La Seguridad Hemisférica de Trump. La reunión del 11 de febrero. Jorge Jouroff
19.02.2026
El once de febrero se reunieron en Washington los jefes militares del continente, más algunos invitados europeos con posesiones territoriales en América Latina para escuchar, y se supone debatir, sobre la nueva doctrina de seguridad hemisférica de Trump. En realidad es la misma doctrina de siempre, remozada, con variaciones y un nuevo contexto, clave para comprenderla a cabalidad.
En noviembre de 2025 los Estados Unidos publicaron la Estrategia de Seguridad Nacional, un documento doctrinario que pretende sentar las bases de la seguridad en la era Trump. Como ya comentáramos en su oportunidad, la base es el reclamo de todo el hemisferio occidental como territorio a ser regido o administrado por Estados Unidos. Una de las primeras acciones fué el secuestro de Maduro y su política hacia Venezuela. Digamos también que fué una muestra de disciplinamiento, a la que seguirían otras. Es en este contexto que hay que leer la reunión con los jefes militares del 11 de febrero en Washington. Otro aspecto, complementario del anterior, es la reunión política programada con presidentes o líderes de América Latina para conducir un movimiento de derechas y consolidar su hegemonía en el continente. Algo que también estaba previsto en la Estrategia de Seguridad Nacional, y que Washington lleva por cuerdas separadas, pero complementarias.
La reunión del 11 de febrero
Lo primero a señalar es que la reunión era de jefes militares, no de ministros de defensa o autoridades civiles. Se prefirió el tete á tete con los jefes militares. El encuentro -denominado en inglés Western Hemisphere Chiefs of Defense Conference- tuvo como anfitrión y conductor al General Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto (Chairman of the Joint Chiefs of Staff). La reunión con presidentes es a días después, pero sólo con los presidentes afines y alineados incondicionalmente con Trump y su proyecto. La cumbre estaba inicialmente prevista para enero, pero fue reprogramada para febrero "por razones climáticas". Las deliberaciones se desarrollaron a puertas cerradas y, al final de la jornada, se difundió un texto con los lineamientos generales.
De la reunión participaron, por las Américas, treinta y cuatro países, que son Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Dominica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Surinam, Trinidad y Tobago y Uruguay. Además, fueron invitados representantes de naciones europeas con presencia territorial en la región, como Reino Unido (por territorios en el caribe) , Francia (por territorios como Guadalupe, Martinica, etc) y Dinamarca (por Groenlandia y las Islas Feroe). Según diferentes medios internacionales, se trató de una reunión poco frecuente por la cantidad de países participantes y el nivel jerárquico de los asistentes, sin antecedentes recientes en cuanto a escala y alcance hemisférico.
Definidas las amenazas en el citado documento, el objetivo formal fue "mejorar la coordinación regional ante el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales, evaluando sobre amenazas comunes "desafíos emergentes y prioridades estratégicas". El país anfitrión parte de la base que la cooperación militar es indispensable para tratar estos temas que trascienden las fronteras y que Washington considera afectan su seguridad nacional. En realidad, lo que se busca es dirigir las fuerzas armadas de los diferentes países hacia enemigos que Washington considera comunes, y buscar el uso de esas fuerzas armadas para encuadrarlas en su estrategia general, haciéndolas complementarias de las de Estados Unidos. Al fijarle misiones "comunes", de hecho las subordina a los intereses norteamericanos y pretenden, en caso de conflicto, utilizarlas de forma complementaria a las propias.
Dicho de forma más elegante, el comunicado reza que "Jefes de Defensa y altos representantes militares de 34 países se reunieron en Washington, DC (...) para la Conferencia de Jefes de Defensa del Hemisferio Occidental. Durante la conferencia, los líderes de defensa participantes explorarán la importancia de alianzas sólidas, cooperación continua y esfuerzos conjuntos para contrarrestar a las organizaciones criminales y terroristas transnacionales, así como a los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regionales".
Los objetivos
Los objetivos formales del encuentro se resumen en los siguientes puntos:
l Fortalecer la cooperación regional en seguridad y defensa ante amenazas compartidas.
l Coordinar acciones conjuntas contra redes criminales transnacionales, incluidos el narcotráfico, el narcoterrorismo y otras organizaciones ilícitas que operan en la región.
l Promover una "comprensión compartida" de prioridades de seguridad y mecanismos de cooperación entre fuerzas armadas del continente.
Los objetivos reales son , en primer lugar, la alineación y el disciplinamiento de las Fuerzas Armadas, a las que Washington se dirigió siempre, sin importar el gobierno de turno. El segundo, complementario, construir "los enemigos comunes". El documento de seguridad nacional planteó la necesidad de "evitar la expansión de actores extrahemisféricos considerados hostiles, proteger rutas comerciales, infraestructura crítica y cadenas de suministro, y garantizar el acceso a territorios clave desde la perspectiva militar y económica." Por ello se insiste en la cooperación regional, como componente fundamental de la estrategia; lo cual implica también una exigencia de alineamiento político y militar más explícito por parte de las fuerzas armadas de la región, especialmente en cuestiones vinculadas al narcotráfico, el crimen organizado y la competencia con potencias como China, Rusia o Irán, que por ahora, y a diferencia del gobierno de Biden, las considera "manejables".
En la Estrategia de defensa Nacional, publicado recientemente, el Pentágono señaló que "tras años de abandono, el departamento de Guerra restaurará el dominio militar estadounidense en el hemisferio occidental. Lo utilizaremos para proteger nuestra patria y nuestro acceso a territorios estratégicos en toda la región", y continúa "Impediremos que nuestros adversarios desplieguen fuerzas u otras capacidades que representen una amenaza a nuestro hemisferio", dijo en referencia a China. Añadiendo que "lo más importante es la defensa del territorio nacional y la disuasión de China".
El alineamiento también es a nivel político; Trump tiene programada una reunión con los Presidentes Milei, Noboa, Rodrigo Paz, Tito Asfura, Kast y Bukele, considerada como una reunión de líderes de derecha de América para "oponerse a los intereses comunistas de China." En realidad, China viene demostrando mayor pujanza en el aspecto económico , llegando a competir y sobrepasar a Estados Unidos, y por ello está en condiciones de ofrecer una ruta de desarrollo alternativo que Estados Unidos no puede. Por ello Washington siente que disputan su liderazgo, porque le están ganando en su mismo terreno. Y por la misma razón ha reaccionado virulentamente contra el emblemático proyecto del ferrocarril bioceánico previsto entre el puerto brasileño de Ilhéus y el puerto peruano de Chancay, por considerarlo pieza clave de la estrategia china, de la ruta oceánica de la seda. Con grandes contradicciones internas, Trump busca rediseñar el mundo acorde a los intereses de Estados Unidos, utilizando todos los medios a su alcance. En medio de presiones, demostraciones de fuerza y abiertos preparativos de guerra, un nuevo orden mundial se está gestando.
Jorge Jouroff