Filantrocapitalismo: Don de los dioses humanos. Stefano Casini
06.06.2026
El término Filantrocapitalismo es un invento de un tal Matthew Bishop, que intentó explicar cómo los mega ricos, usan métodos empresariales para resolver problemas sociales, lo que les permite decidir qué causas financiar, en lugar de dejarlo en manos públicas por los impuestazos.
Otros llaman este fenómeno Capitalismo Progresista o "Woke Capitalism". Se trata de utilizar las causas sociales, artísticas o ambientales, para generar empatía masiva, limpiando así la reputación personal muy polémica frente a la pobreza.
Este fenómeno tiene otro nombre: Lavado de Imagen (Reputation Washing). Es el fenómeno de las figuras disruptivas del arte, como Roger Waters, Javier y Carlos Bardem. Meryl Streep, Susan Sarandon, Fito Páez, Serrat o Sabina, casados con causas de izquierda, a veces radical, algo así como una "vacuna ideológica". Apoyan la disidencia, la causa Palestina, la revolución cubana o venezolana (aunque Sabina, públicamente rechazó las dictaduras de izquierda sudamericanas), Hamas y hasta el anti-todo....el Ayatollah de Irán.
Lo hacen a través del sistema, demostrando ser, supuestamente, tolerantes, sin ceder nunca el control de los medios de producción. Parece una "normalidad conductual" pero se parece más a una patología mediática, explicando cómo la culpa de la opulencia, se puede mitigar financiando causas morales, casi todas indiscutibles, sensibles, basadas en la lástima hacia el débil o el que vive del estado, sin educación básica, sin cobertura médica adecuada, sin vivienda gratis: todo esto, obviamente, maquillado por los DDHH, nunca por los Deberes Humanos.
Financiando LA SOLUCIÓN, se puede controlar el debate. Esto debilita la crítica estructural al sistema fiscal que los hizo ricos. Un caso emblemático es Bill Gates, con su pasión por erradicar las enfermedades, siendo también un férreo defensor de las patentes farmacéuticas privadas y opositor de las reformas fiscales extremas sobre grandes fortunas.
El filantrocapitalista más emblemático es George Soros. Financia miles de ONGs, sociedades abiertas y derechos civiles, siendo un blanco de la ultraderecha. Pero, todos sabemos que su fortuna personal proviene de la mega especulación de 1992.
El 16 de septiembre de ese año, conocido como Miércoles Negro, Soros vendió al descubierto (short selling) unos 10.000 millones de libras esterlinas a través de su fondo de inversión (Quantum Fund), apostando a que la libra se desplomara y ocurrió.
El Banco Central británico trató de defender su moneda gastando 27.000 millones de libras para recomprarlas en el mercado y elevó los tipos de interés drásticamente, pero fue inútil y todo colapsó,
Soros recompró las libras que debía a precio de remate después de la devaluación, embolsándose 1000 millones de dólares en un día y ganando fama mundial como "el hombre que quebró al Banco de Inglaterra".
Estos señores y algunos otros (los que tienen patrimonios de más de MIL millones) ayudan directamente a figuras del entretenimiento radical, asimiladas por el dinero de estos fondos.
La protesta se vuelve otro producto de consumo de lujo. En las élites de izquierda, estos magnates filantrópicos, no son tan bien vistos. A pesar que, por un lado, financian pobreza, los izquierdistas "old fashion", los que piensan aun como lo hacían Zelmar Michelini o Seregni, no ven estos como señuelos de Libertad, sino como millonarios que especulan con la pobreza, que, al final, es un elemento cualquiera para ellos.
La verdadera izquierda busca la redistribución sistémica vía impuestos y leyes, no la caridad voluntaria de los mil millonarios. Este tipo de Filantropía barata pero carísimática, la ven como una táctica perfecta para que todo cambie sin que nada cambie.
La plata "en donación", es un porcentaje insignificante de sus ganancias o un arma especulativa segura, ya que, si es para "causas humanitarias", no se pagan impuestos, pudiéndo transformarse el negocio en enormes lavarropas!!! Estos señores, evadiendo impuestos, se muestran como santos del momento, coqueteando con leyes fiscales.
La Filantropía caviar y la izquierda de billetera gorda
Desde el punto de vista filosófico, no hay paradoja más lucrativa que la del mil millonario que financia la revolución desde una lujosa mansión. Son dueños de corporaciones o industrias tecnológicas, compran su paz social financiando flotillas humanitarias o apadrinando creadores de contenido que quieren la destrucción del libre mercado. Lo hacen entre una copa y otra de Don Perignon!!!
Estos referentes que juran redimir las masas y combatir el capitalismo, terminan siendo los que juran destruir la igualdad de oportunidades. Personalmente no me convence la igualdad financiada con dinero lavado de ultra ricos. Primero, porque quieren no quieren que los veamos tan ricos, segundo, para "no sentirse culpables de ser tan ricos", mientras que los grandes políticos del socialismo siglo XXI, se volvieron multimillonarios de manual. Al final, la indignación cotiza en bolsa y la pobreza de los pueblos, se vuelve un gran negocio, inclusive más rentable de la moral contemporánea. Al lavado de dinero le suman el "lavado de reputación". Donan el 1% de una fortuna acumulada a través de monopolios tecnológicos o especulación financiera agresiva y se creen con el derecho de dictar la agenda global, pero no ceden el control real de sus activos.
Por el lado político, los mitos de la austeridad son figuras teocráticas, carismáticas que mueven masas, como lo fue Fidel Castro que, como citaron investigaciones de revistas transparentes como Forbes, estimaron la fortuna que dejó en 900 millones de dólares, controlando redes de empresas estatales, mientras su pueblo se muere de hambre. En los últimos años, personajes de todo tipo y color como Chávez, Maduro, Ortega, Andrés Manuel López Obrador, Sheimbaum o Petro, fueron más allá y empezaron a decirlo públicamente: "Ser rico es ser malo".
Mientras que Maria Gabriela Chávez posee una fortuna billonaria en dólares, su papá fue el primero en introducir la filosofía de "La clase media es nuestra enemiga" y, como dijeron en sendos discursos públicos, Andrés López Obrador o Petro, "No podemos permitir que haya una clase media. Cuando tienen una casa o un auto se transforman en nuestros enemigos".
Cristina Fernández de Kirchner es de los peores ejemplos de la historia contemporánea. La ex presidente argentina tiene tobillera y, "piano piano", la Justicia comenzó a confiscar su enorme fortuna. Tiene una condena firme de seis años de prisión bajo arresto domiciliario y está deshabilitada para la función pública "in eternum" (por lo menos hasta que otro Presidente K, la indulte), Causa Vialidad, Causa Otesur, los cuadernos de las coimas, Pacto con Irán, Causa dólar a futuro, Memorandum con Katar y "otras causitas". Ella es el ejemplo viviente perfecto de como el relato de "sacar al país de la pobreza" convive con un esquema de retornos de dinero estatal que engorda patrimonios propios. Para magnates billonarios o inescrupulosos semi-dictadores, las fortunas llegan "matemáticamente" ilícitamente.
Para estos magnates políticos, la beneficencia se deduce de los impuestos, comprando influencia política. Para los Presidentes de la izquierda rancia, el dinero es la herramienta para blindar el poder. La riqueza no se comparte, se administra estratégicamente para mantener la asimetría social.
Nunca olvidaré, en el lejano 1988, cuando dirigía un Patronato Italiano en Montevideo, durante un Congreso, charlé, en una cena, con una anciana Senadora del entonces PCI (Partito Comunista Italiano) Giglia Tedesco Tató en un momento histórico único, cuando Italia, ya había empezado su Perestroika y me dijo, entre muchas cosas: "Sos muy joven, la política es muy sucia, pero no todos los políticos lo son. Yo fui "partigiana", tuve una ametralladora en las manos a los 18 años para pelear contra los nazis. Nuestro partido debe cambiar, porqué, al final de una guerra donde todo era muerte y pobreza, no había DDHH. Hoy, los italianos tienen casa y auto, ya no son pobres. Entonces ¿para qué y quién luchamos ahora?...hay que transformarse!".
A mis 35 años, quedé shockeado, llegando a la conclusión que el progresismo de las élites y el socialismo del siglo XXI de los gobernantes multimillonarios, se precisan mutuamente.
Los primeros limpian culpas financiando protestas; los otros justifican su riqueza culpando al imperialismo. En mi humilde opinión, mientras la riqueza se concentre en las manos de quienes dicen combatirla, la justicia social seguirá siendo solo un eslogan de campaña o una gala benéfica de etiqueta.
Stefano Casini es periodista. Empezó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.
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