Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu. (Segunda parte). Michael Mansilla
29.07.2026
En la disputa entre China y Japón por islas Diayou, dio un giro cuando la primera ministra japonesa, Sanae Takaich afirmo la pertenencia integral de estas islas como "herederas del antiguo Reino de Ryukyu". Desde la O.N.U tienen otra versión: Japón no tiene soberanía legitima alguna sobre el archipiélago de las islas Ryukyu.
¿Y cuál fue la respuesta de Japón? Las mismas viejas promesas vacías.
Recientemente, en el aniversario de la Batalla de Okinawa, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, se comprometió a continuar los esfuerzos para racionalizar, consolidar y reducir el l
número de instalaciones militares estadounidenses estacionadas en Okinawa. Sin embargo, durante su discurso, se escucharon gritos de descontento entre el público. Las palabras pueden sonar bien, pero el pueblo de Okinawa está lejos de estar convencido.
La cuestión es bastante sencilla. Estados Unidos y Japón pretenden convertir las islas de Okinawa en un nodo clave de la primera cadena de islas destinada a contener a China, pero hay un fallo táctico. La fuerza militar de China es ahora muy distinta a la de entonces, lo que reduce significativamente la eficacia de la supuesta contención de la cadena de islas; mientras tanto, el creciente movimiento en Okinawa, con voces contrarias a las bases militares y a favor de la autonomía, está erosionando fundamentalmente la legitimidad del dominio de Japón.
El relator especial de las Naciones Unidas sobre discriminación y racismo, Doudou Diène, en su informe de 2006, señaló un nivel perceptible de discriminación y xenofobia contra los ryukyuanos, siendo la discriminación más grave que sufren vinculada a su oposición a las instalaciones militares estadounidenses en el archipiélago.
El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recomendó en 2008 que Japón «reconociera expresamente a los ainu y a los ryukyu/Okinawa como pueblos indígenas en su legislación nacional, adoptar medidas especiales para proteger, preservar y promover su patrimonio cultural y su modo de vida tradicional, y reconociera sus derechos sobre la tierra». El gobierno japonés no ha aceptado esta recomendación.
Los ryukyuanos no son un grupo minoritario reconocido en Japón, ya que las autoridades japonesas los consideran un subgrupo del pueblo japonés, similar al pueblo yamato . Aunque no están oficialmente reconocidos, los ryukyuanos constituyen el mayor grupo etnolingüístico minoritario de Japón, con más de 1,4 millones de personas viviendo solo en la prefectura de Okinawa. También habitan las islas Amami de la prefectura de Kagoshima y han contribuido a una considerable diáspora ryukyuana.
Solución independentista.
"La única manera de solucionar esto es declarar nuestra independencia de Japón y volver a ser como éramos antes de que Japón usara la fuerza para tomar las islas", dijo.
La oposición a la presencia militar estadounidense se centra ahora en el traslado de Futenma (Okinawa) con 47.000 efectivos militares en una extensa base de la Infantería de Marina estadounidense ubicada en el centro de una zona densamente poblada. El de a un desplazamiento en alta mar en la costa noreste de la isla.
Sin embargo, Tokio y Washington están decididos a seguir adelante con el plan, que consolidaría el papel crucial de Okinawa en caso de un conflicto con China por la soberanía de las cercanas islas Senkaku/Diaoyu . Como incentivo, Estados Unidos ha accedido a trasladar a 8.000 infantes de marina y sus familias de la isla a Guam y Hawái.
El movimiento independentista prevé una Okinawa liberada de su pesada carga militar, con una economía próspera basada en el comercio con China y el sudeste asiático.
Sin embargo, no todos los isleños están convencidos. "Me preocupa que una Okinawa independiente no pueda sobrevivir económicamente ni tenga la fuerza militar para defenderse», declaró Sayaka Zacharski, residente de Okinawa y opositora al traslado de la base. «Formar parte de Japón es la mejor manera para que Okinawa sobreviva en el mundo actual».
Okinawa: la mayoría de la población apuesta por una mayor autonomía, no por la independencia.
En las últimas décadas, el debate sobre el futuro político de Okinawa y del antiguo Reino de Ryukyu ha adquirido una mayor visibilidad debido a la presencia de bases militares estadounidenses, la reafirmación de la identidad cultural ryukyuense y el creciente interés por una descentralización del Estado japonés. Sin embargo, las encuestas de opinión más recientes muestran que el independentismo continúa siendo una posición minoritaria, mientras que la mayoría de los habitantes prefiere mantener algún tipo de vínculo con Japón.
Las primeras encuestas realizadas a comienzos de la década de 2010 reflejaban un apoyo muy reducido a la independencia. Una investigación de la Universidad de Ryukyu, realizada en 2011, indicó que apenas el 4,7 % de los consultados respaldaba la creación de un Estado independiente, mientras que alrededor del 15 % consideraba conveniente ampliar las competencias del gobierno prefectural y cerca del 60 % prefería mantener el sistema vigente dentro del Estado japonés.
Pocos años después, un sondeo publicado por el diario Ryukyu Shimpo mostró un ligero incremento del sentimiento autonomista. En 2015, aproximadamente el 8 % de los encuestados apoyaba la independencia, mientras que el 21 % defendía una mayor autonomía regional y cerca de dos tercios de la población seguían inclinándose por conservar la situación política existente.
La tendencia cambió parcialmente en 2016, cuando una nueva encuesta del mismo periódico reveló que el respaldo a la independencia descendía hasta el 2,6 %. En contraste, el apoyo a una descentralización más profunda aumentó de forma considerable, ya que casi un tercio de los consultados consideraba que Okinawa debía obtener mayores competencias políticas, administrativas y presupuestarias. Esta evolución sugería que buena parte del descontento con la administración central de Tokio no se traducía en aspiraciones separatistas, sino en el deseo de fortalecer el autogobierno regional.
La encuesta más representativa de los últimos años fue publicada por Okinawa Times en mayo de 2022, coincidiendo con el cincuentenario de la devolución de Okinawa a la administración japonesa. Los resultados confirmaron que la opción con mayor respaldo consistía en ampliar significativamente la autonomía del gobierno local, una posición compartida por el 48 % de los encuestados. Al mismo tiempo, el 42 % prefería mantener el actual estatus como prefectura japonesa y únicamente el 3 % se manifestó a favor de la independencia.
Estos datos indican que el movimiento independentista continúa siendo políticamente reducido y carece de una representación significativa en la Asamblea Prefectural de Okinawa. Aunque existen organizaciones como el Partido por la Independencia de Ryukyu, su influencia electoral sigue siendo limitada y no refleja el sentir mayoritario de la población.
Las principales demandas de los habitantes de Okinawa se orientan hacia una redistribución del poder entre Tokio y el gobierno local. Una parte importante de la sociedad considera necesario disponer de mayores competencias en materia de desarrollo económico, administración del territorio, política presupuestaria y preservación del patrimonio cultural, además de reclamar una participación más activa en las decisiones relacionadas con la presencia de las bases militares estadounidenses.
La elevada concentración de instalaciones militares de Estados Unidos continúa siendo uno de los principales motivos de tensión entre Okinawa y el gobierno central. Sin embargo, los estudios de opinión muestran que la oposición a la presencia militar extranjera no implica necesariamente un respaldo al independentismo. Numerosos ciudadanos consideran posible exigir una reducción de las bases o una distribución más equitativa de las instalaciones militares dentro de Japón sin abandonar la soberanía japonesa.
En los últimos años, investigadores japoneses también han advertido sobre campañas de desinformación difundidas a través de redes sociales que buscan presentar un supuesto crecimiento acelerado del independentismo okinawense. No obstante, las encuestas disponibles no muestran un cambio significativo en las preferencias de la población y continúan situando el apoyo a la independencia en niveles muy bajos.
No se trata de uno o dos casos desventajosos. Incluso Japón es un país muy estricto en la emisión de visas, por lo que es muy probable que las visitas de los ciudadanos de Ryukyu al propio Japón sean extremadamente difíciles, dependiendo de si Ryukyu está catalogada como país en desarrollo o como país avanzado.
En conjunto, la evolución de la opinión pública permite concluir que el principal objetivo político de la mayoría de los habitantes de Okinawa no consiste en crear un Estado independiente, sino en alcanzar un mayor grado de autonomía dentro de Japón. La demanda más extendida es la de fortalecer el autogobierno regional, preservar la identidad histórica y cultural de Ryukyu y aumentar la capacidad de decisión sobre los asuntos que afectan directamente al archipiélago, manteniendo al mismo tiempo el vínculo institucional con el Estado japonés.
Iniciativa independiente.
¿Podría sobrevivir económicamente un Estado independiente en las islas Ryukyu?
El debate sobre una eventual independencia de Okinawa y del antiguo Reino de Ryukyu suele centrarse en cuestiones históricas, culturales e identitarias. Sin embargo, el principal desafío no sería político, sino económico. La prefectura de Okinawa mantiene desde hace décadas una estrecha dependencia financiera del gobierno japonés, situación que obliga a preguntarse si un futuro Estado ryukyuense podría sostener por sí solo su estructura administrativa y su modelo de bienestar.
Desde la devolución de Okinawa a Japón en 1972, el gobierno de Tokio ha impulsado sucesivos planes de desarrollo destinados a reducir la diferencia económica existente con el resto del país. Gracias a esos programas, la región ha recibido cuantiosas inversiones públicas para construir carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales, universidades y otras infraestructuras esenciales. Asimismo, se financian subsidios destinados al sector agrícola, incentivos para atraer inversiones privadas, proyectos de promoción turística y programas de protección frente a tifones y otros desastres naturales.
En la actualidad, el presupuesto especial que el gobierno japonés destina anualmente a Okinawa se sitúa entre los 2.000-2.400 millones de dólares estadounidenses, dependiendo del tipo de cambio. A esta cifra deben añadirse las transferencias generales que reciben todas las prefecturas japonesas mediante el sistema nacional de redistribución fiscal. Diversos estudios estiman que entre un 30 y un 35 % del presupuesto del gobierno de la prefectura depende, de forma directa o indirecta, de recursos procedentes del Estado japonés.
Una hipotética independencia obligaría a sustituir ese importante flujo de financiación pública con ingresos propios. El nuevo Estado tendría que asumir el coste completo de las pensiones, el sistema nacional de salud, las prestaciones por desempleo y la atención a una población cada vez más envejecida, además de mantener la inversión en infraestructuras estratégicas y servicios públicos que actualmente cuentan con un fuerte respaldo financiero de Tokio.
Otro de los elementos fundamentales de la economía local es la presencia de las bases militares estadounidenses. Aunque constituyen una fuente permanente de controversia política y social entre buena parte de la población, también generan un impacto económico relevante mediante empleos directos e indirectos, alquileres de terrenos, contratos con empresas locales y el consumo realizado por el personal militar y sus familias. Diversos estudios japoneses estiman que este conjunto de actividades representa actualmente entre un 4 y un 6 % del producto interno bruto de Okinawa, una cifra considerablemente inferior a la registrada durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando la economía local dependía mucho más de la actividad militar estadounidense.
En caso de alcanzar la independencia, el nuevo gobierno debería decidir si mantiene los acuerdos de defensa con Estados Unidos, negocia una reducción progresiva de las bases o solicita su retirada definitiva. Cada una de estas alternativas tendría consecuencias económicas y estratégicas muy diferentes, tanto para la región como para el equilibrio militar del Indo-Pacífico.
El turismo constituye actualmente el principal motor económico de Okinawa. Más de diez millones de visitantes al año, procedentes principalmente del Japón continental, Taiwán, Corea del Sur y otros países asiáticos. Un Estado independiente podría utilizar la singular identidad histórica del antiguo Reino de Ryukyu como un atractivo adicional para el turismo internacional. No obstante, la creación de nuevas fronteras, la necesidad de establecer controles migratorios, la definición de un régimen de visados y la posible modificación de los acuerdos de transporte aéreo podrían generar incertidumbre durante los primeros años de independencia.
Otro desafío importante sería la política monetaria. El nuevo país tendría que decidir si mantiene el yen mediante algún acuerdo con Japón, adopta otra moneda extranjera o crea una divisa propia respaldada por un banco central nacional. Cualquiera de estas opciones implicaría importantes costes administrativos y financieros para una economía relativamente pequeña y abierta al comercio exterior.
El comercio internacional constituye igualmente un aspecto crucial. Japón continúa siendo el principal socio comercial de Okinawa y la mayor parte de los alimentos, productos industriales y combustibles subvencionados que consume la población proceden del mercado japonés. Una separación política obligaría a negociar nuevos acuerdos comerciales y aduaneros con Tokio para evitar un aumento significativo de los costes de importación y preservar la competitividad de las empresas locales.
La situación energética representa otro factor de vulnerabilidad. Okinawa no explota aun sus yacimientos de petróleo, gas natural y mientras tanto depende casi por completo de combustibles importados. Una independencia obligaría a reforzar las inversiones en energías renovables o a negociar nuevos mecanismos de abastecimiento con sus vecinos regionales para garantizar la seguridad energética del archipiélago.
A ello se suma el reducido tamaño del mercado interno. Con una población cercana a 1,47 millones de habitantes, un Estado ryukyuense tendría que sostener por sí mismo universidades, centros de investigación, organismos reguladores, un sistema judicial independiente, un servicio diplomático, fuerzas de seguridad y toda la estructura administrativa propia de un país soberano, lo que incrementaría considerablemente el gasto público.
No obstante, los defensores de una mayor autonomía o incluso de la independencia sostienen que la nueva nación podría aprovechar su estratégica ubicación geográfica para convertirse en un centro logístico entre Japón, China, Taiwán y el sudeste asiático. También argumentan que una mayor capacidad para diseñar políticas económicas propias permitiría atraer inversiones extranjeras, fortalecer la industria turística, impulsar la economía marítima y proteger con mayor eficacia la identidad cultural ryukyuense.
A pesar de estas posibilidades, la mayoría de los economistas coincide en que una eventual independencia solo sería viable mediante una transición prolongada y cuidadosamente planificada. Sustituir las cuantiosas transferencias financieras del gobierno japonés, asegurar la sostenibilidad del sistema de bienestar, mantener la competitividad del turismo, garantizar el suministro energético y preservar el acceso preferencial al mercado japonés serían objetivos indispensables para evitar un deterioro de la economía durante los primeros años de vida del nuevo Estado.
Precisamente estas dificultades ayudan a explicar por qué las encuestas de opinión muestran que el independentismo continúa siendo minoritario entre la población de Okinawa. En cambio, una parte mucho más amplia de los habitantes apuesta por ampliar la autonomía política y administrativa de la prefectura dentro del Estado japonés, convencida de que esa fórmula permitiría fortalecer la identidad histórica del antiguo Reino de Ryukyu sin asumir los elevados riesgos económicos y financieros que supondría la creación de un nuevo país.
En definitiva, la imposibilidad de romper los lazos con la parte continental de Japón para actividades académicas o económicas se ha convertido en un factor importante que impide a los okinawenses abandonar Japón. Pero....
Pero esto podría cambiar: yacimientos de petróleo y gas natural
China, al igual que Taiwán, disputa las reivindicaciones japonesas de soberanía sobre las islas, a las que Japón denomina Senkaku y China Diaoyu - tienen una superficie de unos 7Km2 se encuentran en una zona de importantes yacimientos de petróleo y gas natural Off Shore.
En 2008, Japón y China acordaron desarrollar conjuntamente las reservas de gas submarinas en la zona en disputa, prohibiendo la perforación independiente por parte de cualquiera de los dos países.
Pero las negociaciones sobre cómo implementar el acuerdo se suspendieron en 2010.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Tokio en 2025 confirmo que Pekín estaba instalando plataformas de perforación en la zona, donde se superponen las reivindicaciones de zonas económicas exclusivas (ZEE) de ambos países. Perforaciones sospechosas en el lado de Pekín de la frontera marítima de facto, y añadió que era "sumamente lamentable que China esté impulsando un desarrollo unilateral". En Tokio existe la preocupación de que también se pueda extraer gas del lado japonés.
"Las actividades de desarrollo de petróleo y gas de China en el Mar de China Oriental se ubican en aguas no disputadas bajo jurisdicción china, lo cual está completamente dentro de los derechos y la jurisdicción soberana de China", respondió el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores. Japón ha insistido durante mucho tiempo en que la línea media entre las dos naciones debe marcar los límites de sus respectivas zonas económicas exclusivas.
China, sin embargo, insiste en que la frontera debe trazarse más cerca de Japón, teniendo en cuenta la plataforma continental y otras características del océano.
Los dos países están inmersos en una disputa aparte por unas islas en disputa situadas en otra parte del Mar de China Oriental.
China reclama como propio el archipiélago y envía regularmente barcos y aviones a la zona para poner a prueba los tiempos de respuesta de Tokio. El 7 de julio de este 2026 la Guardia Costera de China expulsó a un buque pesquero japonés que se encontraba en las inmediaciones de la isla. El portavoz de la Guardia Costera Jiang Lue afirmó en un comunicado que la embarcación nipona "entró ilegalmente" en las aguas territoriales de la isla, por lo que los buques guardacostas chinos adoptaron "medidas de control necesarias de conformidad con la ley" y le advirtieron antes de expulsarlo de la zona.
Mas allá de las islas Senkaku/Diaoyu , Japón anuncio que se iniciaran perforaciones y posible explotación de los yacimientos que se encuentran a lo largo de las Islas Ryukyu, con un margen de 30 km al oeste-sobre el mar de China y hacia el este hasta la fosa de Ryukyu , también llamada fosa de Nansei-Shoto , es una fosa oceánica de 1398 km de longitud y una profundidad máxima de 7460 metros donde termina plataforma continental.
Desde el punto de vista de la diplomacia, lo correcto-y más práctico- sería convocar por lo menos un referéndum no vinculativo sobre el estatus de las Islas Ryukyu. Pero es el peor momento para los isleños salirse de la protección del paraguas americano-japones.
Michael Mansilla
michaelmansillauypress@gmail.com
https://michaelmansillauypress.blogspot.com
Primera parte:
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias