Irán: el efecto cobra a escala geopolítica. Alberto J. Miranda

01.03.2026

En la India colonial, los británicos tenían una plaga de serpientes venenosas, así que ofrecieron recompensas por cobras muertas para reducir la plaga en Delhi. Fue bien al principio, pero inmediatamente ocurrió que la gente empezó a criar cobras para cobrar la recompensa.

 

Cuando el gobierno colonial se dio cuenta cancelaron las recompensas, y los que estaban criando cobras las soltaron: el resultado fue que cuando acabó el programa para solucionar el problema había más serpientes que al principio. Esto, en teoría de sistemas esto se llama "efecto cobra", que es cuando intervienes sin entender los incentivos reales del sistema, y tu solución se convierte en tu siguiente problema.

Lo que está ocurriendo con Irán es un efecto cobra a escala geopolítica. Resumiendo mucho: Primero, Israel necesita esta guerra porque Irán es el único país de la región capaz de disputarle la hegemonía. Estados Unidos cree que puede derribar al gobierno con un golpe aéreo letal, y lo necesita porque quiere controlar el chokepoint de Ormuz. Y para la Guardia Revolucionaria iraní cada bomba que cae cohesiona al país frente al agresor externo y les da la coartada perfecta para liquidar a la oposición interna por colaboracionistas.

Si los ayatolás resisten en el poder después de los ataques (que es probable), Estados Unidos necesitaría una ocupación por tierra de Irán para controlar el país, una ocupación en un territorio tres veces más grande que Irak, con el doble de población, con un ejército importante, y una geografía de montañas y desierto.

Si los ayatolas resisten y Estados Unidos no invade por tierra el país, cada bombardeo refuerza la convicción de que la única garantía de supervivencia es completar el programa nuclear. Atacas para evitar un Irán con bomba atómica y el resultado es un Irán nuclear.

Durante muchos años Israel ha funcionado como una plataforma de proyección de poder estadounidense en Oriente Medio. Una especie de portaaviones terrestre en la costa oriental del Mediterráneo. Si los ayatolas resisten manteniendo más o menos sus capacidades, un Israel bajo una lluvia sostenida de misiles iraníes deja de ser un portaaviones para convertirse en una fortaleza a la que Washington tiene que desviar recursos para protegerla. El aliado que multiplicaba tu fuerza pasa a ser el aliado que la absorbe.

Por otro lado está China, que si los ayatolas resisten, gana sin hacer absolutamente nada. Un Irán atacado, viendo a su aliado estratégico demasiado ocupado en Ucrania, se lanza definitivamente a los brazos de China dentro de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái. Estados Unidos termina reforzando exactamente la coalición que pretendía debilitar.

Todo esto es perfectamente previsible. Los modelos están ahí, los precedentes están ahí. Pero los sistemas políticos democráticos no están incentivados por la racionalidad estratégica a largo plazo, sino por el sostenimiento en el poder de sus decisores.

Si el régimen resiste, el bombardeo refuerza cohesión interna; si no hay ocupación, el incentivo nuclear aumenta; si hay ocupación, el coste es estructuralmente insostenible; si Israel pasa de multiplicador a consumidor neto de recursos, la arquitectura regional cambia; y si China absorbe a Irán, el equilibrio sistémico se desplaza. Es exactamente la patología de las cobras de Delhi a escala global: cada actor toma la decisión que tiene sentido dentro de su propio marco, y el resultado colectivo es más serpientes que al principio.

Alberto J. Miranda. Dir. Ejec. Instituto Beatriz Galindo | Geopolítica, Historia, Filosofía | Empresario por vocación y padre a jornada completa | Opiniones personales

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2026-03-01T10:26:00

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