Hace falta calor ante tanta tibieza. Esteban Valenti

23.09.2026

El famoso cuadro de Eugène Delacroix sobre la revolución es "La Libertad guiando al pueblo" (La Liberté guidant le peuple), pintado en 1830.

La mayoría de los votantes del Frente Amplio, e incluso un buen porcentaje de los votantes de todos los partidos, están hartos de tanto diputado, senador y político quieren tibio y quieren debates mucho más apasionados.

Apasionados no quiere decir insultantes; eso lo dicen los bestias de la política que también abundan. Estamos hablando de gobernantes y parlamentarios que defiendan a la gente con ardor, con pasión. ¿Ustedes no notan una ausencia helada de convicción para promover no solo los debates, sino las leyes, las políticas nacionales e incluso en algunos casos a nivel departamental?

Una parte creciente de la ciudadanía se siente ajena a la política porque los políticos militan demostrando con mucha evidencia que les importan otras cosas que no son el bien de los uruguayos o el avance del país, y lo hacen fríamente y premeditadamente.

Incluso desde el punto de vista de la ideología-una parte fundamental donde se sostienen las ideas políticas-, algunos, desde la derecha pero también desde la izquierda, sumergen la ideología en un balde helado de mediocridad, de falta de estudio y de falta de audacia.

La batalla cultural, sobre todo en la izquierda, desde la Revolución Francesa, fue una batalla ardiente. Basta recordar el cuadro de Delacroix con la imagen inmortal y maravillosa de la revolución que derrocó a Carlos X en 1830, que es un símbolo de todas las revoluciones, incluso de la Revolución Francesa de 1789. Es una pintura que, como ninguna, muestra la pasión y el ardor del pueblo.

¿Hay una sola revolución que se haya hecho en el frío de los despachos, en las comodidades de los salones, atornillados a los sillones? Ninguna.

En América Latina, incluso pasando por las urnas, los pueblos y la ciudadanía conquistaron los gobiernos con el fuego de sus votos pero también de sus grandes manifestaciones. En Uruguay realizamos las más grandes demostraciones partidarias y pre electorales de toda nuestra historia: desde 1971, con la fundación del Frente Amplio, a la salida de la dictadura, con la conquista de la Intendencia de Montevideo o las sucesivas elecciones presidenciales de 2004, 2009, 2014 e incluso la de 2024; pero debemos reconocer que el ardor fue decayendo, no solo en la cantidad de participantes, sino también en el calor de la pasión popular. Miren y comparen las imágenes.

La derecha, después de 1971, nunca logró igualar las dimensiones de nuestras manifestaciones; llegado el momento les ganamos en las urnas y en las calles.

Nuestros parlamentarios y gobernantes de otras generaciones-más maduros- siempre trataron de llevar esa pasión a los gobiernos nacionales y departamentales. Hoy estamos muy lejos de esa pasión, de esa épica, de ese nivel de compromiso. A veces da miedo, hace temblar el alma y el corazón.

Por eso es absolutamente falso que renovando las generaciones, simplemente sustituyendo a todos los hombres y mujeres con experiencia por otros que cuanto más jóvenes son más considerados, se logre siquiera darle continuidad al nivel intelectual y político de la batalla.

Al punto que la derecha, salpicada por escándalos de todo tamaño-que todos los días nos asombran más por la impunidad judicial, pero también política, institucional y social, en una muestra de que estamos perdiendo la batalla cultural e ideológica- y se hace la ilusión de que ganará las próximas elecciones del 2029 e incluso las del 2030. Si seguimos helados y tibios como hasta ahora, es probable.

Pero si apelamos a toda la experiencia acumulada, a todo el fuego de nuestras convicciones a lo largo de nuestras generaciones, sabiendo combinar la renovación con la continuidad de las capacidades y experiencias, podemos dar una gran sorpresa, no solo ganando las elecciones, sino asegurando un gobierno e intendencias realmente transformadoras, revolucionarias no de las cosas simples, sino de las cosas importantes, las que le cambian la vida a la gente.

Gobiernos que desde que asumen y por cinco años tengan como prioridad no la administración de lo viejo, sino la construcción de lo nuevo: más justo, más libre, más democrático.

La combinación de las generaciones también es una excelente vacuna contra las tentaciones del poder, contra la saga de escándalos que no solo golpean a blancos y colorados, sino que también nos han golpeado a nosotros, a la izquierda.

La combinación de las generaciones permite una elaboración de la línea política precisa, justa audaz, como instrumento fundamental para salir de este atolladero. Y solo los muy soberbios no logran percibir que estamos en un atolladero.

A la izquierda, a su pueblo, le duelen mucho más las tentaciones del poder, la corrupción el acomodo, porque tienen un pasado donde las generaciones anteriores se hubieran horrorizado ante el menor atisbo de inmoralidad. Por eso importa mucho saber combinar las generaciones y mantener altas las temperaturas de la moral y del compromiso, que en este tiempo deben acompañarse con el estudio y la capacidad de entender los nuevos procesos tecnológicos. Nadie puede gobernar bien si no incorpora este elemento científico, académico y profesional a la insustituible fuerza de una política hirviente y multigeneracional.

Esteban Valenti
2026-09-23T07:24:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)