Futbol y política. Un matrimonio inconveniente. Esteban Valenti

01.07.2026

Sin la directa intervención de la política estatal no se hubiera podido realizar el 1er Campeonato Mundial de Futbol de 1930, su participación no solo fue política, sino fundamentalmente económica y logística, actuando como el principal motor para que el torneo pudiera llevarse a cabo.

Para asegurar la candidatura uruguaya frente a la FIFA en 1929, el Estado actuó con rapidez para garantizar el financiamiento. El Estado destinó 300.000 pesos oro como subvención directa para la organización del torneo y otorgó un préstamo sin interés de 200.000 pesos adicionales, amortizable en 30 años. Este capital fue vital para la construcción de infraestructura y la logística del evento. Entre otras cosas el estadio Centenario.

Uruguay, que gozaba de una economía sólida en aquel entonces, ofreció asistencia financiera para cubrir los costos de traslado y alojamiento de varias delegaciones europeas que, de otro modo, no habrían podido asistir. Cuando surgieron tensiones graves entre las selecciones de Argentina y Uruguay (especialmente tras la final), las autoridades estatales intervinieron para mediar en los conflictos diplomáticos y deportivos que llegaron a escalar hasta la vandalización de la embajada uruguaya en Buenos Aires.

En otro momento, en nuestro país donde el fútbol se entrelazó con la política, fue durante la dictadura. La Copa de Oro de Campeones Mundiales, disputada entre fines de 1980 y principios de 1981, popularmente conocida como el "Mundialito".

El Mundialito no fue un torneo aislado, sino una pieza central de la estrategia de la dictadura cívico-militar (1973-1985) para ganar legitimidad y ganar el plebiscito constitucional con el proyecto de reforma llevado a las urnas ese mismo año.

El Mundialito fue planeado como el "broche de oro" para festejar el éxito de un plebiscito constitucional que la dictadura convocó para noviembre de 1980. Los militares estaban convencidos de que ganarían la consulta, lo que les permitiría institucionalizar su régimen.

La historia tomó un giro imprevisto cuando la sociedad uruguaya rechazó masivamente el proyecto constitucional de la dictadura en el plebiscito (ganó el "No" con cerca del 57% de los votos) pocos meses antes de la disputa del Mundialito.  

Aunque la dictadura mantuvo la organización y la inversión millonaria, las tribunas del Estadio Centenario se convirtieron en un espacio de resistencia. La gente utilizó la masividad de los partidos para expresar su descontento y cantar consignas contra el régimen, como el famoso "se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar".

En resumen, el Mundialito terminó siendo una victoria deportiva para Uruguay, pero una derrota política para la dictadura, ya que el evento no logró ocultar el rechazo social que el régimen había sufrido en las urnas apenas unas semanas antes.

Podríamos mencionar varios ejemplos, el más cercano el Campeonato Mundial en Argentina, de 1978, jugado en medio de la más feroz represión militar y policial.

Hay un episodio en 1987, cuando el doctor Tabaré Vázquez, sin ninguna trayectoria destacada en la política, pero presidente del Club Progreso fue propuesto para la presidencia de la Asociación Uruguaya de Fútbol.

Aunque se intentó acallar lo que llamaban "leyendas urbanas" el semanario Búsqueda, escribió que el entonces presidente de la República, Julio María Sanguinetti, habría intervenido para impedir su llegada al cargo, dando instrucciones al presidente de Peñarol,  de no votar a Vázquez. Han circulado varios desmentidos, pero nadie los creyó.

Que ironía feroz, el primer promotor del camino de Vázquez a la Intendencia de Montevideo hasta culminar en dos oportunidades en la Presidencia de la República, fue nada menos que el Dr. Julio María Sanguinetti. La historia se venga.

Hoy perdimos de la peor manera posible la clasificación en la serie del mundial, en una de las series más ruinosas de la selección celeste. La crónica es ampliamente conocida, cuatro goles en contra, tres por directa responsabilidad del golero, Fernando Muslera, combinado con un pésimo pase hacia atrás de un defensa o de dos jugadores que, en la barrera frente a un penal frontal, "esquivaron" elegantemente la pelota mientras el golero demostraba que hace un buen tiempo que ya no es el muy buen golero de antes.

El coro de la mayoría de los comentaristas, salieron a entreverar todo y a considerarse que son los únicos con derecho a evaluar el rendimiento de la selección uruguaya. Ayer, hoy y siempre.

La clave es esa, entreverar, poner en el mismo plano a los jugadores, al director técnico, a los alcanza pelotas y si es posible olvidarse magnánimamente de la directiva de la AUF.

Los jugadores tuvieron altas y muy bajas, tiempos enteros en que acorralaron al rival y tiempos para el olvido. Así, con pena y sin gloria nos fuimos con el rabo entre las extremidades, que tampoco se arriesgaron mucho.

Hubo comentaristas de los otros, que nos perdonaron y realizaron críticas ajustadas y comprensibles para cualquier mortal oriental.

La responsabilidad del armado del cuadro, de la sucesión de reveses previos al mundial, de haber obtenido la copa del 0 a 0 o del empate, de convocar a esos jugadores y no a otros, de llevar al mundial una enfermería ambulante y de insistir en el error, hasta la saturación. Lo que determinó que el propio Muslera pidió ser retirado, tuvo sentido crítico, de lo que carece en absoluto Bielsa. Él es el gran responsable del desastroso performance de la celeste en Estados Unidos, ante cuadros más que discretos, como Cabo Verde y Arabia Saudita.

Tenemos jugadores de sobra para no hacer un papelón orbital como el que hicimos. Los llevó o los posicionó en el campo de manera totalmente equivocada. Y además insistió, que el tenía la razón y en su empecinamiento nos embarró.

Perdimos en el fútbol, en la imagen, en la calidad y consideración ante el mundo futbolero. Pero debemos haber ganado con las 150 personas que formaban y gastaban de la delegación oficial. Que en la mayoría de los casos se quedaron después del revolcón.

Ignacio Alonso, se cuidará muy bien de retornar al país, por el cariño con el que lo aguardamos, por encima de Bielsa en las responsabilidades del desastre está la dirigencia de la AUF, demasiado preocupada en hacer caja con derechos televisivos.

No es cierto que todos los uruguayos somos DT. Vi una niña de 9 años, Florencia que en un reportaje de unos 3 o 4 minutos hizo el mejor diagnostico de todos los medios uruguayos.

¿Qué tiene que ver todo este barrial con la política? Además de que, en este país, todo tiene que ver con la política, hay un choque directo entre el estado de ánimo de los uruguayos, su consideración por las responsabilidades compartidas, y sobre todo con el enjuague de siempre, de la política con la mano enguantada, y los dirigentes de la AUF.

El lunes escuchamos la opinión de una de las más reconocidas directoras de empresas de encuestas de opinión pública, que afirmó con mucha convicción, que la derrota de la selección uruguaya, no es por cierto un impulso a la imagen y el apoyo de este gobierno. Otros tiempos.

Estamos en plena democracia, podemos opinar libremente. Lo conquistamos y el fútbol es un territorio de la patria donde queremos opinar y no ser amansados por una doctrina oficial y oficialista.

Nos faltan otros cuatro años, descotando la clasificación. Algunos podrían perfectamente quedarse refugiados con sus millones lo más lejos posible, dirigentes y DT.   

Esteban Valenti
2026-07-01T07:23:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)