La Universidad revela su esencia. Marcelo Marchese
11.09.2026
¿Dos semanas sin clases para que la Universidad reflexione acerca de la caída en picada de la economía nacional, el cierre de las industrias, la extranjerización de la tierra y la expulsión de los pequeños productores del campo?
¿Dos semanas sin clases para que la Universidad reflexione acerca de la gente que duerme en la calle, los asesinatos a diario, los robos sistemáticos y hasta un hombre con Alzheimer violado en un residencial?
¿Dos semanas sin clases para que la Universidad reflexione acerca de una población que vive sin esperanzas, con un índice de suicidios terrorífico, consumiendo a destajo pastillas para dormir, que ya no quiere tener hijos y que ha puesto una red en el balcón para que no huya el gato castrado?
No, las dos semanas sin clases serán para dar paso a algún tipo de control que se impondrá en aras de la seguridad.
Cuando llegó la pandemia a nuestro País la AUF y la Universidad fueron las primeras instituciones que propagandearon la histeria pandémica cerrando sus puertas.
¿Pero no se supone que la Universidad crea a los profesionales que necesita el pueblo? Sí y no, pues también crea a los profesionales que precisa el sistema, no en vano tenemos a las Universidades creadas por la Iglesia en el medioevo.
¿Cómo se forman estos profesionales? Se forman por los métodos creados por la Iglesia cuyo principio rector es la obediencia a la autoridad que premia y castiga.
Lo que la Iglesia aplicaba en los monasterios y en las escuelas catedralicias lo trasladó a las Universidades. En aquel momento o ahora el estudiante debe cursar una cantidad de materias y luego rendir exámenes y el profesor, creado a su vez por la Universidad, debe premiar o castigar con una nota, pero ocurre que el estudiante díscolo, aquel que piensa cosas contrarias a las que piensa el profesor, que piensa cosas contrarias a las que piensa la Universidad, no será premiado sino castigado: la hormiga blanca debe ser aniquilada pues la Universidad debe reproducirse.
El estudiante díscolo tiene dos caminos: abandonar la Universidad o plegarse de momento a sus directrices. Cree el estudiante díscolo que doblando la cerviz por siete años engañará al sistema, pero esa creencia es otro mecanismo del sistema para domar a los díscolos que luego doblarán la cerviz ante las injusticias propias de su profesión.
Al final del proceso, cuando el estudiante ya esté domado, será un especialista de los dogmas establecidos sobre un estricto casillero de la realidad, supongamos, la medicina, pero será un absoluto ignorante sobre todo lo demás, lo que incluye ser un absoluto ignorante sobre los principios últimos de la medicina, cosa que uno puede comprobar apenas pretende hablar de los principios últimos de su profesión con cualquier profesional.
Cuando alguien precisa enseñarle algo a alguien, lo primero que debe hacer es desenseñarle los dogmas incorporados y siete años de Universidad y una cantidad de años ejerciendo una profesión hacen bien difícil que esa persona pueda desaprender, y en el caso de la medicina, siempre verá a la enfermedad como una cuestión meramente orgánica y nunca la verá como una cuestión psíquica que se manifiesta en el cuerpo, ya que no existe frontera entre la psique y el cuerpo.
En las comunidades primitivas, antes de que naciera ninguna Iglesia y ninguna Universidad, el chamán, que tenía un vínculo directo con los dioses, era quien ejercía la medicina. El hombre moderno sigue albergando la creencia de que el mal que sufre emana de otro mal superior y debe acudir a un emisario del bien superior para expulsar el mal.
Los emisarios del bien superior visten de blanco, como buenos sacerdotes, unen los huesos rotos, prescriben tratamientos, asisten a los partos y ahora, decretan las muertes. La gente ya no acude a los templos. La Iglesia, sin saberlo, al crear a la Universidad creó a su sepulturero, un sepulturero que es la viva imagen de su creador.
La Iglesia buscó justificar la fe por la razón. El método de la escolástica (plantear un problema, confrontar ideas, resolver y refutar las objeciones) derivó en el método científico y el dogma religioso derivó en el dogma de la ciencia según el cual no existe aquello que no pueda ser explicado por la razón.
El problema de esta nueva religión no es sólo su visión del mundo, sino que crea un mundo a su imagen y semejanza ya que la ciencia está indisolublemente ligada al Capital, la ciencia es la sangre que fluye por las arterias del sistema que arrasó el oriente y el occidente y que se agazapa para saltar a la galaxia.
Como decía el poeta "¿Dónde fue a parar la sabiduría que perdimos en aras del conocimiento? ¿Dónde fue a parar el conocimiento que perdimos en aras de la información?" Una cabeza llena de fórmulas no deja de ser una cabeza hueca, y a la postre, Borges, Baudelaire, Shakespeare, Cervantes, Mahoma, el Buda, Jesucristo y Zoroastro no emergieron de una Universidad ¿No es así?
Marcelo Marchese
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias