La agenda de demolición acentúa el desencanto. Ernesto Kreimerman
16.02.2026
Desde el pasado viernes y hasta hoy se ha celebrado en Múnich, Alemania, la 62.ª edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), a la que han asistido líderes mundiales, ministros y responsables de defensa y política exterior de unos 120 países. También participaron cerca de 50 jefes de Estado y de gobierno, además de representantes de organizaciones internacionales y expertos en seguridad global. Bajo la presidencia del embajador Wolfgang Ischinger, la MSC ha logrado concentrar, durante tres días y en un único espacio físico, a cientos de tomadores de decisiones y líderes de opinión de distintas regiones del mundo para debatir e intercambiar análisis acerca de los retos de la política de seguridad. No se trata de un foro oficial, pero su importancia es hoy particularmente significativa a la luz del debilitamiento de los organismos multilaterales, provocado por las actitudes de varios países centrales que así lo han propiciado.
En estas circunstancias, la conferencia ofrece un marco informal en el cual incluso los más "irreconciliables enemigos" pueden intercambiar información, quebrar silencios y abrir ventanas de oportunidad; en fin, todo aquello que solo puede suceder en un espacio reservado. El panorama es, sin duda, muy complejo. La inestabilidad de algunas posiciones tensiona aún más los equilibrios. Sin embargo, hay otros actores más estables y consolidados que han sabido conjugar presente y futuro, posicionando de manera sólida y probada sus estrategias.
Lo cierto es que las alianzas de larga data están debilitadas e incluso en condiciones mínimas de sostenibilidad. El orden internacional basado en normas, que tanto esfuerzo costó construir, está erosionado, mientras la inestabilidad aumenta y los conflictos no cesan. La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 llega en un momento especialmente incierto, en el que el mundo enfrenta una precipitada estrategia hostil de los Estados Unidos y una Unión Europea que oscila entre la tentación autoritaria y la falta de coraje cívico para enfrentar un deterioro de las democracias solo comparable -según algunos analistas- al de la vieja Europa de los años del nazismo. El continente vive la presión antidemocrática de nuevas ultraderechas, desconcertadas ante el trumpismo, que han preferido la hostilidad y el atropello institucional antes que el camino del diálogo. Estos meses de 2026 y del próximo 2027 serán claves para la humanidad, y no es una exageración: es la realidad. Deberían desanudarse enredos esenciales para hallar un punto de inflexión que conduzca hacia un clima de convivencia regional y global sin tensiones inesperadas ni sobresaltos bruscos. La estabilidad es básica para construir previsibilidad no solo política, sino también -y fundamentalmente- económica, comercial y de cooperación. En este capítulo cabe no solo la colaboración humanitaria, sino también las asociaciones científicas en el sentido más amplio.
Agenda amplia
Los temas incluidos en la agenda de la MSC 2026 reflejan fielmente las preocupaciones actuales: seguridad y defensa europea; el futuro de la relación transatlántica; la revitalización del multilateralismo; las visiones en competencia del orden global; los conflictos regionales; y las implicancias de seguridad derivadas de los avances tecnológicos. La edición anterior, MSC 2025, que supuso la entrada en escena de Trump 2.0, se inició con un fuerte debate entre el vicepresidente J. D. Vance y, especialmente, funcionarios alemanes. Vance, apartándose del estilo diplomático tradicional, optó por un discurso agresivo, con cierta impronta de novatada. Con gesto severo, reprendió a las democracias europeas por un supuesto abandono de los "valores compartidos"; cuestionó la interpretación europea de la libertad de expresión; reprochó la falta de decisión para enfrentar la "migración descontrolada"; y criticó la negativa de los partidos liberal-demócratas alemanes a cooperar con la extrema derecha.
Quizás la afirmación más alejada de la prudencia fue esta: "La amenaza que más me preocupa frente a Europa no es Rusia, no es China, no es ningún otro actor externo. Lo que me preocupa es la amenaza interna". A estos dichos le siguieron severas respuestas de líderes alemanes. Entre ellos, el ministro de Defensa, Boris Pistorius; el canciller Olaf Scholz; el presidente de la CDU, Friedrich Merz; y el vicecanciller Robert Habeck defendieron el derecho de las democracias europeas a regular la desinformación y los discursos de odio. Al igual que otros dirigentes europeos, rebatieron la afirmación que pretendía sugerir confusión sobre aquello de lo que debían defenderse y sobre las razones para hacerlo. La actitud de Vance, sin embargo, tuvo un efecto búmeran: la respuesta incorporó un inesperado componente unificador al exponer similitudes tanto entre los principales partidos alemanes como entre los europeos en general. Pistorius, visiblemente molesto, fue contundente: "No solo sabemos contra quién defendemos nuestro país, sino también para qué: por la democracia, por la libertad de expresión, por el Estado de derecho y por la dignidad de cada individuo".
Destrucción vs. reforma
El Informe de Seguridad de Múnich 2026 adopta un lenguaje directo. Analiza las consecuencias del ascenso de fuerzas políticas que propician la destrucción en lugar de la reforma. Se trata de una tendencia masiva que contrasta con las aspiraciones de reformas cuidadosas y correcciones institucionales. Sin eufemismos, señala que "el más destacado de los que prometen liberar a su país de las limitaciones del orden existente y reconstruir una nación más fuerte y próspera es la actual administración estadounidense". ¿Cómo sería un mundo con apenas reglas bilaterales y sin un sistema de comercio global? "Si ese sistema de comercio global colapsa y todo se convierte en una serie infinita de acuerdos bilaterales, va a ser muy hostil para las naciones pequeñas", adelantó Vivian Balakrishnan, ministro de Asuntos Exteriores de Singapur (Financial Times, 8/4/25). Las consecuencias de la inestabilidad son de amplio espectro. El informe pone de manifiesto que el aumento de la incertidumbre económica podría ser aún más perjudicial para las perspectivas mundiales que los propios aranceles con los que amenaza Trump. El Índice de Incertidumbre de Política Económica Global ha alcanzado niveles que casi triplican los del pico de la crisis financiera mundial y se mantienen cerca de los máximos registrados durante la pandemia de covid-19. Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), ha sido concluyente: esta incertidumbre es "el arancel más alto de todos". Las agendas de demolición acentúan el desencanto con unas instituciones democráticas desgastadas, que se articulan con dificultad con una economía arrastrada a la incertidumbre y con un sistema internacional cada vez más atomizado, lo que agudiza el poder de las grandes potencias y debilita aún más a los países pequeños.
(*) Publicado originalmente en El Telégrafo, 15/02/2026. Reproducido con autorización expresa del autor.
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