En 148 minutos cayeron 80 años del orden internacional. Llegó la hora de los monstruos. Federico Fasano Mertens
06.01.2026
El 3 de enero, en solo 148 minutos, desde las 2:01 hasta las 4:29 AM, EE.UU. con 150 aeronaves F35, F22 y bombarderos B1, destruyó el edificio del orden internacional trabajosamente construido hace 80 años al fin de la segunda guerra global, sembrando las semillas de una tiranía mundial, instaurando un nuevo paradigma.
La historia parecía retroceder 9 siglos, desenterrando de su sarcófago al poderoso Gengis Khan, que imponía por la fuerza en el siglo 12 y 13 su ley en el mundo.
El secuestro de un presidente latinoamericano y su esposa, tras la violación de la soberanía venezolana, mediante un ataque que asesinó a decenas de seres humanos, sin declaración de guerra previa, instaura un nuevo orden mundial, donde todo vale, donde la impunidad será la ley, quedando totalmente legitimados la invasión de Rusia a Ucrania, el genocidio de Gaza, la inminente invasión de China a Taiwan, la desaparición de Armenia y decenas de conflictos armados que no estallaban por el temor punitivo de las Naciones civilizadas y /o la condena de la Corte Penal Internacional o el repudio de la Asamblea General de las Naciones Unidas. EE.UU. al actuar de esta manera, está sembrando las condiciones subjetivas de una tercera conflagración mundial.
Ahora todo vale. El precedente no tiene precedentes.
El nuevo paradigma tuvo su epifanía. La violencia ya no es la partera de la historia, sino el retroceso de la historia
La invasión y el secuestro de un presidente y su esposa no fue el mayor crimen de EE.UU., porque ese país nos tiene acostumbrados a invasiones en nuestra América insumisa, y también un 3 de enero invadió Panamá y secuestró a su presidente. El crimen novedoso estuvo centrado en la conferencia de prensa del presidente estadounidense, Donald Trump. Esa conferencia de prensa fue el peor crimen y lo que allí se dijo, efectivamente no tiene antecedentes.
La traducción de su anuncio nos retrotrae a 100 años antes de la era cristiana, donde un imperio imponía su ley mundial sin rendir cuentas a nadie de su voluntad predadora.
En esa convocatoria Trump dejó claro que posee el más poderoso ejército del planeta y que la operación secuestro de un presidente al que insólitamente convirtió en mártir, fue magnífica, holliwodense, una obra de arte que no acontecía desde la segunda guerra mundial, señalando que todas las Naciones tomen debida nota de lo sucedido. Amenazó a Cuba, a cuya Nación "fallida" notificó que ya le llegaría su turno, advirtiéndole además al mandatario colombiano, Gustavo Petro que se ponga a cuidar "su culo". A la carismática y respetada presidenta de México, le recordó que desde su país, el narcotráfico agrede a los ciudadanos de EE.UU y que fue un error que ella no aceptara la intervención de tropas estadounidenses en territorio mexicano para combatirlo. México parece también estar en la lista del amo del mundo. Semejante lenguaje y excentricidad en un gobernante no se conocía desde las épocas de Calígula. Su prepotente sinceridad es digna de admiración.
Sostuvo que EE.UU. pasará a gobernar Venezuela hasta que elija un gobierno "adecuado". También fue sincero al revelar que recuperará por la fuerza todo el petróleo venezolano, que hace 50 años , el presidente Carlos Andrés Pérez, nacionalizó en 1976, tras acordar con las empresas norteamericanas una voluminosa indemnización. Le faltó decir que continuará decidiendo qué gobiernos latinoamericanos deben gobernar sus países, como lo decidió recientemente en Honduras y en las elecciones de medio término en Argentina, donde influyó descaradamente para que su arrinconado delfín, Javier Milei, el mismo que declaró que la justicia social era aberrante, se impusiera en comicios que los tenía perdidos, antes de su promesa de "regalarle" 20 mil millones de dólares.
Ni Adolfo Hitler en sus amenazantes conferencias de prensa llegó a tamaña osadía. Hitler reclamaba, como en el caso de los sudetes de Checoeslovaquia, un territorio habitado por alemanes, que el Tratado de Versalles le había expropiado Alemania al perder ésta la primera guerra mundial. Y Francia e Inglaterra con una debilidad suicida, se lo concedieron. Las atrocidades nazis contra otras naciones se produjeron tras declararse formalmente la segunda guerra mundial.
En el caso venezolano no hubo declaración de guerra, simplemente un crimen de guerra invadiendo un país soberano para secuestrar a sus líderes y quedarse con la mayor reserva del oro negro en el mundo.
El secuestro de la soberanía latinoamericana es un error histórico, cuyas consecuencias son impredecibles. Con qué derecho se podrá sancionar cualquier invasión de un país belicoso a otra Nación indefensa, si EE.UU. ya legitimó esa conducta.
Cómo es posible que un país como EE.UU. , después de esa conferencia de prensa de su presidente, en la que hizo trizas el orden mundial, continue integrando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Trump, no solo violó todas las normas de la ONU, pulverizó tratados internacionales firmados anteriormente por su país, pero también humilló a las leyes norteamericanas que le exigían probar que estaba en peligro la seguridad nacional de EE.UU. amenazada por Venezuela , cosa que no hizo, y pedir 48 horas antes del acto de guerra y secuestro, la autorización del Congreso norteamericano. Cosa que tampoco hizo. Se convirtió en un violador serial del derecho interno y externo.
El nazismo fue un parteaguas en la historia universal, porque amenazó la paz mundial e instauró la ley del más fuerte. Este 3 de enero también fue un parteaguas de la historia. Pero con una diferencia con la Alemania nazi. EE.UU. es la principal potencia mundial, Alemania no lo era. Más bien era una Nación empobrecida por el injusto Tratado de Versalles, que la insanía de Adolfo Hitler aprovechó para encender la llama del nacionalismo canalla y sumir a Europa en el horror y el holocausto.
Cuando después de la batalla de Trafalgar , Inglaterra se erige en la primer potencia mundial y emprende la colonización forzada de numerosos pueblos, la pérfida Albión, más allá de sus atrocidades, cuidó ciertas formas diplomáticas. El Trump de EE.UU. hace un culto de la informalidad criminal. Hasta se vanagloria de su propio desparpajo internacional.
Tuvo la osadía de resucitar la Doctrina Monroe, América para los norteamericanos.
Y la verdad es que no estamos preparados para enfrentar estas nuevas horas de la historia.
Yo mismo debo confesar que me equivoqué con Donald Trump. Pensé que su elección era un desastre para el pueblo de ese país, pero un alivio extra muros, porque en su primer gobierno se había mostrado menos belicista que Bush y que Biden. Solo decía interesarse por la política interna, no en las vilipendiadas ambiciones imperiales.
Resultó todo lo contrario, se convirtió en uno de los presidentes estadounidenses más declarativamente belicistas de los últimos tiempos y el mayor violador de las normas nacionales e internacionales.
Pero Trump no fue original en la construcción de este nuevo paradigma. Se nutrió en las ideas de intelectuales y políticos imperiales que lo precedieron. La diferencia con ellos es que esas ideas las está poniendo en práctica en su segundo mandato.
¿Cuáles son los autores de cabecera de esta pandilla belicista que construyeron el siniestro discurso del amo y el esclavo?
El ex- Presidente Wilson declarando en pleno Congreso de la Unión que "le enseñaría a las repúblicas sudamericanas a elegir buenos diputados".
El célebre Billy Sunday quien definía a un izquierdista latinoamericano como "un tipo con hocico de puerco espín y un aliento que haría huir a un zorrino", agregando que si él pudiera "los amontonaría a todos en prisiones hasta que se les salieran los pies por las ventanas".
Charles Krauthammer quien hace muy poco, en 1999 escribió en The Washington Post: "EEUU cabalga por el mundo como un coloso. Desde que Roma destruyó Cartago ninguna otra gran potencia ha alcanzado las cimas a las que hemos llegado. EEUU ha ganado la guerra fría, se ha puesto a Polonia y a la República Checa en el bolsillo y después ha pulverizado a Serbia y Afganistán. Y de paso ha demostrado la inexistencia de Europa".
El inefable Zbigniew Brzezinski declarando que "el objetivo de EEUU debe ser el de mantener a nuestros vasallos en un estado de dependencia, garantizar la docilidad y la protección de nuestros súbditos y prevenir la unificación de los bárbaros".
El bostoniano Henry Cabot Lodge afirmando que "en el siglo XIX ningún pueblo igualó nuestras conquistas, nuestra colonización y nuestra expansión y ahora nada nos detendrá".
Marse Henry Watterson declarando que EEUU es "una gran república imperial destinada a ejercer una influencia determinante en la humanidad y a modelar el futuro del mundo como no lo ha hecho nunca ninguna otra nación, ni siquiera el imperio romano".
Dijo el ex vicepresidente Cheney ante esta guerra santa: "EEUU no tiene que enrojecer por ser una gran potencia y tiene el deber de actuar con fuerza para construir un mundo a imagen de EEUU". Mientras que el ex jefe del Pentágono fue más claro, por si no lo entendimos. Rumsfeld dixit citando la frase preferida de Al Capone: "Se consigue más con una palabra amable y un revólver que con sólo una palabra amable".
Y podríamos seguir con decenas de declaraciones similares que coronan esta ideología del horror, y que exceden el espacio de este artículo.
La gran pregunta de la coyuntura es ¿qué hacer?
La ruptura masiva de relaciones diplomáticas es imposible en un mundo capitalista donde la economía manda sobre la política y donde EE.UU. es la gran locomotora de las finanzas mundiales.
Cuando la correlación de fuerzas es desfavorable solo queda la fuerza moral, que Ghandi probó ser tan eficiente, que al usarla puso de rodillas al imperio británico.
Apelo a ella sugiriendo movilizar las siguientes piezas tácticas, para aislar al gobierno de Donald Trump, convirtiéndolo en un gobierno paria. No hay que dejar cuerdas sin tensar.
1) Promover manifestaciones en EE.UU. que reivindiquen el derecho a la paz y clamen por el juicio político al presidente Trump por su violación a la legalidad estadounidense.
2) Declaración de la Asamblea de las Naciones Unidas, donde seguramente más de un centenar y medio de países condenarán la conducta de EE.UU.
3) Que aunque sea, un solo país plantee jurídicamente basado en la carta fundacional de la ONU, la expulsión de EE.UU. del organismo internacional. El solo hecho del planteo que no tiene precedentes y que obviamente no se concretará , ya sea por razones económicas o geopolíticas, será el primer caso en la historia de la ONU, acentuando el aislamiento deseado.
4) Elaborar una lista negra, de aquellos gobiernos que dicen defender la democracia representativa y se pronunciaron a favor de la invasión y secuestro norteamericano. Esa lista de la infamia y la traición a sus principios democráticos, como la deserción del presidente francés Macrón, que elogió la conducta bélica de EE.UU. servirá para acentuar el aislamiento del predador.
5) Manifestaciones populares en la mayoría de los países todos los días 3 de cada mes en favor de la paz y contra el belicismo estadounidense.
Nuestra América Latina, declarada como un territorio de paz, fue violada. La guerra ya se instaló en nuestro continente. Ha llegado la hora de tomar conciencia y prepararse, con nuevas ideas y nuevas prácticas que sean realistas y admitan que, como decía, Gramsci, ha llegado la hora de los monstruos.
No quiero vivir en este mundo esperpéntico donde la hegemonía de los Trump, de los Milei, de la sin razón, acorazados por la complicidad indiferente, de Europa y de los tibios que aún no han sido "vomitados de su boca".
Sin embargo aún sigo creyendo en la humanidad.
Y para confortarme me apoyo en mi gran maestro espiritual, el jesuita antropólogo Teilhard de Chardin, quien en su opus magnum "El Fenómeno Humano" nos transmitió con convicción este esperanzador futuro: "Algún día, después de haber sometido los vientos, las olas, los mares y la gravedad... dominaremos las energías del amor. Entonces, por segunda vez en la historia de la humanidad, el hombre habrá descubierto el fuego".
Federico Fasano Mertens
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias