La Odisea y la antiodisea. Marcelo Marchese

10.08.2026

La Odisea de Christopher Nolan es una operación psicológica disfrazada de film; su objetivo es erosionar un mito crucial en la historia de Occidente. No asistimos a una obra de arte desde que no hay espacio para la sugestión, sino que asistimos a una cosa derivada de una mala política.

La Odisea de Christopher Nolan es una operación psicológica disfrazada de film; su objetivo es erosionar un mito crucial en la historia de Occidente. No asistimos a una obra de arte desde que no hay espacio para la sugestión, sino que asistimos a una cosa derivada de una mala política.

Existen dos concepciones del arte. Una, defendida por Platón, dice que los artistas deben estar al servicio de la política establecida por los filósofos, los rectores de la república. No deben imitar a Homero, ya que el poeta exhibe a los dioses dominados por pasiones humanas, ni hacer música que despierte anhelos sexuales sino más bien música marcial (el ideal de Platón era Esparta y en especial, los musculosos espartanos) ni deben ser amigos de la risa ya que la risa es una convulsión violenta que suele derivar en convulsiones violentas.

La otra concepción es defendida por los artistas que se consideran instrumentos de fuerzas superiores. Estos son los poetas inmortales y sus obras dan lugar a infinitas interpretaciones, ya que la sugestión es crucial para completar la obra de arte. Por medio de la sugestión el artista convierte a quien recibe la obra en artista.

El libreto del film no fue escrito por Nolan sino por un equipo de psicólogos, filósofos, sociólogos y lingüistas, ya que Hollywood no es un lugar que hace cine sino un centro difusor de ideología.

LA SUSTITUCIÓN DE LA REALIDAD

La sal no es sal, el azúcar no es azúcar, el café está glaseado, la leche pasteurizada, la escuela disciplina, los informativos desinforman, los medicamentos cronifican, la inteligencia es artificial y esta sustitución de la realidad conduce a la sustitución del hombre.

Los griegos sabían de memoria La Odisea así como nuestros gauchos sabían de memoria El Martín Fierro. Aquiles como guerrero y Odiseo como político fueron modelos del espíritu griego. El hombre precisa de modelos para formarse y así, el de Napoleón fue Julio César, el de Julio César Alejandro y el de Alejandro Aquiles. Tal es la pervivencia de un mito.

Tenemos así que el astuto Odiseo, el hombre que toma opciones en aras del bien común, es el hombre político que dará origen a la democracia ateniense, pero hay una segunda dimensión de la Odisea. Los cuentos de Grimm, Las mil y una noches, La Divina Comedia, La Eneida y La Ilíada esconden un mensaje secreto: el viaje iniciático por el cual el protagonista debe pasar sucesivas pruebas hasta encontrar su verdadero yo.

Las interpretaciones del viaje de Odiseo, que para los árabes es Simbad el Marino, son innumerables, y una de ellas dice que Troya es la fortaleza del yo que se quiere abandonar. Las murallas son inexpugnables pues no pueden ser derribadas por la fuerza y resisten diez años como forma de expresar el ciclo completo. 

En diversas tradiciones el caballo es el vehículo al otro mundo, y el caballo entra porque Troya decide introducirlo, por lo que aquello que destruye el viejo estado de conciencia no viene de afuera sino que es el propio ego quien lo considera un regalo.

Los guerreros permanecen ocultos dentro del caballo pues la verdad permanece oculta y sólo al llegar la noche, el descenso al inconsciente, emerge lo escondido.

El fuego de Troya es la purificación, ya que el fuego separa lo puro de lo impuro. El ser antiguo debe morir.

Las pruebas de Odiseo son las pruebas que cada hombre debe afrontar. Vence al gigante de un sólo ojo, el monstruo sólo atento a la materia, sobrevive a la hechicera que vuelve al hombre a su pasado bestial, desciende al inframundo para encontrar su sombra, aniquila a los pretendientes de Penélope, diversas facetas de su yo y conquista el reino y con él, al amor. El regreso, las pruebas y el triunfo le llevarán también los diez años de un ciclo completo.

La literatura es terapéutica; guía al hombre en los desafíos de la vida. Las obras que el hombre estableció como clásicas son aquellas que mejor trazan el camino, pero como el artista sabe que la obra debe ser completada por su hermano el espectador, usa de símbolos por medio del arte de la sugestión.

Odiseo, como Edipo, es El Hombre, y El Hombre sale vencedor de su viaje, así como los cuentos de hadas terminan felices, pues si sigue el recto camino el bien triunfará sobre el mal, pues la bondad es bella y la maldad es fea.

En la obra de Homero Odiseo aniquila sin esfuerzo a los pretendientes. En la operación de Nolan termina acribillado de flechas, como si dijéramos, acribillado de pecados y confesando su culpa, por lo que subvierte el triunfal viaje iniciático del héroe y lo convierte en derrota: el hombre político se arrepiente de su accionar político; el hombre que se buscaba a sí mismo será carcomido por la culpa y por el recuerdo de sus engaños y atrocidades.

Esta es la razón por la cual este film malo, malísimo, ha generado un impacto en la gente y en especial entre los jóvenes, pues sienten proyectada su culpa en el héroe fracasado. Si alguien quisiera evaluar el grado de culpa que carga la humanidad como una rémora, el éxito de este film le dará una medida precisa.

Si al Hombre se lo quiere cargar de culpas es porque quienes llevan a cabo esta operación tienen algo que ganar rebajando al hombre. Nombre es destino; en las letras de la palabra Odiseo se encuentra la palabra que es la esencia de la obra de Homero, lo que equivale a decir que es la esencia de nuestras luchas en esta vida.

Marcelo Marchese
2026-08-10T10:59:00

Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias