La política como herramienta para la función pública, no para el “ascenso social” ni el regocijo personal
José W. Legaspi
12.10.2016
Washington “El Morocho” Legaspi (15 de mayo de 1925-28 de mayo de 2015)
Natural de la Santísima Trinidad de los Porongos (Flores), en el seno de una familia cristiana, ya numerosa al momento de su nacimiento (un matrimonio con diez hijos) el pequeño Washington, recibió el amor de su madre (Argene Carrara) y sus hermanas (Alcira, Argene, Haydée y Margot), además del de sus hermanos mayores, Eliseo Jose, Alberto, Arnaldo, Alfonso, Alfredo "Mazeta" y Edison "Poliya" Rubens.
Hijo de un caudillo blanco independiente, Don Alfredo Legaspi, de chiquilín, desplegó toda actividad posible de apoyo a su padre, llegando incluso, a repartir El Independiente, periódico que era órgano oficial de ese sector del Partido Nacional. También fue monaguillo en la iglesia del pueblo. Desde temprana edad fue comprometiéndose en la actividad política y en la solidaridad social. En esos tiempos, a la vez que se formaba el carácter, se desarrollaba el amor por la sociedad y el prójimo.
Asistió a la escuela pública y a secundaria (hasta cuarto año) en su ciudad natal. En el liceo compartió banca con Raúl Sendic, quién fuera desde entonces, amigo y compinche, organizando la primera huelga estudiantil contra un profesor que hacía, en clase, apología del fascismo.
Según cuentan amigas y amigos de su juventud, el Morocho, además de guapo y buen mozo, era un gran bailarín, codiciado a la hora de "sacarle viruta" al piso. Hay quienes lo recuerdan como el mejor de esos años. La barra de amigos, que incluía al escritor Mario Arregui, compartía, además de tangos y milongas, desfiles de carnaval, disfrazados y alegres.
El Morocho se crió en una sociedad, la poronguera y uruguaya de aquellos años, plena de cultura por el trabajo y el estudio, respeto por el prójimo, solidaridad social, todos valores que nos destacaron a nivel regional y mundial.
Votó por primera vez en el año 1946, momento en que inició oficialmente su actividad política, y mantuvo ininterrumpida el resto de su vida.
Ingresó en el año 1956 al Ministerio de Obras Públicas. Dos años después, año del primer gobierno blanco, fue llamado por el ministro Ing. Luis Giannattasio, para ocupar la secretaría, desempeñándose en la misma como único secretario en el horario de 8:30 a 21:30 horas. En 1962, con un nuevo triunfo del Partido Nacional, el ministro Ing. Isidoro Vejo Rodríguez, lo convoca para ocupar dicho cargo por segunda vez, cumpliendo el mismo horario que en el período anterior.
Desde 1958 (que fuera primer suplente del candidato a diputado por Flores, Benito Mederos) el Partido Colorado perdió su mayoría en Flores, para no recuperarla jamás. En las elecciones sucesivas, 1962, 1966, 1971, fue titular a la diputación departamental por la lista 504 (Movimiento Nacional de Rocha, del cual fue cofundador), llegando en esas últimas a congregar 2500 votos, siendo el candidato más votado del departamento, aunque perdió contra una cooperativa electoral de cuatro listas de Por La Patria.
Me tocó irrumpir en su vida en el año 1964. En esas elecciones de 1971 repartió su tiempo entre la contienda electoral y el cuidado de mi madre, embarazada de una niña. Yo hacía lo propio, siguiendo su ejemplo. Lo acompañé en parte de la campaña, como un observador privilegiado, testigo del cariño y devoción que le prodigaban votantes propios y ajenos, a lo largo y ancho del departamento. Es que el viejo veía la política como una actividad amplia, fraterna, sin odios ni rencores, cuya finalidad última era perseguir la solución de los problemas de sus conciudadanos, sin importar a qué partido político votaran.
A comienzos de los '70 la familia Legaspi era una genuina expresión de la realidad social y política del Uruguay. Convivían en ella Blancos, Batllistas, e izquierdistas, en su mayoría comunistas. Recuerdo las sobremesas, las charlas, el respeto y la fraternidad con la que se discutía. Los gurises escuchábamos en silencio, con admiración. Y aprendíamos. Mucho.
¿Cómo no aprender? Allí convivían un militar demócrata y batllista, cuñado de mi viejo, el coronel Sanguinetti, Rodney Arismendi, diputado y secretario general del Partido Comunista, su esposa, la maestra Alcira Legaspi, mi viejo y varios de sus hermanos, blancos como "güeso de bagual". ¿Cómo no aprender de la forma y la manera en que debatían, compartían y se reían a gusto aquellos hombres y mujeres?
Después vino la dictadura. La familia fue perseguida, encarcelada, destituida, en fin, marcada. Y todos la combatieron, desde dentro y fuera del país, toda la familia empujó y luchó por la recuperación democrática. Los chiquilines ahora éramos más grandecitos. Seguimos aprendiendo. Y participando.
Desde 1970, el Morocho Legaspi trabajaba en la vieja Caja de Jubilaciones de Industria y Comercio. Desde allí siguió batallando por la democracia y la libertad. En el año 1978 allanaron nuestra casa y se lo llevaron unas horas a la tristemente célebre Dirección de Inteligencia y Enlace, ubicada en Maldonado y Paraguay. Volvió a casa y volvió al motivo de su vida, la derrota de la dictadura.
Después de eso, con 14 años, empecé a acompañarlo a las reuniones en la Casa de Los Lamas, sede del Movimiento Nacional de Rocha que permanecía abierta, semiabierta, empecinadamente abierta, pese a la prohibición de desarrollar actividades políticas y la prohibición del derecho de reunión.
Imbuido de aquellos principios democráticos, de justicia social, leyendo Nuestro Compromiso con Usted (Programa de gobierno de la fórmula Wilson-Carlos Julio del '71) fue que me sumé a aquellos blancos y participé junto al viejo en cuanta acción se llevaba a cabo contra la dictadura, tanto en Flores como en Montevideo.
En 1980 la dictadura "anuncia" la convocatoria a plebiscito de la reforma constitucional que garantizaba su continuidad. Con el Morocho incorporamos el NO en nuestras visitas al departamento, proponiendo una volanteada previa al plebiscito. El volante, que era casi un afiche por su tamaño, reproducía la imagen de Aparicio Saravia a caballo, acompañada de aquella frase inmortal que le espetara a su hermano Basilisio en carta fechada el 6 de mayo de 1897, desde Caraguatá: "La Patria es la dignidad arriba y el regocijo abajo" VOTE NO. Esa noche terminamos todos presos en la Jefatura de Policía.
Al regreso en Montevideo, la dictadura lo destituyó como funcionario público, junto a otros patriotas, Fernando Oliú, León Morelli, entre ellos, por su manifiesta adhesión al NO. Antes del acto electoral que significó una dura derrota para los militares y sus aliados civiles, fue llevado nuevamente a la DNIE, esta vez estuvo detenido más de un día.
Cuando salió no era el mismo de siempre. Despertaba de madrugada gritando. A veces, desde mi cuarto, escuchaba su llanto. Nunca se quejó ni contó lo ocurrido.
Años después, ante la perspectiva del retorno firme de la democracia, contó que mientras estaba en un patio de aquella tétrica Dirección, se le arrimó por detrás alguien que le dijo: "quedese tranquilo, su detención ya es noticia en Radio Moscú". Y fue cierto, hacía tiempo que escuchábamos en casa las audiciones de Arismendi desde Moscú, y las de Radio Berlín y Radio Praga. La misma noche de la detención se anunciaba en radio Moscú, "que el diputado por el departamento de Flores, Washington Legaspi había sido arrancado de su casa en un allanamiento y estaba detenido en La DNIE, en las calles Maldonado y Paraguay". No me lo contaron, lo escuché. Fue por esa audición que supimos dónde lo tenían al viejo y avisamos a sus abogados, los del Movimiento de Rocha.
En 1982, la lucha del pueblo y la movilización, empujaron la puerta un poco más y se dieron las elecciones internas en los partidos políticos. Fue triste ver la campaña que hicieron esos "malos blancos y peores ciudadanos" lanzando días antes de la elección, volantes desde una avioneta, con la leyenda "Al Morocho lo votan los putos y los comunistas". Trataban de disuadir el voto. El viejo tomó uno de esos volantes, y sabiendo quienes lo hicieron (los hijos de un "viejo amigo") sonrió y dijo aquello que hasta hoy llevo grabado en mi alma: "no sé si sea cierto, pero sepa que si nos votan esos ciudadanos, es un honor para nosotros, m'hijo". Pocos días después vimos el resultado de la "volanteada". El viejo volvió a ganar, con la lista más votada, relegando a la mínima expresión a los representantes civiles de la dictadura que pretendían adueñarse del Partido.
Cuando el diálogo y la movilización popular permitieron avizorar una salida por elecciones (pese a los partidos y figuras proscriptas) no pudo con su genio. Volvió a encabezar la 504 y nuevamente fue el candidato más votado, alcanzando los 3000 votos. Pero la ingeniería electoral le arrebató el triunfo. Para ese entonces no lo pude acompañar. Yo estaba en Montevideo, afiliado a la juventud comunista.
Mi viejo, el "Morocho", fue y es un ejemplo para cualquier uruguayo, sin importar ideologías ni banderías políticas. De esa generación de hombres que "entraban" a la política por amor, por compromiso con su pueblo, y "salían", siempre, más pobres de cómo habían entrado. Eso hizo y hace a la formación política. Eso debería ser buque insignia de cualquier partido o grupo político que pretenda desarrollar tan noble actividad en nuestro país, entre nosotros.
El viejo, detestaba a quienes se "acercaban" antes de las elecciones, en busca de "un lugar", como acomodándose. Ese mismo desprecio siento hoy por los de esa misma especie, Los "acomodaticios" de ayer, los "corchos" de hoy. Todos con el mismo objetivo, poner su regocijo personal por sobre una función que pretende el bien colectivo.
El "Morocho" murió el 29 de mayo del pasado año 2015. Hace más de un año. En aquél momento, sus correligionarios, los blancos, me informaron que, como era de uso, el Honorable Directorio del Partido le realizaría un homenaje y me enviarían las actas del mismo. Les agradecí a los tres amigos del viejo, el senador Luis Alberto Heber, presidente del Directorio, el diputado Pablo Iturralde, y el amigo Esteban Jardín.
Ayer, martes 11 de octubre, Iturralde me avisó del envío a mi casilla de mail. Confieso que no lo pude leer hasta hoy, miércoles 12, temprano en la mañana, aprovechando que estaba solo. Es muy emocionante, leer el cariño y la admiración que manifiestan sus compañeros y amigos. Por eso decidí escribir esta columna. Creo firmemente, desde mi formación marxista leninista, arismendiana, en la democracia y el sistema republicano como mejor manera de llevarla a la práctica. Eso significa que TODOS debemos aportar para que eso vuelva a ser moneda corriente. Más uruguayos como mi viejo, nos asegurarán más democracia, más transparencia en la gestión, más participación y, por qué no, profundizar y ensanchar esa democracia para que dé cabida a todas las ideas, de todos quienes desean mejorar este país.
Quiero compartir, antes de terminar, palabras de dos de los compañeros del "Morocho" que lo pintan en cuerpo y alma.
El mismo día que se enteró de su muerte, Esteban Jardín me mandó estas palabras que después le expresó a mi familia en su sepelio. "No quiero dejar de destacar su compromiso y don de gente que lo acompañó en toda su vida. Dirigente del Partido pero por sobre toda las cosas Dirigente Fomentista, preocupado por las cosas de la zona y de su gente, su casa siempre lucía el distintivo partidario hasta en el nombre, dónde empujó como un león por la Policlínica de la Costa de Oro, el alumbrado, los servicios públicos, y se mantuvo siempre pendiente de la Comunidad".
"Lo conocí en la década de los noventa cuando ocupamos la Secretaria de la Dirección de Transporte. En particular la Comisión del Área Metropolitana, que presidía Alberto Buela Sierra siendo el Director Nacional Juan José Moratorio. Desde allí el tema de transporte público fue una constante en las solicitudes e iniciativas que Legaspi empujaba incansablemente. Son muchas las obras que dejó, pero sin duda, una es la que más queremos destacar, su trabajo permanente y constante, por el prójimo y por su comunidad. Un fuerte abrazo Washington, el Morocho, Legaspi"
Acta de la sesión del Honorable Directorio del Partido Nacional:
Director Pablo Iturralde: Tenemos el doloroso deber de informar al Cuerpo que, a sus 90 años, falleció Washington (el Morocho) Legaspi.
... Impulsó, desde sus inicios, la formación del Movimiento Nacional de Rocha. Fue candidato a Diputado por Flores en varios períodos, llegando a ser el candidato más votado.
Acérrimo enemigo de la dictadura, su permanente militancia en contra de ésta le significó que, además de ser continuamente vigilado por orden del Jefe de Policía de Flores de la época, su casa fuera allanada dos veces: en el ´78 y luego en el ´80, durante la campaña del plebiscito por el NO. Tal era su militancia que luego de esta última campaña el régimen de facto determinó su destitución como funcionario del BPS.
Pero Legaspi será recordado no sólo por nuestra Colectividad política -que en gran valía lo tiene-, sino también por todos aquellos que lo conocieron y tuvieron la gracia de tenerlo como vecino.
Porque para él, militar era ocuparse -que no preocuparse- por la cotidianeidad de sus más allegados, aquellos que compartían con él el espacio vital... desde su casa en la Costa de Oro -en la que residió durante sus últimos años-, trabajó por su Comunidad, impulsando varias obras para mejorar el transporte, las policlínicas y obras de infraestructura.
Muchos son los vecinos que hoy quisieran mirarlo a los ojos y decirle nuevamente gracias. Y estamos seguros que su respuesta sería un sincero "no hacemos más que cumplir con nuestro deber", con la serenidad, sencillez y convicción propia de los grandes Hombres.
Hoy, en el seno de este Directorio, le rendimos debido homenaje a quien desde ahora pasa a integrar ese grupo de Grandes, que han sido, son y serán, guía a nuestro camino".
Lo dicho, mi viejo, Washington el "Morocho" Legaspi, un ejemplo de que la política es válida como herramienta para la función pública, no para el "ascenso social" ni el regocijo personal.
José W. Legaspi