Escuchar, leer, entender antes de opinar. Ramón Fonticiella
21.02.2026
Hay académicos de gran nivel, que consideran que los humanos podremos quedar incomunicados ¡por no saber hablar! Existen publicaciones serias que analizan la imposibilidad humana de tener vocabulario sólido, por no disponer de palabras. Si no leemos, no hablamos, no nutrimos nuestro léxico, nos iremos transformando en entes de difícil comunicación verbal.
Existen técnicos que ya consideran entrado el período de lenguajes simbólicos, en "diálogos"· por celulares por ejemplo. Las deformaciones idiomáticas usando (mal) K por Q, contracciones en lugar de palabras enteras, signos que deben interpretarse, estaría limitando la capacidad humana de entender, transmitir y en definitiva de comunicarse.
Ese extremo lamentablemente está llegando por efecto de presiones sociales, modas, supuestas urgencias y en definitiva instrumentos ajenos a la humana realidad, que la entorpecen. Ese estado de cosas no es por ahora decisivo en la falta de entendimiento entre personas, pero... Posiblemente lo que complica hoy la vida de relación, es la urgencia de opinar sin conocimiento de lo que se trata.
El título: "Escuchar, leer, entender antes de opinar", es una máxima cada vez más postergada. Todos queremos dar nuestra postura sobre múltiples asuntos, aún antes de tener fundamentos; porque no escuchamos, no nos informamos con lecturas, por tanto no entendemos, pero marcamos postura.
Pasa desde opiniones sobres precios de la canasta básica, hasta los conflictos internacionales. Lo que nos importa es hablar del tema, y si es posible en forma contundente, y mejor si opinamos en contra.
Vivimos en un mundo de enfrentamiento. No es ninguna novedad, pero es posible mejorar esas realidades, sobre todo desde posturas que son formadoras de opiniones. Desde los comentaristas de deportes a quienes informan de litigios jurídicos, pero fundamentalmente desde los referentes sociales y políticos.
Cada asunto nacional o internacional genera ríspidas discusiones en ese canal tan popular que son las "redes sociales". Allí todos marcamos territorio, aunque se trate del grosor de chapas de barcos o cuál es la mejor forma de proveer de agua a una ciudad. Las personas sin responsabilidades administrativas, jurídicas o gubernamentales, no causarían mayor daño con opiniones sin fundamento, aunque degradarían su situación intelectual. Pero periodistas, gobernantes, opositores, analistas pueden abrir zanjas de divergencias con la siembra de incongruencias. Quienes son referentes públicos, se transforman en "palabra santa" para oídos que están listos a la pelea. "Lo dijo el senador Fulano" ...y es verdad revelada, aunque ese parlamentario sea famoso por tirar bombazos hasta en velorios.
En este punto del viaje planetario, no es posible enderezar la retorcida intención de legisladores/oras, que hacen de la distorsión informativa su modo de existir. Nosotros los ciudadanos comunes debemos retroceder en el tiempo y ponernos unas armaduras que rechacen esos tiros, o actualizarnos con un "escudo antimisiles" y neutralizar ataques. Para no hacer ni hacernos daño, es bueno escuchar, leer y entender de lo que se trata. Si obramos irresponsablemente seremos cómplices de los gestores de la confusión. Existen actores interesados en transformar en oscuro lo que es claro; los hay que ayer pidieron el voto para arreglar todo, pero han destruido lo que quedaba sano (y no hablo del gobierno nacional); existen quienes confunden democracia con oligarquía y administración con repartija. Las buenas personas, que están en todos los círculos políticos y sociales, deben ser filtros de esas impurezas. No cuesta nada, sólo tratar de abrir la mente, de no fanatizarse, de ubicarse con fundamentos. Pensemos ¿Quién mordería un pedazo de fierro, porque un referente se lo indicara? Nadie. Antes de transmitir lo que gritó el jefe de la hinchada pensemos si es bueno; usemos nuestro cerebro; como los músculos, si no lo ejercitamos, puede perder agilidad. Venimos preparados para eso en la evolución de este mundo.
Ramón Fonticiella es Maestro, periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias