Flotando en la superficie… Ramón Fonticiella
29.11.2025
Uno tiene la impresión de que algo que flota, sin movimiento propio, en una superficie líquida, no está vivo. Un trozo de madera, un cuerpo animal muerto, en fin, tantas cosas. Por eso me preocupa que en noticias del país, haya tanto tiempo dedicado a superficialidades.
Me da la impresión de que los novelones románticos de Corín Tellado o las fotonovelas de los 60, hubieran revivido. Horas y horas de cámaras dedicadas a una boda de personas millonarias que ni siquiera son uruguayos, que sólo serán conocidas por sus iguales (quizás unos 25.000 en tres millones y medio), y nada más. Un claro ejemplo de flotar y nada más.
Con respeto por quienes se sienten incluídos en esa farándula, creo que se ha hecho culto a la superficialidad. Me quedo con un concierto de bandas queridas, un novelón sobre Nacional y Peñarol o el seguimiento de la posible inconstitucionalidad de Andrés Ojeda. Los grandes (y los chicos) seguirán siendo parte de nuestra vida, los deposados paraguayos y sus amigos, pasarán, dejarán unos mangos en alquileres y consumos y...Chau!
Mi sinceridad puede ser grosera; no pretende ser graciosa. Trato de, aún con discrepancias, remover el pensamiento de los orientales. Hay que gozar la vida con mente y cuerpo propios... no con los ajenos. Se corre el riesgo de adormecer sentimientos, sensaciones y objetivos.
Habría que decir "allá ellos..." pero no es tan fácil. Dejar pasar las superficialidades es sumar contra el desarrollo social o intelectual, además de contribuir a la ignorancia de la gente.
Recordando los informativos de estos días en los canales montevideanos, me gustaría saber cuántas personas pueden contar cómo llegaron los que asisten a la boda, y cuántos recuerdan el impacto de los radares en el mejoramiento del tránsito carretero.
Esas informaciones son constructivas y a la vez destructoras de falsedades respecto al objetivo de esos recursos tecnológicos. No son para flotar en la superficie, son para entender el porqué de las cosas. Cuando se intensificó la colocación de radares en las rutas (gobierno anterior), hubo gente que bramó diciendo que "era para recaudar". Esta semana autoridades del nuevo gobierno explicaron cómo bajó la cantidad de accidentes donde hay radares y cómo disminuyó el número de personas fallecidas en siniestros en los mismos sitios. Se bajó más del cincuenta por ciento de los desenlaces fatales! Queda claro que los radares (por miedo a las multas) hicieron reducir velocidades en lugares peligrosos y muchas personas siguen viviendo gracias a ello.
Siempre me chocó que haya ciudadanos despreciativos y malpensados respecto de las medidas de seguridad; siento compasión por los individuos (y colectivos) que todo lo achacan a las ganas de sacarle plata a la gente. Ojalá que los datos que esta vez se ha difundido, sirvan para educar. Nada tengo a favor de los métodos de la Escuela Lancasteriana (del siglo XIX), pero hay una máxima que a veces marca: "la letra con sangre entra". Figurativamente, el dolor de una posible multa, termina salvándole la vida a mucha gente.
He aquí dos puntas de una misma función: la información. Por un lado la tilinguería, liviandad o superficialidad de sólo entretener, aunque sea con la vida ajena. Por otro la solidez de una política de Estado, que salva vidas, aunque a los infractores les cueste multas.
Se trata de no flotar en la superficie. Hay que tenerse cariño, para que no parezcamos "cosas muertas"...
Ramón Fonticiella es Maestro, periodista, circunstancialmente y por decisión popular: edil, diputado, senador e intendente de Salto. Siempre militante
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias