Granos de arena (*). "Abordando eso gris, que parece la teoría". Jorge Aniceto Molinari
29.12.2025
Al llegar de estas fechas uno se pone a hacer balance. El primero, el que responde a nuestro ego, es el personal. Mi madre María, "labores", mi padre Aniceto José Alfredo, carpintero, pero yo no soy el niño Jesús, en mi caso con orgullo, uno de cuatro hermanos.
Provengo de familias cuyos orígenes están en Italia, numerosas e integradas a la realidad social del país en el que al nacer sentíamos como nuestro. el destino era incorporarnos con estudios superiores a la sociedad que integrábamos.
Si no alcanzábamos esa posibilidad por nuestras capacidades, el destino era aprender un oficio, por lo general continuando el de nuestro padre.
Mi padre escuchaba a Perón, era su época y las radios argentinas inundaban nuestra sintonía. En mi Paysandú natal las emisoras argentinas copaban el dial, Belgrano, Mitre, Rivadavia, en tiempos de Perón: LRA; la televisión recién estaba naciendo. Billiken, El Grafico...
El lo comparaba con don José Batlle y Ordoñez -figura cumbre de sus simpatías politicas -, juzgaba que no era igual pero que lo que señalaba del derecho de los pobres era bien atendible.
En mi caso el intento fue el encarar una actividad política. Leía todo lo que llegaba a mis manos; recuerdo "Lucha Libertaria" que adquiría en un kiosko en lo que hoy sería el espacio "Gobbi", entonces cine Astor de Paysandú.
Cuando aún no tenía edad de votar, repartía las lista batllistas de ese tiempo.
En 1956, participé con un escrito en lo que el semanario Marcha llamaba: ¿como será el Uruguay dentro de 30 años?: el pensamiento de los jóvenes. Mi escrito fue destacado en una publicación de Marcha, junto a otro trabajo que pertenecía a Gastón Mendaro, con el que la vida nos haría coincidir en el gremio bancario y en la lista 3 del mismo.
Luego en el transitar de la vida tuve reuniones con el Dr. Carlos Quijano, pero en mi caso ya ganado por el pensamiento que yo creía marxista de la estatización de la economía como un fin en si mismo.
El punto de quiebre en mi pensamiento en plena germinación se produjo cuando el inolvidable Horacio Bazzano, en su militancia estudiantil, me alcanza para que lo leyera el "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels.
En mi soberbia lo recibí diciendo: lo voy a leer y a marcar mis diferencias.
Lo leí, lo releí varias veces, y en su devolución le expresé al compañero: "esto es irrefutable".
Poco tiempo después comencé a leer a Trotsky, y a ser un enamorado de la revolución rusa, rechazaba el stalinismo que lo asemejaba a las circunstancias regresivas producidas en la crisis de la revolución francesa.
Leer a Trotsky me ayudaría luego a leer a Lenin, que en un principio se hace costoso, por ese apego a la realidad y a los detalles de la misma. Lenin nos ayuda además a entender en su profundidad a los maestros Marx y Engels.
Participé en la Asamblea General Representativa del gremio bancario -AEBU- que resolvió la incorporación a la fundación de la CNT. No fue simple el hecho, porque nuestro pequeño grupo -trotskista- la entonces lista 17, fue decisiva para que la moción de incorporación fuera votada practicamente en forma unánime.
Años después, 1970, en el plano politico, se planteó un debate sobre la formación de un Frente, que ya tenía una figura central: el General Liber Seregni, en que Michelini y Terra tenían objeciones a que fuera con la presencia marxista. El argumento era que el Partido Comunista no admitía a los trotskistas, ni a nadie que discrepara con su línea.
Nosotros -trotskistas- tomamos el desafío como propio y nos propusimos hablar con la dirección del Partido Comunista. La reunión se realizó en el viejo local de la calle Sierra, y fuimos recibidos -estaba acompañado de Luis Naguil y Zulma Nogara, dirigentes principales del POR- por el entonces senador Enrique Rodriguez.
La reunión fue simple, reconocimos que en el país ya el gremio bancario tenía en su seno todas las corrientes que dispuestas a avanzar en un bien común; debatían, acordaban y avanzaban en sus decisiones. Igual debería ocurrir en un Frente Político, que naciera en la unificación de la izquierda.
Seregni fue fiel toda su vida a esta forma de encarar el hacer humano, una y mil veces donde le tocaba actuar lo primero era conocer las opiniones de todos, debatir, resolver y aplicar lo resuelto.
Formidable era su experiencia como jefe del ejercito cuando la crisis de las inundaciones en 1959 le tocó encarar la situación provocada por el desborde de la represa de Rincón del Bonete.
La vida continuó, vino la dictadura, hubo que hacer malavares para subsistir.
Tal vez aquí habría que hacer y en algún momento lo haré, analizar el rol en mi vida de mis padres, hermanos, hijos, suegros, familiares compañeros y amigos y el rol de mi compañera de toda la vida, Silvia Pagola.
En octubre de 1978 me incorporé al Partido Comunista, mi objetivo colaborar en la lucha contra la dictadura. En ese entonces integrado a la agrupación comunista del Hipotecario que nunca dejó de funcionar.
Pero llegó la crisis de 1992, el Partido no reconocía que en su seno de organismo vivo debían convivir distintas corrientes de pensamiento, que esa mecánica de opinar libremente, debatir y acordar en conjunto también era necesaria y más aún en un Partido Comunista, que en su seno debía reflejar a toda la sociedad laburante.
Di batalla y perdí. Pero hoy transcurridos los años, sueño con que se retome el camino.
Nuestra organización política, debe estar contra la guerra, que más allá de alguna circunstancia en especial, siempre es inter-capitalista. Debemos ir a la eliminación de la prohibición de las drogas liquidando el negocio y poniendo en manos de la sociedad su control, que sucede a la inversa cuando es admitida como una fuente de ingresos, ante una sociedad que por su organización, cada vez tiene menos oportunidades laborables.
Insistir en que es necesario que la moneda sea unica y universal terminando con los negocios inter-monetarios, incluso con los espejismos provocados por una temporal valoración al alza de nuestro propio signo monetario.
Que los impuestos se deben aplicar sobre la circulación del dinero, yendo a la eliminación de todos los otros. Ninguna transacción será valida si no está registrada donde la sociedad democráticamente lo determine.
Ahora hay que reabrir el debate, que cada quien exponga con total libertad sus puntos de vista. No es casualidad que los grandes cambios -necesarios en una sociedad con problemas ascendentes- han sido el resultado de grandes debates, que la sociedad supo abrir en su seno, empujada por una realidad económica que no podía resolver.
(*) Está omiso en esta nota, será tema para una próxima, mi aporte en el gremio bancario, y ya jubilado mi tarea hacia la Caja Bancaria. Valoración que importa como integrante de un colectivo que se abrió caminos desde sus inicios en 1925.
Jorge Aniceto Molinari
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias