Ética, moral, política e izquierda. Esteban Valenti
22.06.2026
Vivimos el momento más crítico de la historia de la izquierda uruguaya, pero en un plano absolutamente impensable, lo que nos hace cada día menos de izquierda. También, tenemos como antecesores a los gobernantes más corruptos de la historia uruguaya. Y eso no justifica en absoluto nuestra situación.
Comencemos por lo básico, la definición de dos palabras que parecen haber sido sepultadas por prácticas gubernamentales y políticas que se arrastran desde hace tiempo. Cada día este gobierno se parece más a los blancos pillos, aunque todavía falta un largo trecho. Da la impresión que todavía falta bastante para conocer el fondo de esta lata, mejor dicho, de este tacho.
Ética: 1. Conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad. 2. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores. 3. Conjunto de principios morales que rigen la conducta de alguien.
Moral: 1. f. Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento, individual y colectivo, en relación con el bien y el mal y los deberes que implican. 2. Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia, como regla de conducta. 3. Que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia.
Es increíble, pero en este país con una historia que nos diferencia de otras muchas realidades regionales, en estas dos materias, hay que recordar su definición básica, elemental.
Vale para todos, de todos los partidos, deberían estar soldadas a la política, a la administración del poder, han sido desde su nacimiento un punto central de la identidad de la izquierda. Hoy tenemos que recordar su valor básico. El país navega en el mar de la falta de ética, de moral a nivel político a nivel gubernamental, como expresión individual y colectiva y una de las principales tareas es precisamente establecer la gravedad y la responsabilidad en conjunto e individualmente. No es justo, no es ético, poner a todos en la misma bolsa, aunque sea lo más fácil de hacer y es hoy lo desprestigia de manera crítica la política en general.
La falta de esas dos condiciones para una sociedad que se precie de sus elementales virtudes, afecta, no solo ni principalmente el uso del dinero público, las coimas, los viáticos desmedidos, las concesiones de beneficios contra el interés del estado y de otros ciudadanos o empresarios, es además, un daño mucho más complejo y profundo.
Alguien puede creer que solo de trata de los políticos, que las enormes estafas realizadas en sucesión aterradora por parte de supuestos empresarios de asalto, no tienen nada que ver con este clima de desplome moral de nuestra sociedad, sobre todo de sus altas esferas.
Para que haya la lista de negociados, de coimas que están explotando una atrás de otra, tiene que haber coimeados y coimeadores. Y por su persistencia y continuidad, debe existir una costumbre extendida de que eso es casi una "normalidad".
Hay otro aspecto terrible, la caída de la moral y la ética en la cúspide del poder y en sectores sociales privilegiados, es un aporte fundamental a que se extienda la delincuencia, el narcotráfico, la combinación de los negocios, aparentemente más normales, con el lavado de dinero y la debilidad en combatir esa gangrena.
¿Es solo arriba? No, solo un tonto puede desconocer que para que la plaga de la delincuencia se expanda como lo está haciendo en sectores desesperados y pobres de la sociedad, este clima de que vale todo, genera las condiciones para que valga todo a los diversos niveles. No hace falta leer la prensa, basta ver la televisión, el clima de los debates políticos, la cantidad de escándalos en sucesión ininterrumpida para comprender que el crecimiento de la delincuencia y de la violencia también abreva en la podredumbre de las cumbres.
Voy a ser más categórico: ni todos los policías del mundo, van a poder derrotar a la delincuencia en Uruguay, aun contando con las mejores armas y tecnologías, si en la cumbre del poder político y económico, incluso con salpicaduras en los sindicatos, se sigue conviviendo con la inmoralidad, la falta absoluta de ética y además con la violación de las leyes.
Hagamos entre todos y para nosotros mismos esta pregunta ¿Estamos haciendo lo necesario para combatir este flagelo, incluso en nuestras propias vidas, en el repudio inclaudicable a los responsables, en la pequeñas grandes y enormes cosas de la amoralidad y de la ilegalidad?
Las sociedades donde dejaron de hacerse esa pregunta, se precipitaron sin ningún remedio en una decadencia total. Es una experiencia de toda la historia.
¿Este desbarranque nos viene de nuestra historia? No y mil veces no. Fuimos diferentes, a nivel de toda la política uruguaya. Ahora navegamos en el barro con una naturalidad creciente y nos callamos, o decimos que volveremos a votar a los mayores corruptos de la historia o en nuestro caso, tratamos de explicarnos o de justificar, con concursos de quien es más corrupto, cosas que no tienen de ninguna manera justificación. Si lo hacemos, es porque nosotros mismos somos parte de la decadencia, aunque no hayamos robado un centésimo.
Volvamos a nuestra historia, no la sepultemos como hacen los corruptos.
El pensamiento de las más destacadas figuras uruguayas se aleja de los tratados abstractos para centrarse en la ética de la acción, la responsabilidad civil y la integridad intelectual. Tuvimos que seleccionar, son interminables.
José Artigas (El Protector de los Pueblos Libres), basó su moralidad en la integridad, el desapego por el poder personal y la defensa de los más humildes.
"Sean los orientales tan ilustrados como valientes." (Implica una ética cívica basada en el conocimiento y la libertad). Artigas encarnó la ética de la coherencia, priorizando siempre la causa pública sobre cualquier beneficio privado.
José Batlle y Ordóñez, su ética se basaba en la justicia social y el rol del Estado como garante de la moral pública. El Estado debía ser un instrumento para corregir las desigualdades sociales y para castigar las inmoralidades públicas.
Su moral política era el "batllismo": la convicción de que un país solo es ético si sus leyes protegen al trabajador, garantizan la salud pública y eliminan los privilegios injustos.
José Pedro Varela, su ética estaba centrada en la educación como herramienta de moralización social y ciudadana. Para Varela, la moral es el resultado de la instrucción. Un ciudadano educado es, por definición, un ciudadano ético capaz de sostener una República.
Domingo Arena, su ética estaba ligada a la justicia, la compasión y el rigor intelectual. Arena introdujo una moral humanista en la política. Para él, la ética consistía en ejercer la autoridad con piedad, entendiendo que el derecho penal debía corregir y no solo castigar, reflejando una visión progresista y profundamente humana de la ley.
Timoteo Aparicio, su figura representa la ética del honor y la palabra empeñada, propia del siglo XIX. Aunque carece de citas literarias, su ética se resume en el "código de honor del caudillo". La moral de Aparicio residía en el cumplimiento de la palabra dada, la valentía en el combate y la lealtad incondicional a su divisa, valores que estructuraban la moralidad de las sociedades de su época.
Wilson Ferreira Aldunate, su figura es recordada como un referente de coherencia ética frente a la adversidad política. "No hay cosa que la juventud necesite más que el ejemplo." Wilson llevó la ética política al terreno de la resistencia. Su máxima moral fue la inquebrantable defensa de las instituciones, incluso cuando ello implicaba el exilio o la persecución personal.
Liber Seregni, su moralidad pública estuvo marcada por la rectitud institucional incluso en las circunstancias más adversas. Su conducta en prisión -rechazando tratos humillantes y manteniendo una dignidad inquebrantable- es su lección ética más potente: la idea de que un líder no solo da órdenes, sino que legitima su autoridad con su ejemplo personal. "La política es, ante todo, un acto de voluntad y de inteligencia, pero, fundamentalmente, un compromiso ético con la sociedad."
José D'Elía, la moral no era un ejercicio vertical de "caridad", sino una construcción colectiva. Su ética se basaba en el respeto mutuo, el compromiso con el trabajador y la convicción de que los valores solo tienen sentido si se traducen en una lucha común por la justicia social y en la rectitud en el comportamiento.
Emilio Frugoni le imprimió a al socialismo de su época un sello distintivo caracterizado por la austeridad, la coherencia intelectual y un profundo humanismo democrático. Entendía la ética no como un concepto abstracto, sino como una práctica cotidiana de conducta."El concepto que el hombre llega a formarse de lo justo y lo injusto, de lo bueno y lo malo, de lo moral y lo inmoral, tiene sus raíces en la vida."
Jaime Pérez, defendió una ética donde la honestidad intelectual primaba sobre la disciplina ciega. Una de sus lecciones más humanas fue su capacidad para enfrentar situaciones extremas manteniendo su esencia, priorizando siempre ser "víctima de sus propias ideas antes que victimario de sus compañeros", lo cual refleja una profunda ética del respeto no solo a sus compañeros, sino a los valores más profundos de su identidad de izquierda.
Carlos Vaz Ferreira, es quizás, quien más reflexionó sobre la moral en el Uruguay desde la filosofía. Su concepto central es el "estar siempre alerta". Vaz Ferreira no proponía una moral de reglas rígidas, sino una "atención moral hacia sí mismo". Sostenía que los problemas morales rara vez tienen soluciones exactas, por lo que el ciudadano (y especialmente el intelectual) debe evitar la "anestesia de la costumbre" y analizar constantemente sus propios actos, incluso los cotidianos, para no caer en la inercia o el hábito irreflexivo.
José Enrique Rodó. En su obra Ariel, Rodó establece una moral basada en la excelencia espiritual y el idealismo. Su ética es la de la elevación. Rodó advertía contra el utilitarismo vulgar, proponiendo que la moralidad del ser humano reside en su capacidad de resistirse a la nivelación hacia abajo. Para él, la ética es la aspiración constante a las formas superiores de la cultura y el espíritu.
Carlos Quijano, dejó grabada una máxima ética que define su trayectoria: "Nada aceptaré que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones". Su moralidad era la de la "conciencia crítica": la obligación ineludible de cuestionar el poder, de no aceptar verdades reveladas y de mantener una actitud irrenunciable de independencia frente a cualquier presión.
Todos en su diversidad comparten algo fundamental, no hablaron de la ética y la moral, la vivieron, sus vidas son inseparables de sus convicciones.
Leyendo estas pocas citas, surge una pregunta central, ¿se puede separar, dividir la ética, la moral de las convicciones de la moral y la ética del combate contra el asalto al Estado, el manejo amoral de los recursos públicos, la estafa como centro de la actividad privada, una justicia y de fiscales a la altura de estas exigencias? No.
Y para nosotros, para la izquierda ¿se puede luchar por la justicia social, por los derechos de los más humildes, por a democracia en un sentido más profundo sin combatir frontal y totalmente la corrupción, el amiguismo, los cargos por encima de las ideas? No.
Hay esperanzas, los 20 de mayo en este país maravilloso se realiza la más grande de las manifestaciones populares, incluso ahora la más plural, recuperando la memoria de la más grande de las batallas populares y cívicas uruguayas contra la dictadura, la marcha por los desaparecidos. ¿Alguien que no sea un delincuente mayor, puede creer que esos cientos de jóvenes con sus rostros tan nuestros, y esas decenas de miles de personas, tienen algo que ver con la inmoralidad, con la amoralidad, con la falta de ética, cuando dieron sus vidas por sus convicciones? No y mil veces no.
Que cada uno asuma sus responsabilidades, sin cálculos menores y mezquinos.
Cuando la moral y la ética arrasa con las leyes, debe intervenir la Justicia, la fiscalía sin politización y sin manipulaciones inmorales
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)