El Fútbol de mi País

Federico Filippo

18.07.2011

Escribo estas líneas aún embriagado por un profundo nacionalismo muy primario, del más barato.

Sigo afónico por los festejos de la victoria sobre Argentina en un partido vibrante, digno de la mejor historia del fútbol uruguayo. Argentina quedó eliminada de la Copa América. Estoy ronco de alegría, orgulloso de mis jugadores y de toda mi gente, épico y glorioso.

No voy a escribir de fútbol, otros que saben mucho más que yo seguro llenarán interminables espacios de periódicos, de televisión, de radio y de portales analizando este y otros partidos. Aún con el cuerpo temblando por la emoción quiero escribir del paralelismo que existe entre el fútbol y un país, en este caso Uruguay.

De este deporte en particular podemos obtener múltiples lecciones para la gestión de un país, y
viceversa. ¿Qué nos enseña la experiencia del seleccionado Celeste? Varias cosas, muchas tienen que ver con la idea de cómo se construye un proyecto posible. Pero tratemos de evitar lugares comunes y simples, veámoslo un poco más allá y como un ejemplo de lo que un grupo humano puede conseguir cuando hace las cosas bien.

La Celeste nos enseña sobre la importancia de la confianza en sus jugadores (en su gente) y en
entender que cada quien tiene un lugar donde brillar. El Presidente y el DT son los que crean las condiciones para que el trabajo en equipo se concrete. Al igual que en el deporte, un país trabaja con objetivos individuales (sectores de la economía), pero sobre todo colectivos y con normas claras. En el fútbol al igual que en un país palabras como liderazgo, motivación y respeto son claves para alcanzar el éxito.

El poder de la mente (inteligencia si hablamos de un país) es esencial. La Celeste nos enseña que con el poder de la mente, con cerebros bien entrenados, se pueden conseguir importantes metas, que pueden ser hasta físicas. El verdadero triunfo se consigue al potenciar la inteligencia del grupo humano frente a las genialidades de algunos o la fuerza física de otros. ¿Quién podía pensar hasta hace apenas 2 años que Uruguay era capaz de llegar 4º en el Mundial de Sudáfrica, 2º en Mundial Sub 17, participar de la próxima Olimpiada de Londres o ganarle a la Argentina de Messi en su propia casa y con 10 jugadores?

La respuesta está en el “proyecto” y en entender el verdadero sentido de competir en este juego global, como lo hace una nación cuando sobresale globalmente.

El Maestro Oscar Washington Tabarez en su conferencia de prensa luego de la victoria explicó que durante el entretiempo les recordó a sus jugadores que se olvidaran del árbitro, que se mantuvieran concentrados, que adecuaran el juego a las nuevas circunstancias. Tal como lo hace un país que compite exitosamente. El jugador exitoso (o sector de la economía) no piensa en su lesión o en la mala decisión del árbitro, eso es parte de los imponderables, mantiene el foco en su juego (en su estrategia).

Construir un trabajo en equipo es el fin último de cualquier Estrategia (País) exitosa. Cuando se dice que la competitividad de las naciones depende cada vez más de la construcción de lo que se conoce como un Sistema Nacional de Innovación es lo mismo que aspirar a construir una selección Celeste donde jueguen 3 millones, con su DT y un excelente cuerpo técnico.

El secreto está en comenzar por administrar los talentos. Una cosa es tener un a “un equipo de talentosos” (un plantel) y otra bien diferente es tener “un equipo” a secas. Un país exitoso, al igual que una selección de fútbol exitosa, gana con un “equipo”. Argentina tiene plantel pero no tiene equipo. Uruguay tiene plantel y tiene equipo.

Ahí está la diferencia.

Muchas veces el problema de países como la Argentina, de Brasil o de Francia es que les nacen un Maradona, un Messi, un Pelé, un Ronaldo o un Zinedine Zidane. Tienen esa suerte pero al mismo tiempo esa desgracia. El talento sin equipo no sirve de nada, como rezaba un viejo eslogan de una marca de neumáticos “la fuerza sin potencia no sirven de nada”. La Argentina futbolística de los últimos años es eso, talento y fuerza sin equipo y sin potencia, y no solo futbolísticamente hablando. Un paisito fanático como lo es Uruguay y que no cuenta con esos futbolistas únicos, entendió que solo resta apelar a un bien entendido Equipo.

La Celeste también nos enseña sobre la importancia de la charla del cuerpo técnico. El liderazgo va mucho más allá de una charla adornada con palabras motivadoras y la palmada en el hombro al jugador (o sector). Esto logra un impacto muy limitado, que si lo llevamos a escala de un país solo es capaz de generar algunos titulares. El DT o el Presidente que son verdaderos líderes no desean ser amigos o jefes de sus jugadores, entienden el rendimiento como el resultado de lo que se puede lograr trabajando juntos. En el país Argentina tenemos, por ejemplo, una Presidente que quiere ser Jefe y un DT que parece querer ser amigo de sus jugadores. En Uruguay, por el contrario, tengo la sensación de que tenemos a un Presidente que quiere ser amigo de sus jugadores y una selección uruguaya de fútbol con un verdadero DT. El DT que durante un partido y parado en la línea de cal se lo pasa gritando directivas debería pensar si está haciendo bien su trabajo en las jornadas previas al mismo. Un equipo bien planificado, con las directrices claras, buena comunicación y jugadores conocedores de su rol y rendimiento, solo necesita algunos ajustes de reubicación. Me gustan los DT que gritan poco durante el encuentro, me transmiten confianza, me dejan tranquilo de que saben lo que hacen en la cancha.

Lo mismo me pasa con los Presidentes.

La selección Celeste también nos enseña mucho sobre rotación de jugadores y los debidos tiempos. Tema complicado si los hay para la política y para la gestión pública. La selección viene hace tiempo apostando a poder escalonar debidamente a sus generaciones de nuevos jugadores. Ahí está la sub 17, la sub 20 y los mayores, cada una con su proyecto pero todos bajo un mismo cielo celeste. El escalonamiento de las futuras generaciones de dirigentes políticos en el país Uruguay está muy lejos de ser resuelto, tema para el DT o Presidente.

Un juego como el fútbol se caracteriza por lograr un sobresaliente desempeño en lo físico, lo emocional y lo mental. Igual le pasa a una nación en materia de infraestructura, estado de ánimo e inteligencia puesta al servicio de un juego que se llama “competitividad”. Así como un jugador se entrena diariamente para rendir el máximo durante los 90 minutos que dura un encuentro, en una nación los trabajadores, los empresarios, los gerentes públicos y los políticos se entrenan 8 horas diarias para aprender cosas nuevas, a como innovar y producir mejor, bases para crear más empleo y triunfar en lo social y en lo económico.

A mí la Celeste, esta selección, me enseña de alguna manera a sobrellevar las situaciones de crisis, tengo confianza en este proyecto y en este equipo, me enseñaron con su esfuerzo que una caída es eso, una caída, pero nada tiene que ver con una derrota. Hoy sábado ganamos y estamos entre los mejores 4, en Sudáfrica llegamos cuartos y como uruguayo disfruté del equipo mucho más que por el resultado.

Si el Loco marraba el penal o Muslera no le atajaba a Tevez no lo viviría como una crisis, es parte del proyecto, algo salió mal, pero mi confianza en este grupo humano sigue intacta. Al igual que en mi país y en mi gente.

En lo que a mí respecta Argentina no perdió este partido, resulta que una vez más Uruguay supo cómo ganarlo. Soy Celeste de selección y de país.
 
 

Federico Filippo
2011-07-18T10:54:00

Federico Filippo (*)

(*) Como decía mi abuelo, "Cittadino del Mondo"

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