Empujar, llorar o esperar. Esteban Valenti
31.12.2025
En muchas actividades de la vida, estas tres alternativas están presentes. ¿Les ha sucedido? En estos momentos me siento ante este dilema y me refiero a la política, al gobierno.
Suena duro, pero es mejor mirar la realidad en toda su crudeza con sentido de oportunidad y no elegir por desidia, dejar correr el agua y flotar indolente. A mi la indolencia me cae muy mal. Así qué en este año nuevo, donde todos nos deseamos por costumbre, las mejores cosas, que es una manera de desearnos a nosotros que nos pasen cosas muy buenas, voy a elegir. Las tres cosas juntas del título no pueden coexistir.
Nunca se podrá empujar con vigor y toda la inteligencia posible y simultáneamente llorar por las insuficiencias y las frustraciones y tampoco simplemente dejar que pase el tiempo esperando que todo se acomode solo.
No todo es voluntad, ni debería serlo, hace falta análisis, estudio, tener un propio diagnóstico exigente de la situación. No somos dioses capaces de cambiarlo todo en el momento que queremos. Así que comencemos por la primera alternativa.
Yo voy a seguir empujando con todas mis fuerzas, con mis frustraciones, pero también y sobre todo con mis esperanzas, mis anhelos más profundos e indeclinables. Voy a aportar mi poco de fuerza para que la barca navegue mas rápido, mejor, con un rumbo más cierto que es muy complejo de trazar, no es MI rumbo, tiene que ser el rumbo de la mayoría, desde los que lo necesitan a cada minuto que pasa, hasta los que han conquistado su porción de bienestar y quieren mantenerlo y si es posible mejorarlo, material, cultural y también espiritualmente.
No voy a empujar en absoluto para el otro extremo, esa pequeña minoría, para los que acumularon ya una enorme cantidad de bienestar, de riqueza y de posibilidades y tienen pavor que alguien les toque su fortuna. Son unos pocos, muy pocos, pero han logrado convencer a la mayoría que si ellos no están satisfechos e intocables, nadie sobrevivirá y estará en riesgo la tranquilidad del país.
No tengo ningún rencor, ellos son parte del sistema, su necesidad de acumular sin límites, no surge únicamente de su avaricia, sino de las leyes del mercado que es su religión. El que no aumenta su capital, su renta, su riqueza, está en peligro. Yo de todas maneras no voy a empujar por ellos.
Hay abundantes teorías, muy prolíferas de que la clave es que hay que distribuir el crecimiento de la riqueza y nunca sobrepasar la línea. Eso es sagrado.
Llorar no va conmigo, no quiero ser un lamento permanente, un observador quejoso, aunque también voy a decirlo fuerte y claro, empujar no es tragarse todos los sapos, los errores, la falta de energía de los responsables, de imaginación y de decisión. No voy a cambiar mucho, una de las mejores maneras de empujar es hablar claro, decir lo que se piensa, no buscar las cosas que nos satisfacen, sino las verdaderas, las que forman para de la vida de la mayoría de la gente, de mi gente, los uruguayos.
Tenemos la fuerza para empujar y pensar, para empujar con más fuerza todavía si criticamos con sentido y alcance adecuados, si no nos detenemos en la suma de pequeñas cosas, sino en las cosas fundamentales. Si gobernar es elegir las prioridades, ser gobernados es también elegir las prioridades, las nacionales, las sociales, las familiares y por último las individuales.
Es fácil de escribir, pero llegada la hora, es una elección muy difícil y tenemos que tener cuidado que nos vendan esperanza, expectativa, paciencia por resignación. Yo no voté, no elegí un gobierno para resignarme, eso lo tengo bien claro.
Esperar es una cualidad y un defecto que se combinan, depende mucho de las circunstancias. Hay injusticias, como la cantidad y el porcentaje de niños pobres que esperan y esperar es abandonar nuestra condición primaria, la lucha contra la injusticia. Además, que uno se acostumbra.
Esperar es un verbo que no tiene nada que ver con la calma, la prudencia, la tolerancia es mirar como corren las aguas de la sociedad y aceptar sus colores más oscuros y opacos resignarnos.
Muchas veces se comienza con esperar, postergar las esperanzas y se termina por aceptar todos los hechos. No es cierto que las multitudes solo tienen sentimientos simples y exaltados y que de esa manera desconocen las dudas.
Sigmond Freud afirmaba que "La masa quiere siempre ser dominada por un poder ilimitado. Ávida de autoridad, tiene, según las palabras de Gustavo Le Bon, una inagotable sed de sometimiento". No tiene nada que ver con la historia, deja afuera las principales páginas de la historia.
En mi vida, una parte importante parte de ella, yo creí tener todas las respuestas y un día una gran caída me cambió muchas preguntas y todavía no encuentro las respuestas.
Una si la tengo bien clara, el sistema sigue siendo el mismo, acumulando vorazmente como siempre, haciéndonos creer que así fue creado el mundo y así será por la eternidad. Esa ni siquiera es una nueva pregunta, es simplemente un gran relato prefabricado en cada uno de sus detalles y con una potencia arrolladora.
Para enfrentarlo hay que empujar, muy fuerte, muy duro, sin fanatismo, pero con una gran convicción.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)