Jürgen Habermas. Alvaro Díaz Spinelli
15.03.2026
A los 96 años, murió hoy Jürgen Habermas, filósofo alemán, arquitecto intelectual de una de las ideas más poderosas y necesarias de nuestro tiempo: que la salud de una democracia se mide por la calidad de la conversación que sus ciudadanos son capaces de sostener.
Para Habermas, una democracia no es sana simplemente porque en ella se vota, sino porque las decisiones colectivas emergen de un proceso de deliberación pública donde los participantes, en condiciones de libertad e igualdad, se dejan guiar por la "fuerza sin coacciones del mejor argumento".
Su "Teoría de la acción comunicativa", que nunca pude leer y comprender en su totalidad, -es un texto tan cautivante como complejo- sentó las bases de este ideal, al distinguir entre una acción orientada al éxito (estratégica) y una acción orientada al entendimiento (comunicativa) . La democracia florece, sostenía, cuando privilegiamos esta segunda. Más tarde, en nuevos textos tradujo estas ideas en un modelo de democracia deliberativa, donde el derecho legítima nace precisamente de esa circulación de la comunicación desde la esfera pública informal hasta las instituciones del Estado.
Su defensa de la comunicación como pilar de la convivencia puede resumirse en una frase emblemática: "En el proceso de comunicación no se trata de la imposición de intereses particulares, sino del logro de un entendimiento sobre la base de convicciones comunes que pueden ser criticadas". En un mundo cada vez más polarizado y fragmentado, el legado de Habermas nos recuerda que la democracia no es un mero procedimiento, sino un frágil y constante ejercicio de escucha, dialogo, en definitiva, de palabra compartida.
Es mi pequeño homenaje y agradecimiento. Sus ideas permearon en mí.
Alvaro Díaz Spinelli
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias