Frente Amplio: ¿Un Congreso más? Esteban Valenti
19.10.2026
El Congreso José Mujica, realizado por el Frente Amplio el pasado fin de semana, deja planteada una alternativa de hierro: iniciar el cambio y la remontada en la opinión pública, o seguir cayendo hacia una derrota que es mucho más que electoral.
Los discursos son importantes, pero más importante es la actitud, la voluntad colectiva de la gente: de los delegados al Congreso como expresión del pueblo frenteamplista, que tiene en sus manos una parte importante del cambio. La otra está integralmente en la Torre Ejecutiva.
La liturgia no cambió en absoluto: el desborde de banderas del FA y de los diversos sectores y partidos, así como el clima unitario, se mantuvieron intactos. Esos son factores fundamentales para emprender una de las opciones: la de cambiar e iniciar una batalla que revierta la tendencia en la opinión pública de los frenteamplistas y de los futuros votantes hacia el 2029.
Pero ese cambio no está solo ni principalmente en manos de los congresistas del FA; está a pocas cuadras: las que separan el Palacio Peñarol de la sede del gobierno y del Palacio Legislativo.
El impacto de las últimas encuestas de opinión pública -realmente muy negativas para el gobierno del Frente Amplio- no estuvo ausente del debate; ignorarlo hubiera sido un suicidio. Asimismo, fue acertada la definición del presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, al plantear que debemos proyectar un FA para los próximos 20 años.
Pensar para las dos próximas décadas implica necesariamente pensar y actuar en la coyuntura actual: el momento político más difícil y adverso para un gobierno del Frente Amplio desde que asumió el país e incluso Montevideo. Y esto ocurre no solo por la percepción de la ciudadanía en general y de la propia base frenteamplista, sino porque conviven contradicciones muy difíciles de explicar, aunque tengan su explicación.
Paradojas como haber alcanzado en los últimos tiempos avances sociales notables: en el último semestre de este año, 100 mil uruguayos salieron de la pobreza, y entre ellos un número significativo de niños de la indigencia, objetivo definitorio de nuestra identidad de izquierda.
Asimismo, hace pocos días fue anunciada la mayor inversión privada de la historia nacional con la multinacional española Solaria (Solaria Energía y Medio Ambiente), que alcanza los 5.700 millones de dólares para la construcción de un megacomplejo integrado de centros de datos masivos (data centers) orientados a computación de alto rendimiento e inteligencia artificial, abastecidos por generación fotovoltaica propia. Las instalaciones se distribuirán en los departamentos de Canelones, San José y Florida.
En el plano de la seguridad pública conviven dos realidades contradictorias: la baja sostenida de las rapiñas y los hurtos, frente a la suba permanente de los homicidios. Todos esperamos una explicación rigurosa y medidas concretas por parte del Ministerio del Interior y del conjunto del gobierno, considerando que la inseguridad sigue siendo la principal preocupación de los uruguayos.
El Congreso se llevó a cabo el fin de semana previo al balotaje en Brasil. Incluso los sectores menos politizados comprenden el impacto regional que tendría el triunfo de Bolsonaro: un cerco político inédito y una seria amenaza para nuestra izquierda.
Sin embargo, más allá de algunas declaraciones formales, el FA hizo muy poco por respaldar ese proceso electoral definitorio para nosotros, para América Latina y para el orden global, en el que Brasil cumple un rol clave en el G20, en el G77, en el equilibrio internacional y en el multilateralismo. El Frente Amplio, orgánicamente, hizo menos que nada.
Estos factores -los cambios imprescindibles en la conducción política, social, de seguridad, educativa, de inserción internacional, económica y productiva, sumados a una mínima sensibilidad orgánica ante hitos como el balotaje brasileño- definirán nuestros próximos 20 años, e incluso los tres que restan para el próximo ciclo electoral nacional.
Se trata de política y no meramente de comunicación y sus notorias carencias. Sin embargo, dado que hoy la política y la comunicación son indivisibles, conviene mirar la lección de la primera vuelta en Brasil: pese a exhibir resultados macroeconómicos sólidos -crecimiento del PIB, reducción de la pobreza y mejoras reales en salarios y jubilaciones-, la derrota por casi dos puntos (inesperada por la mayoría) obedeció en buena medida a deficiencias estratégicas y comunicacionales de la campaña.
La coalición multicolor siguió con detenimiento el Congreso del FA. Si bien aún no capitaliza plenamente el desgaste del gobierno actual -a pesar de una ofensiva implacable para erosionar a la izquierda-, tampoco ha pagado el costo político de haber encabezado una de las administraciones más cuestionadas por corrupción en la historia reciente. Enfrentamos una derrota cultural preocupante: franjas de la ciudadanía se desentienden de la política o continúan respaldando a los mismos actores. Revertir esto exige transformaciones profundas en la comunicación institucional del gobierno y en la del Frente Amplio.
Dichos cambios no surgirán de meros ajustes técnicos o publicitarios, sino de una renovada elaboración teórica y cultural que asimile la experiencia internacional, donde la izquierda se ha replegado de la disputa de ideas salvo contadas excepciones.
Hace falta formar cuadros políticos con miras a los próximos 20 años. Ese proceso requiere tiempo y no se resuelve con recetas tradicionales: demanda audacia y empuje cultural para subsanar la evidente escasez de relevos en la gestión y en la estructura partidaria, en medio de una renovación generacional que viene mostrando notorias fallas.
Por último, el Frente Amplio debe asumir que las tendencias regresivas globales ya golpean a Uruguay: el desinterés creciente de la sociedad hacia la política y un retroceso inquietante en el respaldo a la democracia. No alcanza con consolarnos comparándonos con vecinos donde el electorado ha optado por proyectos como los de Bolsonaro, Milei o Kast.
Estas son, a mi juicio, las claves impostergables para encarar con seriedad las próximas dos décadas, preservando la viabilidad del proyecto y asegurando la competitividad de la izquierda hacia las elecciones de 2029 y las departamentales de 2030 en Montevideo.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)