Gaza 2023. Buceando entre verdades, mitos, engaños. Relaciones entre racismo y colonialismo. Luis E. Sabini Fernández
13.05.2026
Aciagos tiempos los nuestros. Cada generación debe haber dicho lo propio de los suyos. Pero, aun así, los tiempos no son siempre los mismos.
Los seres humanos son, somos ahora mucho más pesantes, importantes en el planeta que nunca antes. Pero no para bien, como cierto cientificismo, alguna noción de mejoramiento humano indefinido, podría hacernos creer.
Porque, como especie, hemos mejorado y empeorado al mismo tiempo.
Se ha asentado nuestra sabiduría y nuestras técnicas actuales nos permiten toda una panoplia de recursos para enfrentar adversidades y limitaciones.
Conocemos mejor nuestros cuerpos y el planeta. Relaciones causales. La ciencia en sus más diversas ramificaciones, como la dietología, por ejemplo, ha avanzado, sin duda.
Pero la contaminación y nuestra petulancia también. Para mencionar apenas una cuestión, no menor, por cierto: todos nuestros cuerpos sin remedio, no los nuestros sino todos los cuerpos vivos tienen, tenemos microplásticos en nuestro interior; en los intestinos que con suerte, nos desprendernos de ellos; en nuestros pulmones, esperemos que también podamos exhalarlos. En las placentas ya se han detectado. Es decir, todas las mamíferas cuentan con tales sustancias en sus tejidos. Y consiguientemente todos tenemos tales partículas que no son precisamente alimenticias, en nuestros cuerpos. ¿Las tenemos ya en venas y arterias?
¿Sabemos si cuerpos sanos pueden desembarazarse de tales micropartículas? ¿O si tal presencia es factor patógeno inevitable, como pasa en tantas tumoraciones?
La medicina actual -gran generadora de iatrogenia (aunque por cierto, junto a grandes avances propiamente científicos y técnicos, en cirugía, por ejemplo)- no sabe, no contesta.
La petroquímica ha invadido, sanitariamente hablando, al planeta. Y nunca nadie se lo ha enrostrado, ni a corte suprema alguna se le ha ocurrido demandar a dicha industria, por largos períodos la principal y más rentable de la economía mundial. Suponemos que el miedo a ser tildado luddita o retardatario antiprogreso, debe haber frenado la crítica. O que el tecnooptimismo era tan vigente que "a nadie se le ocurriría". Con toda la millonada de dólares y disposición de poder que le ha brindado a sus titulares y propietarios.
Porque el tecnodesarrollo es deslumbrante; nos da autos, velocidad, comodidades, pero no es sabio. Si por acaso nos enferma, nos enloquece, nos mata, eso quedaría más allá de "sus prestaciones". Y ese "por si acaso" va tomando cuerpo.
Y como sistema ha ido ahondando la desigualdad entre humanos; en una segunda fase afectando incluso a sus presuntos beneficiarios.[1]
Cuesta aceptar que el hiperdesarrollo tecnológico tiene un efecto contraproducente: nos pone incómodos.
En el universo de las ideas (y su correlato inevitable, las ideologías), tenemos también una situación crecientemente complicada, probablemente irreversible: con la modernidad, se lesiona (por lo menos) la confianza en los grandes sistemas teologales, se produjo una explosión de ideología laica y sin sotana (aparente), con el liberalismo, el socialismo y sus opuestos; el conservadurismo y la gama de lo reaccionario.
Grandes, formidables pensadores nos han ayudado a advertir, generar ideas, a pensar (son tantos, afortunadamente), como Sócrates, Da Vinci, Zygmunt Bauman, Jacques Ellul, Sigmund Freud, Mahatma Gandhi, Blas Pascal, Antoine Béchamp, Leon Tolstoi, Quino, Tikkanen, y todo un torrente vivificador. Pero no nos alcanza, ciertamente.
Estamos en el tiempo de los planos de realidad diferenciados. Así como culturas de otrora navegaban mágica o psiquicamente en varios mundos; el de las cosas concretas y cotidianas y el de los dioses y demiurgos, nosotros ahora, al lado de un fisiologismo básico y unitario, tenemos el creciente y progresivamente complejo y multidiferenciado mundo cibernético, electrónico, cada vez más presente... y pesante (sin que hayan desaparecido, ni mucho menos, los sistemas teologales).
Tras el fracaso políticosocial de 'los grandes sistemas de ideas' de la modernidad (liberalismo, socialismo, para mencionar apenas los mayores) estamos viendo el entronizamiento del sionismo como ideología dominante. Así como en décadas pasadas podíamos pensar en el mundo de las empresas transnacionales y su poder asentado en algunos estados del llamado Primer Mundo (en primer lugar EE.UU.) y todo el despliegue tecnocientífico consiguiente. A la vez entonces, estaban quienes apostaban, apostábamos, al mundo socialista, por cierto cada vez más deshilachado (en descomposiciones sucesivas, las últimas en 1953, 1968, 1991...).
El siglo xxi nos mostró al verdadero y no tan nuevo protagonista: Israel (aunque pocos entonces lo percibieran así).
Tal vez muchos todavía atribuían el poder mundial al crecientemente acoquinado "imperialismo yanqui" que no había rematado una sola victoria militar categórica casi casi desde 1945.[2]
El 11 de setiembre, 2001 fue una factura madeinIsrael. Su complejidad lo señala. Con golpes variados y simultáneos. Y miles de muertos. Amén de la destrucción de tres rascacielos y no sabemos si tres o cuatro aviones....
Luego, sigue el libreto, que viene de muy atrás. Israel necesita sacarse de encima quien fuera su instrumento para deshacer Irán. El "instrumento", Sadam Hussein, no sólo no pudo hacer lo proyectado por Israel sino que tenía a su vez un proyecto propio, contra el petrodólar: una canasta de monedas para administrar esos flujos, los más importantes del planeta. Con la cual firmó, todavía sin saberlo, su condena de muerte.
No sabemos si la condena de EE.UU., que desatará una invasión devastadora a Irak, fue defendiendo su moneda monopólica, el dólar, o fue cumpliendo la estrategia israelí. Pero en EE.UU. donde toda propaganda es importante, algún cerebro imprime la efigie de Hussein en el papel higiénico del país y por ese medio, la población estadounidense es condicionada para cagarse literalmente en él, un mero preanuncio de la realidad.
Una vez arrasado, no Hussein precisamente, sino todo Irak, invocando que tenía "armas de destrucción masiva", parecería que EE.UU. tuvo una victoria militar (pero si nos enfocamos en los personajes en juego, en rigor, es Israel quien sale ganancioso, suprimiendo un adversario de cuidado).
Y cuando Muammar Gadafi a su vez postula crear una moneda panafricana con respaldo en oro libio que pone a disposición de África, para poder salir del dominio del dólar -pretensión osada- es a la vez invadido y asesinado como un perro por comandos que damos por descontado son "luchadores por la libertad", con cálido apoyo del sionismo internacional.[3]
El 7 de octubre de 2023 cambió una vez más el reloj calendario de la humanidad. Difícil dilucidar si fue un golpe de mano que madrugó al poder sionista o si fue una celada sionista que permitió a la resistencia palestina dar pasos inesperadamente ofensivos, cuando hacía ya tanto tiempo, décadas, que toda ofensiva que merezca ese nombre, provenía de Israel.
Los testimonios de protagonistas como Yahya Sinwar permiten avizorar que los resistentes palestinos conocían el carácter de la ofensiva sionista, cada vez más imparable. Que Israel estaba asfixiando a Gaza. Y matando, literalmente a fuego lento, todo y toda Gaza. Ajusticiar en la toma del cuartel local sionista en la Franja de Gaza a decenas, o centenares, de policías-soldados israelíes era el combustible para una ofensiva mayor del Estado de Israel. Los israelíes vieron en el personal copado y matado sumariamente, peligrar su dominio absoluto sobre la Franja y Palestina en general; al israelí del montón, al soldado enlistado se le hizo realidad lo del "peligro palestino". Un peligro que Netanyahu y la dirección sionista siempre han confundido con la mitología bíblica que sustenta sus "derechos" sobre ese territorio sagrado.
Pero la craneoteca sionista sin duda sabía que con cohetes Kassam, motos gastadas, alas delta y algunos fusiles o ametralladoras no podían, ni los palestinos ni los de Hamás, alcanzar victoria alguna.
Aunque ya estaba muy desvaída la imagen de palestinos como nazis o como amalecitas, porque a ojos vista, los palestinos eran víctimas permanentes del expansionismo israelí y cualquiera podía verlo, y la política de estrangulamiento de víveres, medicamentos, medios de transporte, elementos de cultura, había hundido a la Franja de Gaza en un estado de privación alarmante, el copamiento del cuartel regional de Gaza dio el combustible para volver a hablar de "peligro palestino". Y el operativo siguiente de muchos palestinos, de obtener rehenes, que fue cruento porque hubo quienes lógicamente resistieron con armas los secuestros, únicamente echó más leña al fuego, por más que los secuestrados-rehenes fueran tratados con guante blanco y muchos incluso agradecieron dicho trato (se difundieron escenas de despedidas entre secuestradores palestinos y rehenes israelíes liberados, de muy alto contenido emocional). Pero el poder sionista no iba a reparar en eso.
Sintiéndose (una vez más) víctimas "eternas", procedieron a no ya sólo reprimir sino a exterminar a la población palestina gazatí, el enemigo creado por el sionismo para facilitar la tarea colonizadora.
Un genocidio ahora a cielo abierto que el desarrollo tecnológico, cada vez más abarcativo, hizo posible ver a sectores inesperadamente altos de población en muchas partes del globo.
Ante el genocidio descarado de gazatíes por parte de los militares israelíes (y de la sociedad israelí, ansiosa de venganza y voyeurismo), llevado adelante con desparpajo, y la anuencia del "mundo eurocivilizado", se han ido separando las aguas de manera compleja, como inevitablemente acaece con las grandes cuestiones.
Es muy interesante, ilustrativo, el análisis situacional de un intelectual indio, erudito y documentado, Pankaj Mishra. Mishra recorre con solvencia ideológica las aristas que están en juego con lo acaecido en Gaza.[4] Pero Mishra paga tributo a su época y a su origen. Nacido en 1969 no parece tener experiencia directa ni diálogo social con el mundo de posguerra, cuando el entronizamiento de EE.UU. como primera potencia ni con las oleadas de refugiados judíos que hicieron tiempo, espacio y oportunidades para abandonar la Europa fascista.
Para Mishra no hay nada tan relevante como lo que Israel denomina la Shoah, el asesinato perpetrado contra 6 millones de judíos (en Alemania, Polonia, países bálticos y eslavos); genocidio por excelencia, sin comparación posible. Su análisis no es facilista; sostiene que lo que Israel ha ejercido en Gaza (y progresivamente cada vez más en el resto de Palestina) es también un genocidio; como indio nativo advierte que las políticas coloniales europeas han sido, precisamente, genocidas. Pero la Shoah conserva cierta exclusividad.
Que yo no puedo permitirme. Porque las fuentes sionistas han probado ser carentes de toda veracidad. Hay investigadores, como Thomas Dalton, que han encontrado repetidos episodios históricos de persecuciones reales a judíos que se presentan como si se tratara de 6 millones de judíos victimados, por ejemplo, pero durante la I Guerra Mundial.[5]
Nos consta que las fuentes sionistas no son confiables; más todavía son fábricas de fabulación, mienten sistemáticamente. Eso cuestiona seriamente la invocación al holocausto nazi, por parte de quienes tienen tanto descaro y soberbia, un comportamiento tan ultrajante, exterminador, como el que nos hemos visto obligados a presenciar, siquiera por pantallas, con las acciones de los israelíes en Gaza (y progresivamente, cada vez más, en las restantes zonas, nominalmente palestinas; Cisjordania y Jerusalén Este). No porque no haya existido, sino porque no podemos confiar en los datos otorgados (y usufructuados) por el sionismo organizado.
Mishra no incursiona en la versión del Holocausto (Shoah) al día de hoy convertida en texto de fe u obligatorio, administrado por el IHRA, mediante el cual ya han encarcelado a diversos críticos, negadores o refractarios (como David Irving, Ursula Haverbeck, Horst Mahler, Ernst Zündel, entre otros). Parece aceptarlo en su (inaceptable) versión oficial.
Pero el ojo crítico de Mishra nos acerca al planteo decisivo de Aimé Césaire,[6] el formidable martiniqués que nos recuerda que lo que más ha soliviantado a europeos de las atrocidades nazis es que hayan sido ejercidas sobre europeos; es decir que atrocidades por el estilo han sido llevadas a cabo por europeos sobre asiáticos, africanos, amerindios y no ha habido reacción o condena del mundo europeo.
Mishra nos advierte que el racismo no es sino un aspecto de una cuestión todavía mayor: el colonialismo. Al servicio del que siempre ha estado, expresa o tácitamente. Mishra nos brinda un ejemplo clave que junta la cuestión colonial y la idea excelsa del hombre blanco: "En la Conferencia de Paz de París (1919) surgió un grupo de asiáticos, africanos, americanos y europeos que se unieron para identificar y criticar al supremacismo blanco.[7] Japón, que había luchado con las potencias aliadas, intentó persuadir a sus amigos de Europa Occidental para que incluyeran una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Liga de Naciones. La propuesta fue rechazada por A. J. Balfour, uno de los líderes de la delegación británica y padrino del Estado de Israel, que dijo que no podía creer que "un hombre de África Central hubiera sido creado igual que un europeo." [sic!].[8]
El exquisito Arthur Balfour nos muestra prístino no sólo su idea de divinidad sino para qué le cedió a Walter Rothschild, el banquero más connotado por entonces, derechos sobre Palestina; para que esa tierra pasara a manos de gente "como uno", como diría el senador estadounidense en ejercicio, Lindsey Graham.[9]
No sabemos si Balfour quería darle la tierra a algún dios, pero sí indudablemente a amos.
Luis E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
[1] Siempre me ha llamado la atención la aparición de cánceres u otras malformaciones congénitas producidas por el implante generalizado de fumigaciones con diversos agrotóxicos desplegados para aumentar los rendimientos de "alimentos" por hectárea (en peso bruto y consiguiente rentabilidad), no ya en campesinos o trabajadores del rubro -porque ese daño se conocía de antemano-, sino entre los "afortunados" del agronegocio. ¿Autoinculpación, inconciencia?
[2] Por cierto que ningún poder imperial se rige exclusivamente por su rendimiento militar. Pero los fracasos militares son claro síntoma de decadencia. Todavía en 1956, EE.UU. hizo retroceder la tríada Israel-Inglaterra-Francia en Suez. Pero no mucho más. "Entrecasa", retuvo su poder un poco más en el tiempo ("Entrecasa" es la peculiar definición geopolítica norteamericana que extiende su soberanía a todo el continente americano, como si no hubiera otra huella nativa, ajena o europea que la propia). En las Américas se prolongará así todavía el dominio incontestable de EE.UU. con el golpe en Guatemala en 1954, el golpe militar brasileño en 1964, la deposición de Manuel Noriega, tiranuelo suyo retobado, en Panamá, en 1989, sus impunes paseos por Haití... Pero ¿qué potencial se necesita para abusar de Panamá, de Haití?
[3] Muy recordable la apuesta de un alfil ideológico, por cierto muy bien facturado: Bernard-Henri Levy, llamando a la Europa blanca a invadir Libia. Europeo, sí, pero primordialmente sionista.
[4] El mundo después de Gaza, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2025.
[5] Dalton, Thomas, "The Holocaust of Six Million Jews-in World War I", Unz Review, 10 ene 2022. Da varios ejemplos: "en junio 1900, el rabino Gottheil and Stephen Wise se convirtieron en figuras claves de un mitin de masas sionista, en Nueva York. Allí se afanaron por explicitar ante del mundo entero el sufrimiento y promover un hogar judío en Palestina. Gotthell habló genéricamente de los oprimidos en Rusia, pero Wise fue más explícito: afirmó que había seis millones de seres vivos, sangrantes, sufrientes, que eran testimonio de sionismo."
[6] Discurso sobre el colonialismo, 1950.
[7] Curioso y contradictorio intento de estos asiáticos, africanos, americanos y europeos de enfrentar el supremacismo blanco. Porque a la vez, el Plan de Versalles salido de esta conferencia fue exclusivamente diseñado para abusar de los perdedores (Alemania, Austria-Hungría e Imperio Otomano) y favorecer a los imperios británico y francés y a EE.UU.
[8] Pankaj Mishra, ob. cit., p. 186.
[9] Dicho senador multiplicó su fama de servidor de Israel explicando (27 nov. 2024) que todo el cuerpo normativo del derecho internacional contra abusos, violencia y terror, "el Estatuto de Roma (2002) no está proyectado para aplicar a Israel, ni a EE.UU., ni a Francia, ni a Alemania, ni a Gran Bretaña, porque no fue concebido para actuar sobre nosotros."
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias