Ganar no alcanza: el desafío es gobernar mejor. Gerardo Amengual

29.10.2026

La victoria de Lula deja una reflexión para la izquierda latinoamericana: escuchar, corregir y transformar la confianza electoral en resultados para la gente.

 

El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil tiene una importancia que trasciende sus fronteras. En una elección muy disputada, el pueblo brasileño renovó su confianza en un proyecto político que reivindica la democracia, los derechos y la justicia social. Pero entre las palabras pronunciadas por Lula después de la victoria hubo una reflexión que merece especial atención: es necesario cambiar la forma de gobernar.

El presidente reelecto sostuvo que la elección le había dejado muchas lecciones. Anunció que buscará una mayor participación popular en las decisiones y una comunicación más directa con la ciudadanía. En sus palabras hay un reconocimiento relevante: ganar no significa que todo se haya hecho bien ni que alcance con seguir haciendo lo mismo.

La victoria también exige autocrítica

Una victoria electoral es motivo de celebración, pero también debe ser un momento para escuchar. En Brasil, una parte muy importante de la ciudadanía apoyó a otra propuesta. Sus preocupaciones, aun cuando no compartamos sus respuestas políticas, forman parte de la realidad que cualquier gobierno debe atender.

La autocrítica no debilita a la izquierda. La fortalece cuando permite comprender por qué hay personas que no se sienten escuchadas, por qué las soluciones llegan tarde o por qué las mejoras anunciadas no siempre se perciben en los hogares. Escuchar no significa renunciar a las convicciones: significa ponerlas a prueba frente a la realidad.

La experiencia de Lula recuerda que la política no puede limitarse a defender lo realizado. Debe reconocer lo que falta, corregir errores y convocar a la sociedad a construir respuestas. La participación debe tener consecuencias reales en las decisiones, y no quedar reducida a una invitación formal.

La gestión es una expresión de las ideas

Para una fuerza de izquierda, gobernar bien no es un asunto meramente administrativo. Es una forma concreta de defender la igualdad. Cuando una persona espera demasiado por una consulta, cuando una familia no encuentra una vivienda o cuando un joven no consigue trabajo, la calidad de la gestión adquiere un rostro humano.

Por eso hacen falta prioridades claras, equipos capaces, coordinación entre instituciones y evaluación de los resultados. También es necesario administrar con responsabilidad los recursos públicos, porque cada demora y cada gasto ineficiente limitan la posibilidad de atender necesidades urgentes.

Lula mencionó desafíos como la educación, la salud, la seguridad y la tecnología. La distancia entre esos compromisos y sus resultados será una medida de la capacidad de su nuevo gobierno. No basta con anunciar políticas: hay que ejecutarlas, explicar sus avances y corregirlas cuando no funcionan.

Una reflexión para Uruguay

Uruguay tiene su propia realidad y no corresponde trasladar mecánicamente la experiencia brasileña. Sin embargo, la reflexión es pertinente para el Frente Amplio. El respaldo ciudadano que permitió volver al gobierno implica una responsabilidad: demostrar que la política puede responder con sensibilidad, eficacia y sentido de futuro.

Combatir la pobreza infantil, generar trabajo de calidad, cuidar a las personas mayores y garantizar jubilaciones dignas requieren decisiones sostenidas. También requieren inversión, desarrollo productivo y una mirada de largo plazo sobre los cambios tecnológicos y demográficos que ya están transformando nuestra sociedad.

Pero el tiempo de la gente no siempre coincide con el tiempo de las instituciones. Una familia que espera una solución no vive de anuncios ni de balances futuros. Por eso debemos combinar las transformaciones de largo aliento con respuestas concretas y oportunas para los problemas de hoy.

Escuchar, comunicar y cumplir

La comunicación importa. Un gobierno tiene que explicar con claridad qué hace, por qué lo hace y cuáles son las dificultades que encuentra. Pero comunicar mejor no puede sustituir a gestionar mejor. La confianza se construye cuando existe coherencia entre la palabra, la decisión y los resultados.

Eso exige estar cerca de la ciudadanía, dialogar con organizaciones sociales, trabajadores, empresarios y territorios, y rendir cuentas con honestidad. También exige aceptar que nadie tiene todas las respuestas y que rectificar a tiempo puede ser una señal de responsabilidad.

La izquierda no debería conformarse con administrar lo existente ni resignar la ambición de transformar. Debe demostrar que es capaz de hacerlo con un Estado que funcione, con sensibilidad social y con respeto por quienes piensan diferente.

La lección que deja el discurso de Lula es clara: una victoria abre una nueva etapa de exigencias. La confianza recibida en las urnas debe renovarse cada día. No alcanza con gobernar: hay que transformar, y para transformar hay que escuchar, corregir y gestionar mejor para la gente.

Gerardo Amengual es integrante de la Dirección Nacional de SER, lista 141 FRENTE AMPLIO.

Fuente: Agência Brasil, 25 de octubre de 2026: https://agenciabrasil.ebc.com.br/politica/noticia/2026-10/vamos-mudar-o-jeito-de-governar-este-pais-diz-lula

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