La FE -familia en el extranjero- mueve montañas. Jorge Ángel Pérez (desde Cuba)
24.04.2026
Mi vecina despierta muchos desprecios porque tiene FE, que es lo mismo que tener familia en el extranjero...
Dice una vecina que la FE es muy poderosa, y que también es gentil. Y esa mujer ya entrada en años asegura además que la FE puede ser amable, incluso dadivosa y no pocas veces. Mi vecina da la impresión de ser una experta en cuestiones de FE. Ella parece entenderla bien -al menos mejor que yo, mejor que la mayoría de los cubanos- y hasta consigue explicarse con un discurso que parece bien aprendido en alguna academia europea.
Mi vecina se explica con mucha fluidez, con una precisión que hasta la hace parecer una experta en esas cuestiones de FE. La fluidez de su discurso la hace elegante, y también tranquila, y por eso su discurso se refina y es muy puntual. Su discurso es refinado, es sosegado, y a la vez acuoso, y también puntualísimo, comedido, y sobre todo con muchas menos adjetivaciones que las que yo uso, y que podrían exasperar a cualquier lector, incluso al más tolerante de entre todos los lectores.
Mi vecina sabe mucho de la FE, quizá sea porque ella tiene mucha "familia en el extranjero", y de ahí sale su ferviente seguridad, sus pausas, sus quietudes, sus aplomos. Ella no se exalta. Y es que ella tiene tres hijos en Miami y una hija en Canadá. Ella tiene una manera de caminar que hasta me hace pensar que está flotando, que no reconoce la ley de la gravedad. Ella tiene familia en el extranjero, que es lo mismo que tener mucha FE, que es lo mismo que tener ecuanimidad, tranquilidad, felicidad, vida sana. Ella tiene FE y por eso hasta mueve montañas.
Y hoy mi vecina me dijo, alcanzándome su libreta de abastecimiento, que comprara para mí el azúcar y que cogiera el arroz y los chícharos, y luego hasta me dedicó una sonrisa, me dio un abrazo, me dio un beso. Ella me dijo, cariñosa: "Toma, toma lo mío, yo tengo más en mi casa". Y yo lo tomé, y lo apreté contra el pecho, sonreí con un agradecimiento que ya no es común, porque es poco lo que se puede agradecer en estos días tristes y oscurísimos.
Ya no hay agradecimientos y las desgracias se agolpan unas con otras y también matan. Mata la desnutrición que acarrea la miseria nacional, matan los apagones que pudren las comidas que con tanto sacrificio se consiguieron los de acá, y los de ese allá que hacen la FE, la familia en el extranjero, esa que tranquiliza en mucho nuestras tristezas, los desvelos que acarrea el hambre y hasta hacen más soportables las picadas del mosquito que, aún en la más cerrada oscuridad te reconoce, te ubica y va hasta ti con una seguridad que acongoja y espanta, desespera, y nos chupa esa comida que llevamos dentro y que pagaron allá afuera.
Yo recibí con los brazos abiertos todo lo que me daba esa vecina; el arroz que sabrá Dios de dónde viene, y le respondí con una sonrisa agradecida, y ella también mostró sus dientes blancos, sus dientes pulcros que, como ella misma advierte, son fruto de la pasta Crest, porque como también hace notar sin ningún remilgo, la pasta Crest es la crema dental que ella prefiere, la que más le gusta, la que más se usa en Estados Unidos, la que prefieren esos a los que los comunistas llaman "el enemigo del norte revuelto y brutal". Mi vecina tiene unos dientes que despiertan muchas envidias en el barrio. Mi vecina despierta muchos desprecios porque tiene FE, que es lo mismo que tener familia en el extranjero, que es lo mismo que ser asistido por muchas tranquilidades, por las bondades de esos a quienes los comunistas llaman enemigos, mientras la mayoría de los cubanos insisten en nombrarlos "FE", y también esperanza, y caridad, y mucho más...
Publicado en Cubanet, el 23 de abril de 2026
Jorge Ángel Pérez nació en Cuba (1963), donde vive, es autor del libro de cuentos Lapsus calami (Premio David); la novela El paseante cándido, galardonada con el premio Cirilo Villaverde y el Grinzane Cavour de Italia; la novela Fumando espero, que dividió en polémico veredicto al jurado del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2005, resultando la primera finalista; En una estrofa de agua, distinguido con el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2008; y En La Habana no son tan elegantes, ganadora del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2009 y el Premio Anual de la Crítica Literaria. Ha sido jurado en importantes premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Casa de Las Américas.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias