La corrupción es de izquierda, o no es. Carlos Pérez Pereira

10.08.2026

La RAE nos da una definición de "corrupción", en los siguientes términos: "En las organizaciones, especialmente públicas, práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones en provecho de sus gestores".

En términos sociológicos, la corrupción es el abuso del poder otorgado para obtener un beneficio privado o personal de manera ilegal o injusta. Este acto va en contra de la ley, la ética y el bienestar de la sociedad.

Hay una idea generalizada, pero errónea, de que la corrupción es independiente de si es de derecha o de izquierda. En términos políticos, cualquiera puede ser un corrupto, se escucha. En un análisis prima facie y en sentido vulgar, esta afirmación puede ser válida, pero si hurgamos un poco más, tenemos otro ángulo de visión del tema.

Si dejamos de lado la derecha tradicional (de la que ya queda poco) estamos lejos de aceptar que la nueva derecha sea corrupta. Es un calificativo que no se le aplica. Y veremos por qué.

La nueva derecha (fenómeno más claro en otros países, no tanto en Uruguay) es inescrupulosa, tramposa, inmoral, antijurídica, antiética y se despreocupa del bienestar de la sociedad. Sólo le interesa el provecho privado, y cuando utiliza el criterio de bienestar más allá de sí misma, lo hace en función de extraer réditos personales.

Por lo tanto, la derecha no es corrupta o no se corrompe, simplemente opera, se aprovecha de su poder y de su falta de ética. Es hemipléjica: para ella funciona la Ética de la Convicción, pero no la de la Responsabilidad.

No se trata de que sea incorruptible; se trata de que no necesita corromperse; en ella es inaplicable la variante reflexiva del verbo. No es un valor (o disvalor) que integre su acervo de bienes morales o éticos. La corrupción para la derecha no es una opción, es su modus vivendi. Y ni siquiera se puede denominar corrupción.

Pero con la izquierda el cantar es otro. En su esencia habitan esos valores y, al ponerlos en riesgo, la izquierda se vuelve altamente vulnerable y pasible de ser atrapada por la corrupción. Cuando sus valores entran en "el comercio de los hombres", se vuelven negociables. Y donde los cuidados o resguardos se debilitan, quedan más expuestos a la seducción del poder, a la presión de las situaciones económicas personales, familiares, etc.

Quienes no se manejan con valores éticos, no se corrompen, accionan en función de sus intereses, y si quieren beneficiarse, simplemente aceptan el pago del mejor postor. Aquellos que incorporan a su vida valores éticos, son quienes están expuestos a traicionar esos valores y a traicionar a quienes les dan su confianza y su voto. Dependerá del vigor con que han asimilado tales valores, para protegerlos de las tentaciones diarias a que están sometidos.

La derecha manipula muy bien estas situaciones, y su mejor jugada es hacer que la gente crea que derecha e izquierda son iguales, no que sean diferentes. En sus discursos, no pretenden diferenciarse; su relato es: "vieron que ellos son iguales a nosotros". No quieren ni pretenden que los consideren incorruptibles o íntegros, sino que la gente los vea igual a ellos. La mejor frase que los políticos de derecha escuchan de sus rivales de izquierda es: nosotros lo hacemos, pero ustedes lo hacían peor. Es la confesión de parte, de que son lo mismo. De tal modo lucran, porque siembran confusión sobre la moral y la Ética de los opositores.

O sea que la corrupción es un fenómeno político/ético que afecta a la izquierda, pero no a la derecha, puesto que, para ésta, es simplemente la aplicación de una regla de negocios, una simple cuestión de manejo del poder.

Desde un punto de vista jurídico, para bailar el tango se necesitan dos, por lo tanto, el juez juzga al corruptor y al corruto. Pero desde el punto de vista ético, si bien hay una relación bilateral, la consecuencia es unilateral.

En resumen: el riesgo de corrupción siempre es para la izquierda, no para la derecha. Ésta, solo actúa según sus parámetros morales y éticos, en el que la compra de voluntades y sentimientos es solamente una cuestión de negocios y de mercado.

El concepto de "corrupción" nunca se maneja como aplicable a sí mismos, sino a quienes tienen en la mira para la compra de voluntades, corroer la moral de los opositores, sembrar desconfianza y desesperanza en la población y arrimar leña a sus hogueras.

En tales contextos y con tales condicionantes, el factor infiltración es muy atendible y de fácil concreción. Pero eso ya es tema de otro artículo.

 

Carlos Pérez Pereira

Columnistas
2026-08-10T10:12:00

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