Israel busca consolidar el aliado para su oleada genocida. Luis E. Sabini Fernández

12.06.2026

Con la revolución copernicana estallada a fines de 2023 con la cual Israel y el sionismo decidió hacer un strip-tease mediático, político, psíquico y ético explicitando una política de asesinatos colectivos y sobre población civil (y consiguientemente desarmada), se podría haber pensado que Israel y sus secuaces más incondicionales (Trump, Kushner, Starmer, Zelenski, Merz, Milei) tenían un techo político, cultural.

Ya que no psíquico y sobre todo mediático, para defender tan tamaña como inusual política; adiós a los derechos humanos, a las limitantes éticos para el ejercicio de las guerras, el abandono descarado de los derechos humanos, algo sobrevenido como plaga bíblica, que abarca la programación cibernética en donde todavía humanos cargan digitales desde retaguardia, y los proyectiles  -balas desgarradoras, bombas de fragmentación, y otras "adquisiciones" bélicas- se disparan luego "solas", con lo cual los programadores se sienten curiosamente ajenos al resultado, cargado de abusos y tragedias.

Hay, empero, un costo político innegable de los israelíes cometiendo atrocidades cotidianas, aunque se parapeten detrás de sus computadoras. Se ha vuelto difícil defender los frutos del ejército de ocupación sionista, pese a la anuencia concedida al Estado de Israel, para llevar a cabo sus planes de colonización e implantación, con su paciencia de décadas y pese a la excusa del fuego teledirigido con el cual, es más difícil ver a un soldado gatillando a cielo descubierto.

La contraofensiva cultural quedó inicialmente en las manos de quienes se ponían, nos poníamos, del lado de las víctimas, defendiendo "los derechos humanos".

Como hiciera Folke Bernadotte en la primera hora de la ONU, y hoy, la asediada Francesca Albanese.

Al aparato mediático, que está en gran medida guiado, orientado, asesorado o auspiciado por capitales donde están muy sobrerrepresentados los sionistas, no le quedaba en esta situación más que "capear el temporal" y esperar momentos más propicios. El año 2024 fue la ola de repulsa a la barbarie sionista (con 'perdón de los bárbaros). Y 2025.

 

Pero la mejor defensa es un buen ataque. Y ya tenemos, visiblemente en 2026, al sionismo, a lo largo de varias expresiones, procurando "dar vuelta el partido".

En el patio trasero de EE.UU., que es un almácigo para los frutos israelíes, ha asomado el contraataque.

Ya no es solo el actual presidente argentino Javier Milei que a calzón quitado vocifera los auspicios de la Lubavich.

O al otro lado del Plata, el recatado respaldo de Uruguay al sionismo que ha ido asentando sus reales en todo el ámbito de la enseñanza, penetrando las escuelas primarias de todo el país concentrando la violencia genocida como la de los nazis contra judíos;  "el holocausto" (que el historiador estadounidense Norman Finkelstein, él mismo judío y con parientes muertos durante el 3r Reich, ha investigado para comprobar que se  ha montado una "industria del Holocausto"; "una construcción ideológica y dogmática impulsada por organizaciones judías, cuya versión oficial mantiene una relación débil con la realidad histórica" (IA).[1]

Esa penetración en Uruguay con la ORT, una universidad privada totalmente sionizada, y con la misma UDELAR; la universidad pública del estado nacional, donde los sionistas han ido logrando puestos claves y redes de apoyo. Aunque la resistencia ante la ofensiva sionista es considerable, dentro y fuera de la universidad, incluso en redes sociales de alcance nacional nacidas ante el horror generado por el sionismo en Gaza.

Uruguay tiene una larga posición de apoyo y hospitalidad a la población judía, alimentada en primer lugar por la condición de Montevideo y concomitantemente del país (en el siglo xix recibió varias oleadas de refugiados políticos de Francia o de Argentina, por ejemplo, y  de muchos más países del sur y centro americano en el s xx). Y a diferencia de los otros países del sur americano que recibieron nazis refugiados o fugitivos, Uruguay recibió fundamentalmente judíos. Estos movimientos poblacionales, empero, no fueron solo sociales porque había designios políticos detrás. El batllismo negó redondamente la mera existencia de las políticas imperiales más presentes (aunque seguramente cierto culto educado reconocía sin dificultad imperios como el británico, el turco o el romano). En los hechos, el occidentalismo batllista, negaba toda posibilidad de acción imperial por parte de potencias como EE.UU. Alberto Guani, vicepresidente uruguayo en el momento de la creación del Estado de Israel (1947), en la flamante ONU, así como el extraordinario Baltasar Brum, titular de una muerte honrosísima, eran políticamente ingenuos o exiguos al defender la existencia de igualdad en las relaciones internacionales; una suerte de doctores Pangloss del siglo XX.

Pero no solo en Argentina o Uruguay Israel consolida posiciones de poder en el continente. Colombia fue yunque para los martillazos represivos durante décadas con permanente "asistencia" israelí, al punto de ser designada  'la Israel de la América del Sur. La corrupción, el abuso, el tráfico de droga, los falsos positivos, saturaron a la sociedad colombiana y el actual presidente, Gustavo Petro, ha procurado otro itinerario político. Pero ahora, con el Tigre, la extrema derecha, con Israel como guía, está otra vez a la ofensiva. Con elecciones inminentes.

Y no es, por cierto, caso único. Vemos a los militares israelíes detrás del avance de la derecha en Bolivia, por ejemplo. Bolivia, donde Israel había mantenido excelentes relaciones prácticamente desde su origen, igual que con Guatemala.[2] Significativamente, Bolivia y Guatemala son los únicos estados "latinoamericanos" con mayoría indígena, y en ese sentido presentan un panorama étnico similar a Palestina, el territorio que "por derecho bíblico" ha tomado el sionismo para su colonización. En Guatemala, en la década de los '80, Israel estuvo  al frente del asesoramiento militar para las matanzas de nativos guatemaltecos.[3]

Israel actúa sobre todo en asistencia a actividad represiva, en varios otros países del sur y centroamericano, como Haití, Honduras, Panamá, Paraguay.

 

Pero toda esa presencia israelí, aun con lo extensa y variada como se presente, podrá resultar insignificante frente a la operación de mímesis que Israel y sus mandos militares están encarando, con creciente intensidad, con los militares estadounidenses.

Una verdadera operación de fusión de mandos, una "israelización de las Fuerzas Armadas de EE.UU." como la define Philip Giraldi, exmilitar analista estadounidense.[4]

El proyecto de señorío sionista en EE.UU. es una operación de enorme fuerza, que la dirección sionista israelí encara, precisamente, porque advierten un deterioro progresivo de la relación de dominio tradicional, orquestada sobre la base de dinero e influencia ideológica e intelectual de AIPAC, el lobby judío de los pasillos del Capitolio y la Casa Blanca, deterioro causado sobre todo por el desagrado que el supremacismo israelí, arrasando la Franja de Gaza y ahora el sur libanés, no dejando piedra sobre piedra, ha ido despertando en una sociedad incesantemente informada, que se siente profundamente cristiana (no consideramos aquí la relación entre tal sentimiento y la realidad).

Esto venía de antes, como con la actividad desde Israel de Pegasus de NSO Group, manejando a piacere y a distancia las estructuras militares norteamericanas. A tal punto llega la penetración que el Dpto. de Defensa de EE.UU. ha verificado que los israelíes han aumentado sus dispositivos de escucha en el mismísimo territorio de EE.UU.; "que el nivel de amenaza  de contrainteligencia que representa Israel se elevó" procurando "espiar a personal militar y funcionarios gubernamentales estadounidenses." [5]

La asimetría resulta evidente: Israel evita que la seguridad estadounidense se inmiscuya en sus planes. Tiene una "clave natural" a su favor; el hebreo.

En el plan de, oficialmente "mejora del intercambio de inteligencia", los israelíes programan un próximo año 2027, con "intercambio obligatorio de inteligencia de EE.UU. con Israel (denominado S-4615). Significativamente, no vemos el intercambio obligatorio de Israel con EE.UU.

La falta de reciprocidad se hace patente: "Mantener y fortalecer la asociación estratégica de seguridad con Israel como medio para avanzar en la defensa nacional de EE.UU." Y todo ello, que esté estructurado para ayudar a Israel a mantener su ventaja militar cualitativa." "Autorización de Inteligencia para el año fiscal 2027, el cual hará  obligatorio el intercambio de inteligencia de EE.UU. con Israel." [6]

Esta última consideración nos revela el papel desigual de tan estrecha alianza, donde uno pone la financiación y el personal de campo y el otro pone el cerebro, la coordinación y el plan general.

Cito in extenso al mencionado Giraldi: "La realidad es que Israel ha sido una importante fuente de espionaje, e incluso de actividades aún peores contra Estados Unidos, desde la década de 1950, figurando siempre en las evaluaciones del FBI y del Departamento de Defensa entre los tres principales infractores de espionaje extranjero, frecuentemente en primer lugar. Además, las acciones encubiertas clandestinas y los ataques de falsa bandera israelíes no han dudado en asesinar a estadounidenses como parte de sus esfuerzos por encubrir sus actividades más reprobables."

Israel apuesta a obtener sus ganancias. Ya sabemos a qué se le asignará correr con las pérdidas.?

 

 

Luis E. Sabini Fernández

https://revistafuturos.noblogs.org/ 

 


[1]  La industria del Holocausto, original, 2000, traducc. al castellano, entre otras la de Akal, Madrid, 2014.

[2]  La representación de Guatemala ante la ONU, junto con la uruguaya, fueron decisivas en la UNSCOP, la comisión designada por ONU para dirimir el destino de Palestina. La comisión propugnó hacer dos estados particionando Palestina en una mitad mayor para un estado judío y otra mitad menor para un estado palestino (más un porcentaje pequeño de territorio para un Jerusalén internacionalizado bajo administración de ONU). El representante primero de Guatemala, Jorge García Granados, escribió, o figura como autor, de El nacimiento de Israel, un libro de unas 500 páginas, cuya primera edición aparece en inglés, donde judío y sionista se confunden, sin excepción. El carácter de referente del mencionado García Granados, expresa el nivel conceptual de dicha comisión.

[3]  Esa tarea "sucia" debió ser abandonada por los militares estadounidenses a causa del desgaste político que recibieron en la sociedad norteamericana por las denuncias de su papel como torturadores allí. Argentina e Israel lo sustituyeron. La Argentina del Proceso de Reorganización Nacional, la de las "desapariciones" que debió suspender su "aporte" represivo en Guatemala cuando pierde la Guerra de las Malvinas. Israel no necesitó modificar un ápice.

[4]  https://www.unz.com/pgiraldi/the-israelization-of-the-united-states-military-is-proceeding/.

[5]   Clarín, Bs. As., 7 jun. 2026.

[6]   https://www.unz.com/pgiraldi/congress-moves-to-institutionalize-us-israeli-relationship/.

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2026-06-12T19:38:00

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