guerra contra Irán. La respuesta persa no demoró: uno de sus ministros declaró que consideran enemigo de guerra a Milei, "quien deberá atenerse a las consecuencias". El pigmeo mental, expulsó enseguida al Ministro Encargado de negocios, número dos de la Embajada persa.
Actuando como miserable tornillo del sistema capitalista y tuerca de su oligarquía explotadora, Milei está decidido a repetir la masacre de humildes argentinos, en 1982 en las Malvinas, cuando el despotismo empresarial-militar envió a la muerte a cientos de jóvenes de hogares humildes, convencidos de que su enfrentamiento a los usurpadores ingleses y sus socios chilenos y norteamericanos, era un sacrificio en defensa de la Patria.
DEMAGOGIA CONTRA GESTION
En muchos aspectos, los tiempos han cambiado. Por ejemplo, la ideología nazisionista se ha radicalizado en varios rincones de occidente, con herederos que han convertido el dinero en el Dios moderno, motorizando todo, o casi todo. El egoísmo pretende ahogar la solidaridad, y el individualismo también acciona para sepultar la ternura y el abrazo humano.
Un buen escenario donde se está proyectando esa película por capítulos, es Paraguay, país mediterráneo que aún conserva 400 mil kilómetros2 de superficie (casi 200 mil se robaron Argentina y Brasil en 1870, al final de la guerra de la Triple Infamia (Galeano), hoy con apenas 6.5 millones de habitantes y otros dos millones emigrados, cuyas remesas anuales alcanzarían mil 300 millones de dólares que, como única distribución justa del dinero, permite sostener a miles de familias pobres.
Al igual que Trump, el gobierno paraguayo miente mucho. Sus dirigentes dicen cosas que, sistemáticamente, se comprueban como falsedades. La amoralidad reina, los secretos de la función estatal son de alcoba, y espesas y obscuras cortinas, velan la actividad financiera, el narcotráfico y los contubernios contra los intereses legítimos del pueblo.
Adiestrado en medio siglo de asistencialismo estatal, buen porcentaje de la sociedad ha optado por la aceptación del discurso oficial. Por la apatía y, en particular por el desprecio a la política, "que no me va a dar de comer", que "sólo sirve para enriquecer a unos pocos" y "si te metés, y protestás, ya sabés lo que te pasa". Esas lindezas, dichas en guaraní, yopará o español., expresan miedo, decepción y apoliticismo que mucho benefician al modelo imperante.
Los tres poderes del Estado Paraguayo, en sus prácticas imitan a Trump, que agrede, invade, amenaza, miente y declara guerras, aunque no pueda atender tantos frentes (muchos ya existentes cuando retornó al poder, a resultas de la vocación imperial) y cuyo número ha aumentado. Hoy no sabe cómo ocultar su fracaso y repatriar sus bases con prensa de ganador.
Ese desquicio está muy presente en Paraguay. Una muestra: hace diez días, el titular de Hacienda, Fernández Valdovinos, lleno de diplomas de economista, como varios en el Estado, tal el caso del Presidente Santiago Peña, al frente de un gabinete de tecnócratas insípidos, anunció que "el país entró en guerra económica". Con todos esos triunfos, pocos días después debió renunciar.
Verdad que hay un parecido con el matonismo guerrerista y matonaje del jefe imperial?. La diferencia es que Fernández se fue a su casa y, seguramente irá a disfrutar vacaciones en La Florida, esa guarida de capitales malhabidos. En ese punto, la picardía paraguaya supera al bravucón de la Casa Blanca, porque aquí, el delincuente sale airoso y sin condena, en cambio, Trump no sabe cómo salir de las guerras inventadas para vender armas y robar recursos.
La mentira signa la política moderna. Meses atrás, ese Superministro era presentado en la narrativa del gobierno, como "el mejor Ministro de Economía de Latinoamérica", galardonado por una desconocida Universidad USA. Sin embargo, en plena semana santa, grupos de amigos del corporativismo y de la narcopolítica, quienes se sintieron amenazados por su guerra, impusieron su renuncia, que se produjo casi en silencio, saliendo por la puerta trasera.
El Estado está endeudado por todas partes. No hay un solo organismo exento de corrupción. Paga altos intereses semestrales a los prestamistas extranjeros, con un derroche inmisericorde de los dineros públicos, en viajes suntuosos al extranjero cada 15 días del Presidente Peña (casi 70 en 31 meses en el poder), de los salarios privilegiados de los jerarcas de la función pública, y de las binacionales hidroeléctricas, que van desde 10 mil dólares a 20 por mes, y de la masa de despilfarro que se registra entre titulares y suplentes del parlamento, quienes tienen como botín electoral a cerca de medio millón de votos ciudadanos.
Desde las nada prolijas oficinas del Banco Mundial, del Fondo Monetario, del Banco Interamericano, todos con sede en Washington, hay coincidencias de información: en el Estado paraguayo, se roba más de dos mil 200 millones de dólares por año.
Uno de los coletazos de las pujas internas en el Partido Colorado, la ha protagonizado estos días el Ministro del Interior Enrique Riera, al comentar con periodistas que seis millones de dólares desaparecen todos los días de las arcas del Estado. Sin interés de gestionar con responsabilidad y administrar con eficacia el país, el gobierno de Santiago Peña semeja una cometa volando cerca de un tendido de alta tensión-
Correligionarios colorados, afectados en su pobre imagen, le han salido al paso a Riera, recordando que ha fracasado en todos los cargos que ha ocupado, desde el Senado, hasta la Intendencia de Asunción, el Ministerio de Educación y el actual. Sólo lo mueve su ambición por llegar a la Presidencia, dicen.
Desde que Horacio Cartes, el capo de todos los capos, fue hospitalizado de urgencia el mes pasado en el más suntuoso sanatorio del país, supuestamente afectado de problemas mentales y de motorización, que lo han desaparecido de las pantallas televisivas y de lugares públicos, un tembladeral se ha instalado en los intestinos del omnipresente Partido, donde las peleas y reproches sustituyen los cínicos y habituales abrazos de correligionarios.
El poder verticalista, al que acostumbró a obedecer el grueso de la masa ciudadana en los últimos ochenta años, se resquebraja y sólo se alimenta de la falta de una fuerza orgánica de oposición capaz de desmotar el accionar y el comportamiento estronista, que está incrustado en todas las capas sociales.
Han transcurrido 37 año de lo que, muy ligeramente, se llama Golpe de Estado contra el déspota General Alfredo Stroessner. No fue otra cosa que un cambio de timonel, dirigido por Estados Unidos pero que, sin duda significó una oportunidad para reencauzar el país por una política de Estado Social de Derecho, en el caso de haber existido una oposición con un proyecto de construir un nuevo país.
Nada de esa legítima aspiración del pueblo se ha respetado, debido a la indefinición ideológica de la oposición que, hasta ahora, es más anti que pro.
Los opositores colorados y liberales, se lanzaron a disputar los mejores cargos en los tres poderes, sin ocuparse de desmontar el estronismo. La fraccionada izquierda, está atrincherada en más de lo mismo, sin propuesta que supere el modelo estructural de Paraguay, cuya ansiedad social manifiesta aumentos desgarrantes en los servicios básicos, de empleo, salud, educación, etc.
País agroganadero, Paraguay registra nuevos métodos de producción, que siguen despoblando y deforestando los campos, con 15 millones de cabezas de ganado selectivo, destinado a la exportación, en paralelo a la siembra industrial de soja, arroz y maíz, que beneficia a una minoría de millonarios, mayoría extranjeros, cuyas ganancias fabulosas nada aportan al desarrollo nacional, degradando el medio ambiente y la moral social.
Los factores determinantes, en este momento, son la hegemonía del capital usurero y de la narcopolítica, que arropa una comunicación gubernamental frívola, sin oyentes, pero sin contrapartida mediática. Tres familias, JPViercy, Horacio Cartes y los herederos de Aldo Zucolillo, monopolizan, diarios, radios y la televisión, vinculados todos con el poder, con pequeñas narrativas diferenciadas, aunque ninguna abandone la línea del semental naranja.
Sin embargo, una leve expresión opuesta alimenta esperanzas y ellas no son sólo expresión de ilusión y del invencible optimismo. Entre los numerosos movimientos reivindicativos de diversos gremios, afloran militancias que se están reforzando.
El descaro de la política de ultraderecha, provoca reacciones de indignación en ascenso, entre sectores que, hasta ahora, se mantenían apáticos e indiferentes, desde sindicatos, jubilados, mujeres, campesinos, funcionarios públicos, grupos indígenas, la Iglesia Católica y hasta miembros de la policía. Pueblo hay, sólo falta una conducción que entienda que la cometa Peña está cerca de enredarse en los cables y podría producir algunos misiles.
José Antonio Vera Arenas
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias