El nuevo Pensador de Rodin

Federico Filippo

27.08.2012

Si uno deambula por las calles de nuestras ciudades modernas, en el país que se desee, pareciera que hay una generación entera que se apresta a enfrentar el futuro con la frente gacha.

En lugar de ir bien erguidos, orgullosos de lo que representa el ser jóvenes, con la frente bien en alto, parecen haber adoptado una postura física de timidez, la mayoría de los jóvenes de hoy miran al piso, o eso parece, cuando a través de las pantallitas de sus teléfonos móviles se comunican con el mundo que los rodea. Otra contradicción de nuestros tiempos. La juventud, a quien se le reclama ser la fuerza del cambio, el motor para construir nuevas sociedades, aquellos que pueden arriesgar para hacer algo nuevo, de quienes se espera tengan la confianza suficiente para atreverse a más y mejor, levanten la vista para mirar lejos y orgullosamente enfrentar los desafíos por venir. Justamente es esa nueva generación la la que está bajando la mirada.

En el transporte colectivo es una escena corriente. El autobús que por las mañanas suele estar lleno de gente, también está lleno de miradas que tienen un alcance diferente. Los más jóvenes en su gran mayoría no bien pagan sus boletos, ya sea estando parados o sentados, lo primero que hacen es bajar su vista hacia sus teléfonos inteligentes superconectados y superequipados. Se ven nucas como nunca se vieron en el pasado. Mientras que las personas mayores mantienen la mirada erguida, buscando alguna distracción en el paisaje urbano o entre los personajes que ocupamos ese espacio en movimiento.

Ver a 3 o 4 jóvenes todos ensimismados en sus teléfonos y callados me hace recordar a esas escenas de películas sobre viejos colegios donde los ponían en fila a mirar el suelo y previo a un castigo de las autoridades de la educación de entonces. También me vienen a la mente las imágenes del video de Pink Floyd, "Another brick in the wall", y su denuncia de una educación, o de sociedades que pueden limitar el potencial de una generación, lo pueden limitar tanto que suponen una amenaza para la poesía, la buena comunicación, la creatividad, y para que dejemos de parecernos un poco menos a lo que somos y pasemos a convertirnos en una gran masa de carne picada. Veo a estos nuevos jóvenes, y no soy tan viejo, y vuelve a mí el sonido final de aquel video que termina con un viejo teléfono de disco timbrando insistentemente, como si se tratase de una profética advertencia de lo que sería la próxima amenaza para las generaciones que le siguieron al muro.

Muy a menudo me interrogo sobre la conexión que existe entre nuestras posturas físicas y lo que somos, o en lo que nos convertiremos como sociedades. La pegunta viene bien al caso si se repasa el simbolismo que está detrás de las posturas humanas y lo que estas representaron. Es así como la expresión y actitud de avanzar con la frente en alto es sinónimo de confianza en sí mismo, representa seguridad en el paso. Hay posturas tan famosas como la de El Pensador de Rodin que son suficientes para representar el pensar y la poesía. Cuando se observa a esa figura del esculpida a fines del siglo XIX, cuando justamente la sociedad francesa se interrogaba sobre el significado de los espectaculares avances científicos de la época que amenazaban con la esencia reflexiva e introspectiva que tenemos los seres humano, nuestro equilibrio espiritual y hasta la capacidad de reflexionar sobre las amenazas por venir. Ya en aquel entonces se medían la poesía y la ciencia, y la respuesta que Rodin nos ofrece a ese necesario equilibrio sigue viniendo de nuestra capacidad reflexiva.

Es imposible imaginarse a El Pensador mirando su teléfono celular. Si bien la pose de aquella escultura es semejante a la de muchos jóvenes de hoy, el propio Rodin logró capturar en su obra sus propias meditaciones. Mira hacia el suelo de forma de que tengamos presente que para alcanzar metas y resultados, en este caso como humanidad, no debemos perder de vista el camino recorrido para aprender del pasado. Tampoco es casual la necesidad de estar sentado, ya que a inicios del siglo XX se vivía una vertiginosa aceleración de los hechos y de los cambios sociales que requerían una pausa para poder ordenar la vida de aquel entonces.

En definitiva, no está mal detenerse cada tanto para mirar hacia abajo, es algo que como humanos necesitamos hacer más a menudo, lo que se interpone para mirar el suelo y a nuestros pasos es el teléfono, y es por esa razón que Rodin nos hizo a su Pensador desprovisto de todo, para estar un poco más con nosotros mismos. Desnudos.

Federico Filippo
2012-08-27T12:07:00

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