Gabriel Oddone: un ministro diferente. Esteban Valenti
15.09.2026
El ministro de Economía y Finanzas de este gobierno, el economista Gabriel Oddone, es diferente al resto de los otros ministros del gabinete de Yamandú Orsi.
Fue el primero en ser designado por el presidente, fue el único que presentó varias veces su renuncia, es obvio que se mantiene en el cargo. Es de los ministros mejor evaluados por la opinión pública en general y con las mayores resistencias entre los votantes frenteamplistas.
Es un ministro que no proviene del MPP, es de origen socialista, era socio de uno de los más importantes estudios contables y legales del Uruguay, está jubilado y por mis informaciones no tiene una buena relación con esa empresa.
Lo considero un ministro intachable desde el punto de vista moral y no tiene la más mínima acusación de parte de nadie, ni siquiera de la oposición más feroz, que vive cazando brujas con mucha ferocidad, mientras otros multicolores ponen cara de santos.
Es un ministro que le tengo aprecio y que nunca dejamos de tener contacto, incluso cuando me señaló un error que yo había cometido en uno de mis comentarios y tuve que reconocerlo. Es uno de los ministros con los que tengo más diferencias ideológicas, el otro es Mario Lubetkin. Reitero con Oddone no tengo ninguna diferencia moral, lo que hace está todo dictado por su concepción de la economía, donde su preocupación central es el control del déficit fiscal.
No coincido en primer lugar con eso, porque los blancos y la mayoría de los gobiernos anteriores, gritaban a pleno pulmón contra el déficit fiscal y Lacalle nos dejó un clavo del 4.1% del PBI al finalizar el año 2024.
Yo apoyo con vigor y fundamentos que el país para crecer y al mismo tiempo redistribuir la riqueza - que es una necesidad fundamental para un gobierno de izquierda -, tiene que aplicar el impuesto del 1% a los sectores más ricos del país, lo que representaría un ingreso de entre 700 a 800 millones de dólares anuales, lo que equivale al 1% del PBI. Para tener una idea, en esta rendición de cuentas, el gobierno envió un Proyecto de Rendición de Cuentas con un aumento sobre el Presupuesto Nacional vigente de 80 millones de dólares, equivalente al 01% del PBI. Diez veces menos que lo que se podría recaudar con el 1% a los más ricos.
Es fácil de entender que el impuesto a los ricos del 1% que dejaría a esos sectores tan ricos como antes, representaría la posibilidad - sin aumentar en absoluto el déficit fiscal, la posibilidad de aumentar sensiblemente los gastos del Estado uruguayo, en inversiones, en el combate a la pobreza y en especial a la pobreza infantil, en educación, salud, seguridad, etc.
Tomando en cuenta la población total de Uruguay, que se ubica en aproximadamente 3.500.000 habitantes, el 1% más rico representa a unas 35.000 personas. Y si se toma como referencia exclusiva la población adulta del país (estimada en cerca de 2.500.000 personas), el cálculo del 1% se reduce a aproximadamente 25.000 personas.
Para calcular la fortuna sumada de esas 25.000 personas (el 1% más rico), se cruzan los datos del Producto Interno Bruto (PIB) de Uruguay con las estimaciones patrimoniales elaboradas por investigadores económicos de la Udelar. El stock de patrimonio total en Uruguay (que engloba activos reales, tierras, infraestructura, empresas y activos financieros) se calcula históricamente en una cifra que ronda o supera las tres veces el PIB anual, ubicándose grosso modo entre los US$ 180.000 millones y US$ 220.000 millones. Dado que este sector concentra entre el 35% y el 40% de la riqueza total, la masa monetaria acumulada por estas 25.000 personas se sitúa aproximadamente entre los US$ 65.000 millones y US$ 85.000 millones en conjunto. Más del Producto Nacional Bruto de todo el Uruguay.
Comparemos con un país que ahora tiene muchos intereses y contactos comerciales con Uruguay y es uno de los países más desarrollados del mundo y con los mejores servicios sociales y el menor nivel de pobreza, Finlandia.
En el sistema fiscal y económico de Finlandia, el 1% más rico de la población contribuye de manera muy significativa a los ingresos públicos a través de impuestos progresivos sobre la renta, de capital y de patrimonio corporativo.
A diferencia de Uruguay, donde la recaudación general depende en mayor medida de impuestos indirectos como el IVA, Finlandia opera con una fuerte imposición directa y progresiva.
Porcentaje del PBI que representan los impuestos totales: La recaudación fiscal total en Finlandia ronda el 33% del PBI del país. El aporte específico del 1% superior (que abarca tanto impuestos sobre altos ingresos salariales con tasas marginales cercanas al 55-60% como gravámenes sobre ganancias de capital y dividendos) constituye una fracción sustancial de ese total de ingresos fiscales, cubriendo por sí solo varios puntos porcentuales del PBI nacional.
El Presupuesto del Estado finlandés se sitúa en torno a los 92.500 millones de euros anuales. El sector de más altos ingresos (el 1%) aporta colectivamente miles de millones de euros al año a través del impuesto estatal progresivo a la renta y los impuestos sobre el capital, financiando una parte considerable de los gastos públicos centralizados (educación, salud y seguridad social).
Le dedico todo este espacio a este tema, porque el tema de la recaudación, es el corazón del modelo económico, cuando el déficit fiscal es la religión. No habrá aumento de gastos sociales hasta tanto no haya una nueva reforma fiscal, que incluya el 1% de impuesto a los más ricos.
También es justo reconocer que solo una reforma fiscal no alcanza, que hace falta lo que Tabaré Vázquez llamó "la madre de todas las reformas", la reforma del Estado y eso implica muchas cosas de modernización, de calificación, de adecuada utilización de las nuevas tecnologías y también de disminución de los cargos de confianza, pero donde el tema más sensible es la cantidad de funcionarios públicos del Estado, sin contar educación, salud, y seguridad.
Tomando como base los registros oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Oficina Nacional del Servicio Civil (ONSC), el total de vínculos laborales con el Estado uruguayo ronda las 296.000 a 297.000 personas. Si se excluyen Ministerio del Interior, Educación y Salud restan unos entre 85.000 y 95.000 funcionarios públicos.
De acuerdo con los registros oficiales de la Oficina Nacional del Servicio Civil (ONSC) y el Instituto Nacional de Estadística (INE), el conjunto de las 19 intendencias de Uruguay agrupa aproximadamente a 38.000 a 40.000 funcionarios.
Si se suman estos ~39.000 funcionarios municipales al bloque de los ministerios económicos, Poder Judicial, entes autónomos y servicios descentralizados (excluyendo Interior, Educación y Salud), el total general de ese sector público no centralizado ni asistencial/educativo se ubica en el entorno de las 125.000 a 130.000 personas.
Nadie está trabajando - una vez más - en un plan gradual pero efectivo para reducir esta cifra y destinar estos recursos al desarrollo y crecimiento nacional. Por ejemplo, a reducir las tarifas eléctricas, disminuyendo el aporte de UTE a Rentas Generales, que en su última contribución fue de 182 millones de dólares. Y efectivamente destinarlos a que la gente viva mejor, pague menos y haya más empleo porque las empresas pagan un MW más competitivo. El Banco Mundial nos acaba de otorgar un préstamo de 300 millones de dólares para mejorar la competitividad, una parte de esos 182 millones de dólares que UTE aporta a Rentas Generales se podrían perfectamente destinar a la competitividad, eso si todos los años....
Respeto profesionalmente y moralmente al ministro Gabriel Oddone, se que es el ministro más indicado para un gobierno de una tibia centro izquierda, como la del presidente Yamandú Orsi y el MPP y es por ello que no lo dejan renunciar. Tiene una actitud patriótica.
No está entre los muchos personajes del actual gobierno que tiene las prioridades invertidas a la definición de Rodney Arismendi (uruguayos, frenteamplistas y comunistas) ahora funciona el: primero mis aspiraciones personales a futuros cargos; después mi grupo político, un poco más atrás el Frente Amplio y al final el Uruguay. Que retroceso para la izquierda.
Liber Seregni siempre la tuvo clara y su la guía de su vida, primero el Uruguay, después el Frente Amplio y muy atrás sus intereses personales. Esas prioridades las pagó muy caras, con años de cárcel.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)