La crisis de la política, entre la promesa moral y el abismo de la ineficacia. Esteban Valenti
21.10.2026
Hoy, en el mundo y en nuestros países de América Latina, vivimos un proceso dominante, nuevo, cuyo alcance no podemos evaluar en todas sus dimensiones, pero que representa un retroceso civilizatorio: la crisis de la política.
No se trata solo del avance de la derecha en muchos países, en particular el que estamos viviendo en América Latina. Todos aguardamos con ansias el resultado de las elecciones en Brasil. Se trata de que una de las causas principales del retroceso político en muchos países del mundo se debe precisamente a la crisis de la política, a la gran proporción de ciudadanos que colocaron la política en un lugar muy postergado de sus vidas, que descreen de la política y, más concretamente, de los políticos.
El descrédito hacia la política, los partidos y la clase dirigente está documentado de forma constante por los principales centros de estudios de opinión pública del mundo y de América Latina. Los datos reflejan que no se trata de fluctuaciones coyunturales, sino de un distanciamiento estructural de la ciudadanía frente a sus representantes.
América Latina: La crisis de representación según Latinobarómetro y LAPOP
América Latina registra históricamente los niveles más bajos de confianza institucional en comparación con otras regiones del mundo.
Los partidos políticos en el piso de la confianza: Según los registros continuos de la corporación Latinobarómetro, los partidos políticos son la institución con menor prestigio social: entre un 75% y un 80% de los latinoamericanos declara tener «poca» o «ninguna» confianza en ellos, situándolos habitualmente con niveles de aprobación inferiores al 15%-20% regional.
Congresos y parlamentos deslegitimados: La confianza en los poderes legislativos ronda apenas entre el 18% y el 22%, reflejando la percepción de que los parlamentos defienden intereses corporativos o partidarios y no los de los votantes.
Gobiernos para unos pocos: En el Barómetro de las Américas (LAPOP / Universidad de Vanderbilt), más del 70% de los encuestados en la región afirma que sus países están «gobernados por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio», y no para el bien del pueblo.
Insatisfacción con la democracia: Latinobarómetro muestra que la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia supera el 65% en la región, lo que ha generado una creciente indiferencia hacia el tipo de régimen: más del 50% señala que «no le importaría que llegara un gobierno no democrático si este resuelve los problemas».
El panorama global: Desconfianza en democracias consolidadas
El fenómeno no es exclusivo de los países en desarrollo; las democracias avanzadas de América del Norte, Europa y Asia presentan patrones similares.
En sondeos que abarcan entre 20 y 30 democracias globales, una mediana superior al 55%-60% afirma estar insatisfecha con el funcionamiento de su democracia.
En Estados Unidos, alrededor del 65% al 70% de la población expresa insatisfacción con el sistema político, alcanzando mínimos históricos de confianza en el gobierno federal (inferior al 20%).
Más del 70% de los ciudadanos consultados a nivel global opina que «a los funcionarios electos no les importa lo que piensa la gente común».
Edelman Trust Barometer: En sus mediciones anuales (en 28 países), el gobierno figura sistemáticamente como una institución no confiable, situándose cerca del 50% global de confianza y marcadamente por detrás de empresas u ONG. Más del 60% de los encuestados considera que los líderes políticos mienten o engañan intencionalmente al público.
World Values Survey (WVS): La serie temporal de largo plazo muestra una caída constante en el respeto por la autoridad política formal y una erosión de la identificación partidaria tradicional desde la década de 1990 hasta el presente.
Comparativa de confianza institucional
|
Institución / Actor |
Nivel de confianza promedio (LatAm) |
Nivel de confianza global (Democracias) |
Tendencia |
|---|---|---|---|
|
Partidos Políticos |
~13% - 18% |
~20% - 28% |
Mínimos históricos |
|
Congresos / Parlamentos |
~18% - 22% |
~25% - 35% |
Estancada a la baja |
|
Gobiernos / Presidentes |
~25% - 32% |
~38% - 48% |
Alta volatilidad |
|
Poder Judicial |
~22% - 28% |
~40% - 50% |
Deterioro sostenido |
(Fuentes: consolidado de Latinobarómetro, LAPOP, Pew Research y Edelman).
Las causas del descrédito
Las investigaciones cuantitativas identifican cuatro causas transversales:
Brecha de eficacia: El sistema político es percibido como incapaz de solucionar problemas estructurales de la vida cotidiana: inflación, empleo precario, delincuencia, salud y transporte público. Esto refuerza la idea de que las soluciones a los problemas no son colectivas ni se logran a través de la política, sino que son individuales, lo que representa una profunda derrota ideológica y cultural para la izquierda.
Corrupción percibida e impunidad: La exposición masiva de escándalos de financiamiento electoral y coimas refuerza la idea de que la política es un vehículo de enriquecimiento personal.
Polarización y parálisis: Las disputas partidarias extremas impiden consensos básicos, proyectando la imagen de un parlamento desconectado de las urgencias ciudadanas. En algunos casos, esto se agrava por el bajo nivel político de los integrantes de los parlamentos y, en otros, por una extrema agresividad de parte de los legisladores (en nuestro país, sobre todo desde la oposición).
Voto por descarte o rechazo: Latinobarómetro destaca que el voto en la región es cada vez menos de adhesión ideológica y cada vez más un «voto de castigo» contra el oficialismo de turno, abriendo espacio a liderazgos personalistas, populismos y figuras outsiders que crecen capitalizando la antipolítica. En nuestro país eso no se ha producido gracias a la tradición muy sólida de los partidos políticos.
En los estudios electorales y de opinión pública, el descrédito no afecta de forma inherente a una sola ideología: en la práctica, el castigo recae sobre el oficialismo de turno. Sin embargo, existen factores estructurales y de percepción que hacen que el desgaste de los proyectos de izquierda tienda a sentirse más severo o genere mayor desilusión ciudadana.
La asimetría de las expectativas y la promesa moral
La bandera de la superioridad ética: Históricamente, las fuerzas de izquierda construyeron su identidad discursiva en torno a la probidad, la justicia social y la defensa de las mayorías frente a los privilegios de las élites tradicionales.
El costo amplificado de la corrupción: Cuando estallan casos de desvío de fondos o enriquecimiento ilícito en gestiones progresistas, el electorado no percibe solo un delito administrativo, sino una traición moral. En cambio, para sectores escépticos del electorado, la cercanía de la derecha con el poder económico se asume como previsible o intrínseca a su modelo, lo que amortigua el choque de expectativas.
Eficacia estatal vs. escepticismo del Estado
El dilema de la gestión: El proyecto de izquierda fundamenta su legitimidad en el fortalecimiento del Estado como proveedor de bienestar (salud pública, educación, pensiones, subsidios y transporte digno). Si los servicios públicos colapsan o se deterioran por mala gestión o falta de recursos, el núcleo mismo de su propuesta queda desmentido en la vida cotidiana de las personas.
La paradoja de la derecha: La centroderecha y las corrientes liberales o libertarias suelen construir su discurso sobre la premisa de que «el Estado es ineficiente y corrupto». Cuando el Estado falla, esa ineficiencia refuerza su diagnóstico original, permitiéndoles canalizar el malestar con promesas de recortes, desregulación o mano dura.
Las prioridades ciudadanas: Economía básica y seguridad
Las encuestas en América Latina y Europa muestran que las dos principales angustias populares actuales son la inflación/costo de vida y la inseguridad ciudadana.
Dificultades en materia de orden público: Los sectores progresistas suelen enfocar el delito desde sus causas estructurales (desigualdad, marginalidad, reinserción). Frente a la violencia cotidiana y el crimen organizado, la ciudadanía suele demandar respuestas punitivas inmediatas («mano dura»), un terreno donde los discursos de derecha conectan más rápido con el miedo social.
Presión fiscal y empleo informal: En contextos de economías estancadas y alta informalidad laboral (más del 50% en América Latina), gran parte de la población no percibe los beneficios directos del gasto público, pero sí resiente la carga tributaria o la pérdida de poder adquisitivo, alejándose de los proyectos estatistas.
Desconexión con la clase trabajadora tradicional
Sociólogos y politólogos destacan una fractura entre las prioridades de los votantes de bajos ingresos y las agendas de la izquierda contemporánea:
Disputas culturales vs. supervivencia diaria: Sectores de la izquierda han volcado gran parte de su capital político a debates identitarios y reformas culturales. Cuando estas discusiones eclipsan las demandas materiales urgentes (ingresos, empleo formal, vivienda, seguridad barrial), los sectores populares perciben a la dirigencia progresista como una «élite académica y urbana» alejada de sus problemas reales.
La trampa del «voto de castigo» y la alternancia pendular
Los datos de Latinobarómetro confirman que, más que una conversión ideológica permanente hacia la derecha, la región experimenta una ola sistemática de voto de castigo contra quien gobierna.
Dado que la izquierda gobernó la mayoría de las economías latinoamericanas en ciclos recientes, absorbió el desgaste del estancamiento pospandemia y las crisis inflacionarias. No obstante, los mandatarios conservadores que han asumido el poder sufren desplomes de popularidad similares en plazos muy breves una vez que enfrentan la misma imposibilidad de solucionar los problemas de fondo.
La crisis de la política no se resolverá cambiando periódicamente de verdugo en las urnas; si la democracia y la izquierda no recuperan su capacidad real de transformar la vida cotidiana, el desencanto seguirá abonando el terreno para que la antipolítica termine devorando a la propia república. Y a la cabeza de ese proceso de degradación civilizatorio estarán los lideres de la ultra derecha y un crecimiento del individualismo y el desprecio por las causas populares.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)