En medio del arrasamiento ahora de Cisjordania. Luis E. Sabini Fernández
29.10.2026
Las flaquezas de una sociedad históricamente viviente y el poder de un proyecto de sociedad imperial programado. En medio del arrasamiento ahora de Cisjordania, convertida en nueva Gaza, un par de palestinos armados apenas con un fusil y una pistola tomaron al parecer justicia por mano propia y balearon a soldados israelíes; mataron a dos, hirieron a tres y fueron a la vez matados por los israelíes.
En una barriada de Hebrón, de donde los palestinos serían oriundos.
La respuesta israelí, como ante cada reacción violenta palestina, ha sido draconiana: venir con topadoras e iniciar el derribo de miles de viviendas de palestinos, previo un aviso perentorio de que sus pobladores debían abandonar las viviendas. Miles de habitantes de la histórica ciudad de Hebrón pierden así lo poco que tenían para sobrevivir bajo la ocupación, que ya desde antes bloqueaba sus calles y negocios y a menudo sus propias viviendas. Todo ello, sin estar ni directa ni indirectamente conectados con la escaramuza mortal.
Los medios informativos hablan de "la destrucción de infraestructuras que Israel considera terrorista". ¡Como si las edificaciones históricas pudieran ser terroristas! Queda claro: vivir en Hebrón, en Cisjordania, para palestinos es equivalente a que son "terroristas": habitantes, enseres, habitaciones. Y queda clara la política del gobierno israelí: los dos soldados muertos le vienen muy bien para acelerar la erradicación violenta y generalizada de lo palestino.
Tal es el lenguaje israelí. Lo que hace el ejército israelí, los colonos israelíes día a día, noche a noche, golpeando, baleando (a veces, matando), arrasando viviendas, calles, mercados, escuelas, eso entonces, ¿qué es?
Nos recuerda Paul Eisen: "Tal como prometió el ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant: "sin alimentos, combustible, agua ni electricidad; hambruna y peste, una tierra inhabitable", al menos para quienes no son judíos. Y todo esto, en el mejor de los casos, recibido con silencio y evasivas, y en el peor, aplaudido por judíos de todo el mundo." [1]
Eisen otra vez: "Gaza puede ser solo la atrocidad más reciente, pero nunca el terror y la mentira judíos habían sido tan evidentes para todos." Y agrega: "líderes comunitarios, activistas de derechos humanos, feministas, homosexuales, marxistas, psicoanalistas, filántropos y sus rabinos, todos ellos influyentes. Y la gente del mundo, sobre todo la del mundo occidental, parece estupefacta e incapaz de reaccionar."
Todos los partes militares mienten, es sabido, pero la sofisticación y lejanía de la verdad de los partes israelíes ha superado las marcas conocidas. El terrorismo llevado adelante por esta constelación de poder que tiene su eje en el estado sionista mantiene varias y variadas coartadas. La primera, tal vez, que actúan contra el terrorismo.
La más chocante, empero, es la afirmación de que simpatizan con la población palestina.
O que se constituyen como víctimas permanentes del "antisemitismo".
Los acontecimientos posteriores al 23 octubre 2023 y la irrefrenable difusión de imágenes de nuestro presente (debido a desarrollos tecnológicos en constante expansión) -pese a los enormes problemas con la manipulación de imágenes y nuestra consecuente indefensión- nos ha otorgado también un contacto casi inmediato y sin mediaciones con acontecimientos -verdades crudas-. Nos ha permitido conocer aspectos cruciales de los atropellos sionistas; en suma, nos ha permitido entrever un genocidio en acción, en directo como nunca antes.
Un colonialismo rampante, que nuestro "sentido común", el de la cultura hoy dominante, atribuía al pasado, "superado" en nuestra sensible contemporaneidad, ha aflorado, mejor dicho reaflorado ante nuestras retinas, conmovido nuestras conciencias.
Ese claroscuro racista ha reaparecido sin verg?enza, con toda su ferocidad y su desprecio por "los nadies", su impudicia, sus aires de superioridad. Si tuviéramos que poner una fecha -siempre arbitraria- 7,8 de octubre de 2023.
Porque Gaza había resultado la piedra en el zapato sionista e imperial.
Se nos quiso señalar a Hamás, otorgándole el papel de demiurgo intempestivo en cielo sereno, pero ¿cómo olvidar los planteles de fútbol palestino compuestos por lisiados que Israel venía "produciendo" desde décadas atrás?
¿Cómo olvidar los niños macilentos en muerte lenta resuelta por Israel asfixiando el ingreso de alimentos a la franja (desde 2006, expresamente, como "castigo" por haber votado "mal").
¿Como olvidar el suplicio cotidiano de los checkpoints, toda una escuela de desprecio sionista hacia los natives y una humillación cotidiana, en su propia tierra, de pobladores milenarios?
¿Cómo olvidar los allanamientos nocturnos, a menudo acompañados de confiscaciones con familias dejadas en la noche a la intemperie, con bebes y lo puesto, porque el mobiliario ya le queda a flamantes moradores judíos?
Ya no años, décadas de abusos de todo tipo, alimentario, sanitario, sexual y de destrozos, literalmente de la sociedad palestina, de su trama social increíblemente desgastada a fuego lento.
(Todo lo que "todo el mundo" no quiso ver el 7 de octubre 2023)
Lo más llamativo, conmocionante, es que nada de todo eso es nuevo.
Un punteo mínimo.
En Hebrón, en la década del '20 del siglo pasado palestinos, ultrajados por el robo "legal" de tierra, se amotinaron y ajusticiaron a recién instalados sionistas. Desde 1948, los sionistas dueños del país sitiaron a la población de Hebrón y, como castigo o ajuste de cuentas, se adueñaron estratégicamente de la ciudad y bloquearon las comunicaciones habituales, obligando a los palestinos a vivir sitiados dentro de sus viviendas.
En 2006, para castigar votaciones limpias controladas por el Centro Carter que otorgaron mayoría a quienes Israel entendió que había que repudiar, la policía israelí (y su asistente, la policía de la Autoridad Nacional Palestina) encarceló a los candidatos triunfantes y poco después remató su despecho mediante incursiones con tanques y artillería contra la capital gazatí, matando a miles de sus pobladores (2008-2009).
Para acabar con las Marchas por la Tierra (2019, 2020), Israel con francotiradores, cómodamente situados, desangró o mutiló a centenares de pobladores (que no llevaban ni palos ni piedras), jugando tiro al blanco con los cuerpos de los manifestantes.
Esa impunidad rampante no resultaba sino anuncio de políticas genocidas.
Pero el comportamiento israelí viene de mucho antes. El colonialismo sionista adquirió vigencia inusitada amparado por el victimismo judío. Dando lugar a "hazañas" en Palestina que el colonialismo europeo medieval desplegara varios siglos atrás (matanzas, abusos y mestizaje en el modelo español; matanzas y abusos sin mestizaje en el modelo inglés, holandés, belga, alemán). Y el sionismo, en los siglos XX y XXI, haciendo lo mismo, pero con mayor potencia tecnológica.
El colonialismo sionista está reconstituyendo el suelo palestino a su manera, apelando a los textos bíblicos. No hay antecedentes que una franja de tierra costera, fértil, climáticamente agradable, de unos 5 o 10 km. de ancho y unos 50 km. de largo, poblada por cientos de miles de "naturales" haya sido tan arrasada, habiendo sido conocida en el pasado como centro de producción frutícola y pesquera, y que gerentes y empresarios modelo Kushner, Blair y Trump más otros de su calaña, planeen ahora, limpiar de escombros (con múltiples habitantes reducidos a cadáveres en su seno) ese suelo, devastado por la artillería israelí, e instalar en esa costa balnearios de lujo para billonarios (que imaginan ajenos a la para ellos obsoleta sexualidad tradicional). Gaza, entonces, sin gazatíes. Y con "humanos" de nuevo tipo.
Rachel Corrie, 23 años; la noble estadounidense que permaneció a pie firme defendiendo un hogar palestino y fue arrasada por el conductor de una topadora israelí, señalando la falta de límites del poder sionista; Fátima Hassouna, 24 años, una brillante fotógrafa gazatí que logró rescatar del pozo de abyección al que Israel ha procurado convertir la Franja de Gaza, la luz de los ojos de niños, el canto de algún pájaro, los afanes de los gazatíes, los juegos infantiles, y que el mismo día en que sus imágenes y secuencias fueron ternadas al Festival de Cannes, el año pasado, recibió la "visita" de los terroristas, ésos sí, terroristas, israelíes, que la mataron junto a TODOS sus familiares (su padre y los otros siete familiares con quienes convivía, entre ellos hermanos). Fátima, sin bandería política, practicante de un neorrealismo a la italiana...[2]
Trabajos "perfectos" de extirpación sionista, que muestran como los escuadrones de la muerte discriminan, hacen política, a su manera: a Rachel, estadounidense, su muerte; a Fátima, palestina, la muerte suya, y la de su estirpe. Porque EE.UU., es un aliado o un obstáculo, pero Palestina es el objetivo.
Hemos reseñado trenzas de nuestro doloroso, vergonzante presente. Pero la situación viene de atrás. Y ese pasado, a menudo escamoteado, tan abyecto, explica a su vez la resistencia.
Los sionistas no reparan, no han reparado nunca, en métodos para lograr sus objetivos, desde asesinar fríamente a judíos recalcitrantes a sus planteos hasta el asesinato político de quienes se les convierten en escollos a su estrategia. Folke Bernadotte, Walter Guinness (lord Moyne).
Hacia 1948 la colectividad judeoárabe de Irak aclaró públicamente que tienen muy buenas relaciones con los musulmanes y que no quieren por cierto abandonar ese país, porque su idioma es el árabe, su cultura es árabe aunque su religión sea judía: "Judíos y árabes han disfrutado de los mismos derechos y privilegios desde hace mil años", aclaró el rabino iraquí, y de inmediato proceden los sionistas mediante ataques encubiertos contra judíos iraquíes, "con el ánimo de inducirlos a «huir» a Israel. También pusieron bombas en las sinagogas iraquíes y en la biblioteca del Servicio de Información de EE.UU. en Irak con "el objetivo de presentar a los iraquíes como antinorteamericanos".[3] Se saldrán con la suya: los judíos iraquíes se incorporarán al Estado de Israel como judíos de segunda (de sus generaciones más jóvenes saldrán "los panteras negras" dando a conocer la problemática de los judíos mizrajíes: los jóvenes "panteras negras", según el modelo de la resistencia afronorteamericana de los '60, enfrentando a los judíos askenazíes, de origen europeo y norteamericano).
De más está aclarar el origen de "las bombas". La "mano larga" de los servicios israelíes.
En 1948 la flamante ONU sigue los pasos de su potencia principal, EE.UU. Pero EE.UU. sigue los pasos de su élite judía que viene desplazando inmisericordemente a la clásica élite WASP, al menos desde el período de entreguerras, con el creciente dominio judío de las redes comunicacionales estadounidenses (ese dominio ya estaba asentado desde antes en el mundo financiero). Pero se trataba hasta entonces de un dominio judío pero no sionista (por ejemplo, de las siete compañías cinematográficas principales de Hollywood, en seis la presencia de capitales o direcciòn judía era decisiva).
Desde 1948, se advierte un acentuado proceso de sionización de las redes de poder y de lobby, característico de la política estadounidense.
Así, las flamantes fuerzas israelíes se permiten literalmente invadir -con violencia- Jerusalén para adueñarse de su mayor parte (esa ciudad estuvo por siglos compartida en varios barrios, cristianos, judíos, musulmanes).
"Donald Neff, de Time Magazine en Jerusalén y autor de libros sobre el conflicto palestino-israelí, da cuenta de los ataques sionistas a núcleos cristianos en mayo de 1948, año del nacimiento de Israel: [...] los sionistas habían matado y herido a cientos de personas entre los que había niños, refugiados y clérigos, en las iglesias y las instituciones humanitarias cristianas [...] muchos niños fueron asesinados o resultaron heridos por las granadas judías... ocho fueron asesinados y cerca de 120 resultaron heridos [...] las fuerzas árabes habían cumplido la promesa de respetar las instituciones cristianas mientras que los judíos ocuparon por la fuerza estructuras cristianas y bombardearon las iglesias indiscriminadamente con granadas", señala Neff (Weir, ob. cit.).
Pero ya vimos que esa impunidad sionista no empezó siquiera en 1948.
Muchos factores entran en su complejísima estructura: las persecuciones a los judíos reiteradas en el tiempo, la reinstauración de privilegios bíblicos propios del Antiguo Testamento con la crisis de la Iglesia Católica ante lo que llamamos la Reforma del siglo xvi; el protestantismo volviendo al Antiguo Testamento...
En 1945, la organización y actas del proceso a la dirección nazi en el Tribunal de Nurenberg estuvo exclusivamente a cargo de judíos (muchos, víctimas de las persecuciones nazis) con lo cual en buena medida tomó los rasgos de un desquite, una vendetta... Algo que, por lo demás, ya había pasado con el seudotratado de Versalles que constituyó una suerte de descuartizamiento geográfico de la Alemania que se había convertido en la potencia desafiante al dominio británico, entonces el imperio más gravitante del mundo (en donde los judíos gozaban de un trato preferencial que apenas se veía en otras naciones occidentales). Todo lo cual despertó la reacción nazi y su racismo intolerante, insolente, soberbio, violento (su propia soberbia facilitó su aniquilamiento).
Por eso nuestra pregunta actual, actualísima, es acerca de la impunidad sionista, israelí.
Un factor que encuentro decisivo para entender los abusos del poder que acompañan la impunidad sionista es la fusión de lo político y lo étnico.
Que el partido y la iglesia se fusionen, se confundan, es altamente problemático, en cualquier tejido social, en cualquier sociedad, pero que el partido, la iglesia y la raza unifiquen su poder, se definan con su pureza, eleva la pesadilla a niveles pocas veces visto. Carente de todo equilibrio o compensación, la impudicia, la soberbia, el orgullo pasan a ser rasgos dominantes que encuentran su mejor despliegue.
Son exactamente los rasgos que veíamos en el comportamiento israelí, como a su modo, en el nazismo, en el comunismo soviético, en tantas sociedades absolutistas, y que hemos visto expandirse, desplegándose desde el 7 octubre 2023 sobre Palestina.
El colonialismo no ha muerto, ciertamente. Y el racismo, el sionismo, el supremacismo no sólo no han muerto sino que gozan, tal vez no de salud, pero sí de poder (al que hemos designado anglosionismo).
Pero la resistencia, el sueño de humanos, tampoco ha muerto. Vive en muchos corazones.?
Luis E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
[1] Paul Eisen, https://www.unz.com/article/till-the-conversion-of-the-jews/.
[2] El mínimo homenaje que no puede ser más que a su memoria. Que titulé: Pon tu alma en la mano y anda, 26 mar 2026.
[3] Weir, Alison, La historia oculta de la creación del Estado de Israel, Capitán Swing Libros, Madrid, 2022.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias