La Conferencia de Seguridad de Munich 2026. Los ingenieros del caos. Jorge Jouroff

05.05.2026

Entre los días 13 y 15 de febrero, pocos días después de la reunión del 11 de febrero donde Trump intentó alinear a los Jefes de Estado Mayor de América Latina, los europeos efectuaron la reunión de seguridad de Munich, el foro más importante para discutir problemas globales en Europa.

Días antes publicaron un importante documento para discusión, con la caricatura de un elefante demoledor, para ejemplificar la actitud de Trump y Estados Unidos hacia Europa y la OTAN. Un título que habla por sí mismo.

 

La conferencia se desarrolló en febrero de este año, antes de la escalada de Estados Unidos e Israel contra Irán. Con anterioridad a la conferencia, los europeos editaron un librillo en el que consideran el estado de situación actual y los principales problemas que afronta el mundo y en particular Europa. Más que sugestiva es la imagen de portada: un elefante haciendo destrozos, con el subtitulo "Bajo destrucción." A pesar de haber sido escrito antes  que Estados Unidos e Israel comenzaran la guerra del Golfo, el documento importa porque marca la visión y  las líneas estratégicas europeas, así como el alejamiento de Estados Unidos de su otrora principal aliada, Europa, y su expresión militar, la OTAN. La 62ª Conferencia de Seguridad de Munich (MSC) se celebró del 13 al 15 de febrero de 2026 en el Hotel Bayerischer Hof de Munich, para "propiciar debates de alto nivel sobre los principales desafíos de la política exterior y de seguridad de nuestro tiempo". 

 

El mundo ha entrado en un período de política de demolición.

El documento es fuerte en sus críticas a la política de Estados Unidos y a lo que llama "destrucción generalizada". En los principios, declara que "la destrucción generalizada, en lugar de reformas cuidadosas y correcciones políticas, está a la orden del día. El más destacado entre quienes prometen liberar a su país de las limitaciones del orden existente y reconstruir una nación más fuerte y próspera es el actual gobierno estadounidense."  Los europeos, que aún se consideran jugadores globales, comprenden que un nuevo orden mundial se avecina e intentan mantener su alianza privilegiada con Estados Unidos, conscientes que necesitan el paraguas norteamericano, sobre todo en defensa. Son conscientes, también, que tienen poco tiempo y que probablemente lleguen tarde: han aumentado el presupuesto de defensa y se estudia, como en Alemania, la reestructura de las fuerzas armadas y de la inteligencia, así como la incorporación del servicio militar. Este último punto resulta particularmente irritante para los ciudadanos, cuando todavía está fresco el recuerdo de la última guerra. Comprenden, también, que es el fin del modelo socialdemócrata al que están tan habituados. Lo expresan así: "el orden internacional está ahora bajo destrucción.  En muchas sociedades occidentales, las fuerzas políticas que priorizan la destrucción sobre la reforma están cobrando impulso. Impulsadas por el resentimiento y el arrepentimiento por la trayectoria liberal que han emprendido sus sociedades, buscan derribar estructuras que, según creen, impedirán el surgimiento de naciones más fuertes y prósperas. Sus agendas disruptivas se basan en un desencanto generalizado con el desempeño de las instituciones democráticas y una pérdida generalizada de confianza en las reformas significativas y las correcciones del rumbo político."

 

Un futuro incierto

Según las encuestas, solo una pequeña proporción de los encuestados afirma que las políticas de su gobierno actual mejorarán la situación de las generaciones futuras. "Y tanto a nivel nacional como internacional, las estructuras políticas se perciben ahora como excesivamente burocratizadas y judicializadas, imposibles de reformar y adaptar para satisfacer mejor las necesidades de la población." El resultado es el predominio de lo que Giuliano da Empoli denominó "los ingenieros del caos",  representantes de la clase dominante a nivel global que responden a los interés de las grandes compañías y multinacionales que piensan que ya no es tan necesario el estado para la gobernanza global, y piensan en un nuevo tipo de sociedad basada sobre todo el lucro capitalista, la predominancia de los intereses de las multinacionales y los multimillonarios y, sobre todo, la subordinación de las políticas y la democracia a esos intereses. Paradojicamente, para eso necesitan tomar el estado. Una sociedad gobernada por las redes, la inteligencia artificial y los algoritmos. En este marco se crea "un nuevo clima en el que quienes emplean excavadoras, bolas de demolición y motosierras suelen ser admirados con cautela, si no abiertamente celebrados." Y como colofón, escriben que "el más poderoso de quienes desmantelan las normas e instituciones existentes es el presidente estadounidense Donald Trump. Para sus partidarios, la política arrolladora de Washington promete romper la inercia institucional e impulsar la resolución de problemas que se encuentran en una situación de estancamiento." Una de las consecuencias de esta política son "los avances en los objetivos de gasto en defensa de la OTAN y en el alto el fuego entre Israel y Hamás."  Sin embargo, no está claro si la destrucción realmente está allanando el camino para políticas que aumentarán la seguridad, la prosperidad y la libertad de la población.  "En cambio, podríamos ver un mundo moldeado por acuerdos transaccionales en lugar de una cooperación basada en principios, intereses privados en lugar de públicos, y regiones moldeadas por hegemones regionales en lugar de normas universales." 

Premonitoriamente, denuncian que "la renuncia de la administración estadounidense a elementos fundamentales del orden internacional vigente está impactando a diferentes regiones del mundo y alterando diversos ámbitos políticos", remodelando el orden global en los hechos, prescindiendo de sus alianzas europeas de siempre y, hasta ahora, contando sólo con Israel. El laberinto sin salida en el que entró Estados Unidos con sus ataques a Irán parece confirmar esta tesis. Peor aún, no se sabe a ciencia cierta si la presión de Israel fue decisiva para la guerra y arrastró a Estados Unidos o si fue realmente iniciativa de la administración Trump. Sería aún más grave que una potencia regional, como Israel, tuviera la influencia necesaria para moldear la política de una potencia global como Estados Unidos y arrastrar el mundo a una guerra de proporciones incalculables.

Antes de que comenzara dicha guerra, los europeos anotaban que  "los efectos (de dicha política) son particularmente evidentes en Europa y el Indopacífico, donde los gobiernos han dependido durante mucho tiempo de la "Pax Americana" y se han beneficiado enormemente de ella. Asimismo, pocos ámbitos políticos han sentido con más fuerza los efectos del giro radical de Washington sobre las instituciones y normas existentes que el comercio global, el desarrollo internacional y la asistencia humanitaria."

Reprochan a la administración Trump que  "el enfoque estadounidense hacia la seguridad europea se percibe ahora como volátil, oscilando entre la tranquilidad, la condicionalidad y la coerción. Ante las señales cambiantes de Washington, las naciones europeas se esfuerzan por mantener la participación de Estados Unidos mientras se preparan para una mayor autonomía. En el escenario del Indopacífico, los socios estadounidenses se enfrentan a una situación similar, pero cuentan con menos mecanismos de defensa. Una China cada vez más poderosa "está realizando una enérgica apuesta por el dominio regional, con provocaciones y coerción que amenazan la estabilidad regional. Muchos actores regionales han respondido intensificando sus propios esfuerzos de defensa. Mientras tanto, han aumentado las dudas sobre las garantías de seguridad y el interés estratégico de Estados Unidos en la región. Si bien Estados Unidos afirma estar contrarrestando el dominio chino, los actores regionales consideran que sus recientes acciones contradicen ese objetivo. Algunos incluso temen que para Washington ahora sea más importante llegar a acuerdos con Pekín que respaldar a sus socios."

 

Estados Unidos, potencia en declive

Los europeos marcan el declive industrial de Estados Unidos, y que, con el regreso de Trump a la presidencia, Washington ha ignorado abiertamente las reglas del comercio global que en su día contribuyó a crear. Remarcan que "entre otras cosas, ha impuesto enormes aranceles que no cumplen con las normas de la OMC a casi todos los países y ha recurrido a una fuerte coerción económica para lograr acuerdos bilaterales" que priorizan los intereses de Estados Unidos. El dilema al que se enfrenta Europa es el resultado de haber permitido, desde el fin de la segunda guerra mundial, que Estados Unidos dictara sus normas en materia de defensa y ellos aceptaren, en los hechos, el papel de potencia subordinada. Mientras la conducta de la potencia dominante se vuelve  por lo menos incierta, Europa debe correr una carrera contra el tiempo para su rearme. En un mundo tan complicado, con la hegemonía en juego y la emergencia de las nuevas tecnologías, el problema es si puede llegar a tiempo.

Jorge Jouroff
2026-05-05T12:33:00

Jorge Jouroff